jueves, 24 de mayo de 2012

Ravinica: Jet lag.

Despertarse a media noche es algo que a nadie le agrada. Tan tranquilo y acurrucado en tus mantas, sin nada en que pensar y sin nada mas que hacer que estar tumbado. Sueños dispares se agolpan en esos momentos de descanso.
Elisabeth tuvo la mala suerte de escuchar un golpe, nada raro en la capital de un pequeño reino en un mundo en guerra. Sin embargo, el ruido no parecía de fuera. La chica había abierto un poco los ojos, solo veía la pared de piedra del lado derecho de la cama. Tapada hasta casi la cabeza, por su mente paso la idea de curiosear un poco, otear el horizonte para enfrentarse a un misterioso reto, pero tan pronto la idea surgió, la de quedarse en la cama calentita, a gusto y ajena a todo lo que no fuera la cama, aparto a la otro de un golpe.
El ruido era continuo y cadencioso, aunque se empezaba a hacer un poco pesado. No obstante al poco parecía convertirse en melodía y luego en estruendo. El valor de Elisabeth en esos momentos cotizaba al alza. Entonces el estruendo dejo paso a la calma.
-los soldados se deben aburrir bastante haciendo la guardia-dijo la voz de Elisabeth sin que ella abriera la boca- pero no estaría nada mal que te levantaras, no por nada en especial, tomate tu tiempo-
Ese preciso e inexplicable fenómeno desconcertó un tanto a la chica. Por un instante pensó en ello y llego a la conclusión de que los sueños son altamente extraños y llenos de hechos improbables.
-venga, levántate, hay premios asegurados para los que salen de la cama-dijo su propia voz en el éter. Se escondió la chica bajo las mantas-oh, si, las mantas pueden frenar a cualquier monstruo, claro, son mágicas ¿verdad?-
El miedo de la chica empezó a comprar las acciones del valor en acto totalmente especulativo, pues, ahora su precio se estaba devaluando por momentos y quizás en el futuro se recuperara, en un futuro próximo.
-si, si temblar es una reacción muy humana, si-continuo la voz-lástima que tú no lo hagas de frio-
Apartando las mantas con fuerza se asombro de lo que vio. Era tan sumamente sorprendente y poco aterrador que no daba crédito. No había nada en la habitación. Todo a oscuras salvo la luz que entraba por la ventana fruto del brillo de las lunas de Ati´un. Salto de la cama al espacio entre esta y la de Virginia. Sostuvo la vaga esperanza de que su amiga se encontrara en la misma situación que ella misma, sino empezaría a pensar en su salud mental. Un paso de puntillas y otro más. Alargo la mano para tocar el bulto que en la oscuridad bien podría ser su amiga.
Lo toco con miedo y antes de abrir la boca, el bulto, junto con las sabanas y mantas, estallo en un sinfín de brillantes mariposas multicolor, las cuales aletearon por la habitación, ante la sorpresa de Elisabeth, hasta convertirse en piedras cayendo al suelo con fuerza.
Con la rapidez de una centella aparto su mano de la cama. La situación empezaba a ser un poco alarmante, no demasiado, la calma intentaba mantenerse.
Miro hacia la puerta, un golpe sintió desde allí y se fue a apoyar a la pared frente a esta. Las palmas de las manos palpaban la pared en un intento por buscar un elemento que diera algo de calma a la chica. No funcionaba.
El motivo por el que se sentía especialmente insegura era bien simple: algo había detrás de la puerta que provocaba una gran luz multicolor, pero predominantemente naranja y lila, que se filtrara en derredor de la puerta. Un espectáculo bonito de ver pero difícil de asimilar en la noche.
-¿estas segura de que no quieres abrir esa puerta?-volvía a decir la voz de Elisabeth sin que ella abriera la boca- no tienes ni idea de lo que estas por perderte, créeme, te estas cerrando un mundo tan asombroso que jamás lograrás imaginar-
Algo le decía a la chica de pelo castaño y redondeada nariz, bien podía ser su instinto, que no era conveniente hacer mucho caso de su propia voz. Entonces le surgió lo que parecía ser una gloriosa idea, resumida en una sola palabra: Okami.
