Días antes en algún lugar del norte de Rímine…
Cuatro lentas horas habían pasado ya, Louis Maurer pretendía dar la impresión de no estar agotado y desbordado. Desde el Cuartel General de la Frontera Norte, a unos diez kilómetros de la frontera con la Confederación de Estados Rumnel, trataba de coordinar la defensa de un frente que se extendía cien kilómetros de este a oeste.
Cuatro horas antes la actividad en la frontera era normal, nada fuera de lo común. Sin embargo, tras caer la noche llegaron los primeros reportes de los fortines avanzados: la Confederación lanzaba un ataque total sobre el Dominio.
La frontera se encontraba en un lugar estratégico y por tanto defendido con un imponente complejo. Los Llanos de Georgraff se extendían kilómetros y kilómetros entre montañas. Era un lugar de paso perfecto entre el Dominio y lo que en la actualidad conformaba la Confederación, territorios anexionados hacia unas décadas en varias guerras. La defensa del lugar era de las más espectaculares del continente. Preparada para detener ataques masivos hacia el interior se disponían en sucesivos niveles ascendentes usando como apoyo una elevación del terreno. En los primeros kilómetros se situaban trincheras, parapetos y nidos de ametralladora para defender el centro del llano. A los lados se disponían varios fortines alejados unos de otros a intervalos regulares con el fin de defender todo el espacio posible. El siguiente nivel, alzado artificialmente más de tres metros por encima de lo normal, volvían a disponerse nidos de ametralladora y piezas de artillería, así como lugares para los tiradores. Torres de vigilancia con potentes focos servían para otear el horizonte. El segundo nivel, al que se accedía por rampas, era en si una fortaleza dispuesta en un gran saliente del terreno y a sus lados pequeños fortines que guardaban la entrada al tercer nivel donde estaba el cuartel general.
Maurer confiaba ciegamente en sus imponentes defensas antes del ataque, ahora se sentía abrumado pese a gritar órdenes y pedir informes de la cambiante situación de manera continua. Primero cayeron los fortines al este y el oeste del centro, pasto de la artillería enemiga y la sorpresa. La misma sorpresa y una rapidez pasmosa por parte de las tropas del enemigo conquisto el centro del primer nivel, y con ello todo ese nivel defensivo estaba o destruido o en manos de un enemigo que se antojaba imparable.
La defensa del nivel dos era indispensable si pretendía sobrevivir a la batalla, de tomar la fortaleza central, apenas nada les impediría arrasar el cuartel y avanzar casi sin obstáculos sobre la propia Rímine. Las órdenes que dictaba eran simples y concisas: retirada total al nivel dos.
Esta se hacía por medio de una red de túneles que conectaban todas las instalaciones para facilitar el despliegue en caso de ataque. Sin embargo, el enemigo parecía desplegarse y avanzar más rápido de lo que Maurer dictaba una orden. Él mismo podía ver desde la sala de control, un lugar muy agitado en las últimas horas, los disparos de ambos bandos. Una verdadera obra de arte efímera de luz sobre la oscuridad de la noche.
Fogonazos rojos, naranjas y amarillos surgían para desaparecer en el instante. Explosiones por doquier y lo más aterrador: los alaridos que provenían del frente.
El general no lograba entender como avanzaban tan rápido. La potencia de fuego de la frontera era suficiente para contener un ataque masivo como el que padecían y sin embargo los focos de la fortaleza principal solo iluminaban el terreno, no había nada, ni un alma avanzando por él. Pero los disparos de la artillería continuaban y no había señales de ninguno de sus hombres más allá del segundo nivel. ¿Cómo lo hacían? La artillería debería ser visible, sus propias armas tenían que estar relativamente cerca del campo de batalla para ser efectivas, pero el enemigo no estaba allí y aun así disparaba. Pensaba para sí mismo el general que todo era un sueño o estaba perdiendo el juicio. Por radio sus subordinados clamaban por las ordenes que les sacaran de ese infierno, algunos preguntaban hacia que estaban disparando.
Los focos de luz que iluminaban la oscuridad fueron, con toda la precisión de un cirujano, eliminados por el enemigo. Por un instante fugaz el atronador rugido de las armas ceso y se impuso un silencio sepulcral, todos mantenían el aliento.
Fue algo extraño, casi rozaba la irrealidad, pero los gritos por radio lo anunciaban: cientos, sino miles de pares de puntos verdes avanzaban, de una manera muy anárquica, contra la fortaleza central. El imponente edificio volvió a refulgir con los disparos hacia ese extraño enemigo. Desde los fortines de apoyo, en los laterales del edificio y un tanto alejados de este, se disparaba también a los extraños nuevos enemigos. No obstante, en estos edificios, el fuego fue cesando poco a poco y luego, estallaron en mil pedazos lanzando cascotes como si fueran metralla.
Maurer no daba crédito a lo que acaba de suceder. Se había escuchado por radio, instantes antes de las explosiones, que hombres vestidos de negro entraban en los fortines. Luego el silencio.
Las noticias se sucedían cuando una densa cortina de proyectiles cayó sobre el edificio principal dañándolo con creces. En ningún momento atacaban el cuartel general, iban parte por parte en su fulminante avance como si desmantelaran las defensas.
Otra alarma vino dada por un par de soldados. Al parecer, el enemigo, había descubierto la red de túneles y no dudo en usarla mandando el grueso de su infantería a través de ellos contra el centro de las defensas. Mientras tanto ya se habían hecho con la fortaleza, la cual voló en pedazos también.
-prepárense para la defensa final-dijo Maurer buscando un rifle-a sus puestos de combate, que los Electores les sean propicios-
Salió de la habitación apurado. A los soldados que veía les ordenaba seguirle y a otros que formaran escuadras para sellar los túneles manualmente, habían destrozado los mecanismos de seguridad.