¿Quién mejor que una vara parlante para solucionar problemas desconcertantes?
Oteó la habitación con un cierto grado de desesperación. Recorrió con la mirada cada pared, cada centímetro de cada madera y cada pulgada de los muebles. No, no estaba en la habitación, algo bastante notable si tenemos en cuenta que una vara por si sola no tiende a dar paseos nocturnos, al menos la ciencia no tiene conocimiento de tal fenómeno.
Elisabeth se encontraba, pues, sola y desamparada ante un fenómenos realmente extraño y bonito. En su mente agolpaba diversas ideas, cada una más osada que la anterior, más valiente que la anterior, pero todas fracasaban en el intento de solucionar el problema de salir de una habitación en un segundo piso sin usar la puerta.
Lo más obvio era la ventana. Estaba en un segundo piso pero podía saltar al tejado de una galería que corría entorno suyo. Abrió la ventana, mala idea desde luego.
Se sorprendió de ver lo que estaba viendo, su cerebro lo estaba incluso mas que ella. Nadie que espere un tejado debajo de una ventana, a un par de metro como mucho, no puede evitar sorprenderse al ver lo que parece una procesión de animales de circo, bailando, tocando instrumentos y haciendo malabares, donde antes estaba un palacio. Eran, frustrantemente, alto y hacían temblar todo el territorio, una sucesión de arboles multicolor que soltaban todo tipo de frutos. La estampa se podría resumir en que era algo muy surrealista. Cosa que le fue confirmada a la chica por un hombre de extraños bigotes y enorme sombrero mientras montaba en un koala alado.
Elisabeth cerró la ventana. Prefería enfrentarse a la puerta que salir a ese absurdo.
-¿no te gusta eso?-volvió la voz de la chica a hacer acto de incorpórea aparición- es un mundo tan bonito y puro que resulta irresistible ¿no crees?-espero una respuesta durante un rato, tan solo buscaba algún tipo de pausa dramática- ni que te hubiera comido la lengua un pinpin… ¡ah, no! Yo tengo tu voz- la chica se amedrento un poco mas- mira, lo tienes muy fácil: abre la puerta y todo esto habrá acabado. Lo demás no es importante, así que…ven-
Esa última palabra pareció hacer efecto en ella, una parte de su cuerpo quería ir hacia la puerta de una manera casi desesperada. Mientras, otra, no quería abandonar la seguridad de la pared. No pudo evitarlo, dio un par de pasos hacia la puerta y una voz, muy masculina, retumbo en el aire. Lo hizo un par de veces, algo que a la luz de la puerta le resultaba molesta a juzgar por sus continuas fluctuaciones, perturbaciones y chiribitas de rabia.
La voz decía algo como:
-por tercera vez Zaragoza, si no esta usted aquí en los próximos segundo le mandare recorrer este palacio cuarenta veces y luego le pondré a limpiarlo ¿me oye?-
Vaya que si le escucho.

En menos del tiempo que el capitán dijo, Elisabeth, se encontraba en el patio debajo de su habitación, perfectamente vestida, peinada y aseada, al lado de sus compañeros.
-me gusta su rapidez-dijo Sraz.
-a mi me sorprende-dijo la chica tras carraspear y comprobar que sus voz le había vuelto.
El capitán les miraba de arriba abajo. Dos chicas y dos chicos. Steven permanecía un tanto firme mirando a su entrenador, Lucas, como era de costumbre, dormitaba por el madrugón y Virginia permanecía atenta. Dione y Henry permanecia detrás de su superior con las manos a la espalda.
-creo que os debo una explicación acerca de lo ocurrido ayer-empezo el capitán- en ausencia de Larissa, Ravinica y Salduvia, están dirigidos por un consejo de ancianos, con ellos me reuní ayer. Por motivos que no vienen al caso…-
-¿tiene que ver con nosotros?-pregunto Virginia no sin cierta inocencia.
Eso cogió desprevenido al capitán. Recupero la compostura y continúo.
-esta bien, la sinceridad es lo mejor en estos casos me temo. Conscientes de vuestro poder, mejor dicho, vuestro potencial poder, os ven como simples armas- Lucas hizo ademan de hablar pero Sraz alzo la mano como símbolo de que aun no había terminado- y sin embargo, ese no es su principal objetivo-
-como si no fuera suficiente-se indigno Elisabeth.
-menudos carcamales ¿tanto miedo tienen del Dominio?-dijo Lucas.
-no es eso exactamente, Ingram. Su propósito es otro, muy distinto-su voz se convirtió en un hilillo y agacho la cabeza-la situación en este mundo no es tan simple como una pugna entre nosotros y Sanzio, no. Desde hace unos años hemos temido los movimientos de los norteños-
-es curioso que siempre tenga que haber algo peligroso en el norte-comento Steven a Elisabeth quien se limito a asentir.
-aun no tememos por nuestra seguridad, pero a juzgar por sus movimientos algún dia nos encontraremos y no será para nada de manera cordial, así a ocurrido con el resto de estados que han caído bajo su confederación. Aunque quizás sean miedos infundados…-
-capitán, han atacado al Dominio y estos han recurrido a una esfera, los temores están mas que fundados-dijo Dione interrumpiendo a su superior.
-¿en serio dices que los tipos que trataron de matarnos tienen una de esas esferas?-dijo Lucas fuera de si, los demás también parecían estupefactos- ustedes están continuamente hablando de lo grandes y poderos que son ¿ahora permanecen de brazos cruzados?-
-no es tan fácil, Ingram-replicó el capitán- no es cuestión lanzar un ataque contra ellos con la esperanza de arrebatarles la esfera o evitar que la usen, para nada. Si Sanzio ha logrado detener a los norteños, si él en persona se vio forzado a intervenir, seguramente se debió a que se vio superado. La situación no es ni de lejos la más propicia-
-¡estarán debilitados! No hay mejor momento-grito Lucas.
-párate a pensar durante un segundo, proyecto de pequeño conquistador-dijo Steven cruzándose de brazos- qué harías, suponiendo claro esta, si la intención de esos norteños fuera precisamente provocar un ataque de la Resistencia sobre el Dominio, ¿Qué harías tu si fueras los norteños?-
-acabar con ambos-
-he ahí el problema. Si atacan ahora, quizás cojan al Dominio desprevenido, la carnicería seria enorme con toda seguridad. Entonces, nosotros y ellos estaríamos indefensos ante ataques del exterior. Nadie desaprovecha esas situaciones-
-por eso debemos de esperar con paciencia y mantenernos alerta-dijo Sraz.
Se produjo un silencio sepulcral, de esos que dejan a uno sordo e incomodo. Cada uno miraba a donde podía sin cruzar su mirada con nadie. Salvo Elisabeth, a quien la política en estos momentos le importaba nada o muy poco.
-toca entrenar ¿no?-dijo Virginia tratando de romper la tensión-ya sabéis, carreras, peleas de mentirijilla y recitar algún hechizo si cabe-
-es cierto-dijo Sraz golpeando el puño derecho sobre la palma abierta de la mano izquierda-dado que el consejo me a condenado a encierro palacial, se me olvido decíroslo, los entrenamientos serán distintos y mas especializados-
-¿especializados?-dijeron todos, salvo Elisabeth que parecía escudriñar su mente para explicar ciertos fenómenos que no llegaba a comprender muy bien.
-sí, he visto que cada uno de vosotros destacáis en algo específico. Por tanto pienso que os vendría mejor desarrollar vuestras habilidades de manera individual. Ingram, en parte esto le alegrara y al final terminara odiándolo, pero dada su destreza y velocidad, Dione esta mejor preparada que yo para su entrenamiento-la chica de pelo corto y plateado soltó un bufido al ver la alegría que irradiaba el rostro del joven- sin embargo, yo mismo me encargare de su entrenamiento, Limberg (Steven)-
-oh, será un gran honor capitán-dijo el chico con seriedad.
-en cuanto a vosotras dos-se refirió ahora a las chicas- me ha costado más decidirme. Por un lado parecéis despuntar más en cuestiones mágicas, algo de lo que solo os podemos ofreceros un conocimiento poco más que básico, más la ayuda de los libros del Oráculo, claro. No obstante, señorita Pilsen, tengo la intuición de que usted debería instruirse tanto en lucha como en magia, manteniendo la importancia de lo primero-
-no…no… ¿usted cree?-dijo la chica, hoy era un día de emociones fuertes para ellos desde luego- pero, usted a dicho que quería algo mas personal cada uno y…perdóname Henry, no creo que él sea el mas apropiado-
-no, no por supuesto-Henry entre tanto se quejaba- conozco a alguien destacado en Ravinica que se podrá encargar de usted. Un viejo amigo de la juventud, no se preocupe, la dejo en buenas manos. Por ultimo-miró a Elisabeth, quien seguía ausente de toda conversación hasta que Steven le pellizco un brazo para que atendiera-señorita Zaragoza, lamentándolo mucho, tendrá que guiarse en su entrenamiento por los conocimientos de Henry y su libro-
-¿eh? Esta… ¿bien?-dijo sin entender muy bien lo que estaba pasando, más allá de que el mundo había recuperado sus colores y gente normal.
-si no tenéis nada que preguntar o alguna objeción, podéis tomaros el día libre. Si, sé que lleváis unos días sin hacer nada, no hace falta que os alegréis tanto. Procurad conocer la ciudad, ahora que podéis-
Sraz, Dione y Henry se fueron por una entrada de las cuatro que tenia el patio. Seguía encarcelado en ese lugar y no podía hacer nada más que pensar.

Los chicos también se fueron, tenían hambre. Elisabeth habría la marcha con sus cavilaciones, Lucas la seguía con las manos en los bolsos, parecía caminar en una nube. Mientras tantos Virginia y Steven iban al mismo paso en dirección al comedor.
-al final tu intuición no te ha fallado-dijo Virginia sin dejar de caminar.
-estaba claro-dijo el chico encogiéndose de hombros- las luchas por el poder es lo que tienen, unos días te enfrentas a un enemigo exterior y otro a un enemigo en casa-
-parece ser que la Resistencia tiene muchos enemigos, el capitan estaba muy preocupado. Seguro que teme por nuestra situación, no había reparado en que nos pudieran ver como armas-
-eso también era de esperar. El poder de las esferas es algo muy codiciado, por lo que se ve. Quien tenga una será tremendamente poderoso, nosotros lo seriamos y eso conduce a dos posibilidades no excluyentes-
-¿Cuáles?-pregunto la chica mientras doblaban un pasillo a la izquierda.
-que nos vean como armas, esa ya esta clara, y que a la vez nos teman por lo que podemos llegar a ser, sobre todo si llegásemos a ser conscientes del poder aterrador de esos objetos. Entonces ¿Qué es lo mejor en estos casos?-
-convencernos para estar de su lado ¿no?-
-o eliminarnos-
-¡eso es terrible!-el grito hizo que Lucas y Elisabeth se giraran.
-¿todo bien?-dijo Lucas, por su lado la chica de pelo castaño entraba sola en el comedor o más bien uno de ellos.
-Steven cree que podrían llegar a eliminarnos si no consiguen su objetivo-
-bueno-se apresuró a explicar el chico-tan solo es una hipótesis, no es que lo vayan a hacer-
-quizás tengamos que andarnos con mucho ojo-dijo un pensativo Lucas- no creo que tengamos que temer nada del capitán, él nos ha protegido-
-por supuesto, dudar de su buena voluntad es algo estúpido. En fin esto es muy complejo…y ella parece serlo también-
Al entrar en la espaciosa habitación llena de mesas y bancos para sentarse en grupo, contemplaron a Elisabeth, quien a su vez contemplaba un tazón de leche como si nada mas interesante hubiera en el mundo.
-¿Eli?-dijo Virginia poniendo una mano sobre el hombro derecho de la chica pero no parecía reaccionar.
-parece que la pequeña Lis esta durmiendo todavía, con la carrarita que se hecho a la tercera llamada del capitán-
-sí, seguro que esta aun soñando, ¿a que si?-rio sin gracia Lucas.
En eso la chica pareció volver de donde estuviera.
-perdonadme, estoy un poco… ¿ida?-
-no hace falta que lo dudes, o lo preguntes-dijo Steven- ¿estas bien?-
El chico agacho su cabeza para ponerla a la altura del rostro de su amiga, quien tenía los ojos abiertos de par en par.
-¿alguna vez…habéis tenido esa clase de sueños que son mas perturbadores que otra cosa?-dijo con voz trémula.
-no-dijeron sus tres amigos a la vez.
-pero podrías tratar de contarlo-dijo Virginia abrazando a su amiga.
Minutos después todo el mundo, incluso el servicio de la cocina que pululaba por allí siempre ojo avizor y orejas en igual estado, si eso es posible.
-es el sueño mas estúpido que me han contado nunca-decía Lucas sin parar de reírse-¿Qué tienes en la cabeza para soñar con bichejos de circo haciendo el tonto, tía?-
-a ti por ejemplo. Te tengo que contemplar todos los días desde hace un par de meses-
-hay le ha dado-dijo Steven.
-tiene razón-convino Virginia-aunque podrías preguntarle si ese sueño significa algo a Sraz a los demás, nunca se sabe-
-si, quizás lo haga…o me vaya a dar una vuelta por la ciudad. Si, iré a conocer el lugar, es lo mejor. Si me disculpáis-
Sin mucho mas se levanto, salió y hasta la noche sus amigos no supieron nada de ella.

Poco de emocionante vio Elisabeth en Ravinica. No había tiendas de ropa ni lugares donde parar a tomar algo. La gente no paraba de ir de un lado a otro, aunque no se les veía con la misma prisa que tendría una persona de la Tierra. La vida parecía transcurrir a un ritmo diferente, siempre  había tiempo para charla amenamente con el vecino, reir y jugar.
Los pocos soldados con los que se encontró ni siquiera llevaban arma y parecían reconocer quien era pues la saludaban si la veían. Alguno le dijo que en caso de perderse no dudara en pedir ayuda.
Ese estúpido sueño no la dejaba de atormentar. Llevaba desde que se despertó totalmente ausente repasando mentalmente todo lo que había sucedido y no le encontraba sentido, pero el sueño se había incrustado con profundidad en su mente. ¿Por qué se escuchaba a si misma hablar sin siquiera abrir la boca? Desde luego no era ella hablando mentalmente. Ese ven y la puerta ¿Qué había tras la puerta? El brillo era hermoso pero no le inspiraba la menor confianza atravesar el umbral y sin embargo, estuvo a punto de hacerlo.
No pudo evitar estremecerse y tropezar con un viandante que parecía tan confuso como ella.
-perdona-dijo la chica tendiendo una mano al desconocido-hoy no es mi día-
-en eso vamos a la par-dijo el chico de piel blanca, no excesivamente lechosa tipo irlandés, era algo mas normalita y su pelo era rubio, totalmente desgreñad. Su ropa estaba hecha polvo y parecía desconcertado-si no es mala pregunta ¿sabes donde estoy?-
-pues…en Ravinica, capital del Reino de Salduvia ¿no eres de aquí?-
-si, si es que estoy un poco desorientado, creo que me ha dado una insolación-dijo el chico tras un largo silencio y haber mirado un reloj de cuerda que pendía de su pantalón.
-¿llegas tarde a algún sitio? Puedo acompañarte, si quieres-se ofreció la chica con amabilidad.
-no te preocupes…-
¡Ah!, persona. Mi nombre es Elisabeth, Elisabeth Zaragoza, encantada-
-lo mismo digo Elisabeth. Mi nombre es Albert Morley-dijo haciendo una amplia reverencia muy teatral-no obstante, he de dejarte, me esperan y ya llego tarde-
Así, el chico, tan pronto como llego se fue entre la gente. Por su parte, la chica pensó que el paseo debía tocar a su fin y volver a palacio. No le hacia mucha gracia tener que dormir pero, quien sabe cuales son los métodos de entrenamiento de Henry.

Dos de las tres lunas de Ati´un caminaban por los cielos expectantes, la otra se encontraba haciendo atareada en cosas que no nos competen. Gustaban de observar lo que el planeta les mostraba cada noche y este no solía decepcionarles. Esa noche tocaba la gran migración de los Ponsoricos a través de las grandes Llanuras del Sur. Sin embargo, semejante carnicería animal perpetrada por los pinpin no nos importa para seguir con la narración, en serio es algo horrendo y morboso a partes desiguales.
El palacio de Salduvia dormía plácidamente, salvo algunos individuos y Elisabeth, ella tenia un súbito acceso de sonambulismo. Llevaba un rato dando vueltas por el palacio sin encontrarse con nadie. Su rumbo pese a su estado parecía fijo pese a lo incomodo de la oscuridad. Cerca de uno de los múltiples pasillos que daba a otro de los múltiples patios de palacio, se topo con alguien. Ese alguien parecía llevar un catalejo o un telescopio muy rudimentario, también parecía lleno de emoción.
-¿Qué haces tú por ahí a estas horas? Mira que es raro verte a ti caminando, y mas cuando puedes dormir-dijo un sorprendido Steven, quizá un tano asqueado de verse continuamente sorprendido por algo o alguien.
-¿eh? ¿Caminar? ¿Yo? ¿Qué?-dijo la chica en un evidente estado de sopor o estupidez pasajera.
-si, tu caminar, palacio ¿te has vuelto india y no has avisado?-
-perdona Steve pero hoy no tengo mi mejor día-la chica se callo un segundo y vio el objeto que portaba el chico- ¿para que quieres eso?-
-¿este telescopio? Pues para ver a las dos lunas del cielo, están enormes y parecen expectantes-
-suena aburrido-dijo Elisabeth seguido de un bostezo- creo que no te acompañare y me ire a la cama, chao-
-grita si necesitas ayuda-cuando la chica se fue él giro sobre sus pasos-¿adonde quería ir a estas horas? La verdad es que ha tenido un día de lo más raro. Ya sé que ella no es el colmo de la normalidad y la simpleza pero esto… no creo que sea nada extraño pero viendo como es este mundo y que no hay ningún guardia dando vueltas por el palacio de un dirigente en tiempos de guerra…aquí hay gato encerrado-
Al fondo de un pasillo pudo ver con claridad una luz muy brillante. Al principio parecía blanca pero al acercarse a la puerta pudo ver su tono anaranjado. Se puso frente a la puerta y lo que vio no le sorprendió.
La habitación estaba destrozada, los muebles, las paredes perdían y ganaban ladrillos de formas caprichosas continuamente, todo era de lo más caótico y estúpido, pero muy hermoso.
-¿Qué tenemos aquí? Aparte de lo obvio, claro esta-
Se dispuso a entrar pero algo se lo impedía. Se dispuso a estirar una mano, como queriendo coger la esfera flotante. Parte de la luz, por un instante, se concentro y fue lanzada contra el chico, quien aparto la mano rápidamente pues le había hecho daño.
-¡eso duele!-dijo-¿Cómo puede haber una de las esferas aquí? ¿Qué narices está pasando?-se mordió un labio y miro de reojo a su derecha-ese Sraz sabe mucho, mucho más de lo que dice-