El general se dirigió, con un puñado de hombres, a una de las entradas de los túneles. Estas no eran más que un cubo con una puerta y una escalera dentro. No tardo en bajar. La luz era tenue, los caminos lo justo para avanzar rápido y la atmosfera era opresiva.
Iban a la carrera, avanzando contra un enemigo que parecía muy superior al que no tardaron en encontrar. Se parapetaron y hubo un corto tiroteo por ambas partes. Los rifles del Dominio palidecían ante las armas del rival, de repetición y más rápidas de recargar, la cadencia de disparo les estaba haciendo retroceder. Maurer optó por la vía explosiva con una granada que derruyó una sección del túnel frente a ellos, aplastando a alguno.
-malditos bastardos-dijo un soldado del Dominio acercándose al cadáver del enemigo.
-será mejor que nos llevemos esas armas-dijo el propio general-si salimos de esta nos vendrá bien una pizca de su tecnología-
Agarro de la cabeza del muerto lo que parecían unan gafas. Eran negras, con dos círculos tapando los ojos y un extraño disco brillante a uno de los lados. Lo examino con cuidado pero al tocarlo se desvaneció en un chispazo de luz, aun así las gafas seguían intactas.
Más de media hora después la táctica del sellado de túneles pareció surtir efecto y todos fueron sellados con éxito, bastantes bajas y momentos de heroísmo. También habían logrado contener al invasor y este freno en su avance, pero no por mucho. En lo que se presentía como el ataque definitivo que los barrería de la frontera y del mapa el arma más mortífera de la Confederación entro en escena.
El fuego alcanzo ya el cuartel mismo, la defensa era a muerte. Los blindados enemigos atravesaban las trincheras sin más, los proyectiles del Dominio tan solo rebotaban y los soldados eran cosidos con ametralladoras. Jamás se había visto una máquina de matar en un campo de batalla. Se describían como cajas metálicas de muchas ruedas, un cañón en lo alto que giraba y que eran de una lentitud pasmosa. Ese era el motivo del desvanecimiento de la infantería enemiga en el campo de batalla, pero ni mucho menos el origen de los ataques de artillería.
Las rampas de acceso eran defendidas a duras penas por los que quedaban vivos, incluso Maurer tenía que luchar al lado de sus hombres, era el único que podía infundir la moral suficiente para aguantar hasta…nada. Hacía tiempo que recibió un informe que avisa del corte de las carreteras y puentes que conectaban la frontera con el resto del país. No había esperanza pero no morirían sin dar su última gota de sangre.
Un blindado logro romper la última línea de defensa dejando un reguero de cadáveres a su paso. Avanzaba entre un par de edificios. Maurer y su reducida tropa le esperaban. Uno de ellos hizo de señuelo y por poco no lo cuenta ante un disparo de la torreta. Entonces, de la misma salió un hombre dispuesto a usar la ametralladora que coronaba al artefacto. Ese era el momento de un héroe de guerra.
Maurer salió de su escondrijo a la carrera, apunto y de un certero disparo mato al que controlaba la torreta. Desde la maquina no localizaban al suicida que les atacaba. El general de un salto subió por el lado contrario al del cañón para colar una simple granada en la cabina.
La explosión no tardo en acabar con los pilotos. Una pequeña victoria en una aplastante derrota, pensó el general. Al volver con los suyos un proyectil le rozo dándole a un edificio cercano. Se giró entre el estruendo de una pared derrumbándose y vio no uno, sino dos blindados ante él. Había llegado su momento y lo acepto cerrando los ojos. Escucho los disparos y las explosiones que les siguieron, incluso las expresiones de sorpresa por parte de sus soldados.
-Buenas noches, general Maurer-dijo un hombre a espaldas del general- veo que llego en el mejor momento-
No daba crédito a lo que veía, por poco se echó a llorar.
-¿Dominus?-murmuró Maurer sin salir de su asombro.
-Retírese, ya ha dado todo lo que podía dar en esta contiendo. Entiendo su situación, no hace falta que se disculpe. Yo mismo estaría en una situación similar a la suya de haber tenido esta construcción a mi cargo. No obstante, recibirá el castigo administrativo correspondiente por su falta de tacto en la situación, aunque será lo más leve posible por supuesto. Ahora retírese con los suyos me hago cargo de la situación-
Aún con dudas obedeció la orden de su superior y se fue con los suyos. Los ocupantes de los blindados confederados, haciendo caso de una de las primeras directrices del Convenio Intercontinental de Reglas de Guerras, respetaron el derecho a mantener una charla intranscendente en el campo de batalla sin resultar asesinados por el enemigo aprovechándose de la absurda situación imperante. Eso les costaría la vida.
Dispararon. El Dominus Sanzio Micael Vinci saco la mano derecha del bolso del mismo lado de su negra gabardina. Estiro el brazo y abrió la mano. Una diminuta esfera flotaba centelleando en tonos violáceos, se desvaneció en un círculo bidimensional negro que se dividió en dos. Ambos se interpusieron entre las balas y la persona a la que eran dirigidas. Las maquinas, tras cerrarse los agujeros, explotaron sin más aprovechándose de ciertas cualidades de la realidad y abusando otro tanto de la relatividad temporal en su despliegue.
Avanzó entre los amasijos de metal fundido, se decía a sí que debería conservar alguna máquina de esas. No tardo en contemplar la infantería enemiga, la cual eliminaba a los moribundos y quienes plantaban algún tipo de resistencia. Pronto repararon en el tipo del sombrero de ala corta y la esfera. Lo siguiente que vieron fueron sus propios corazones fuera del pecho pues sus sombras les traicionaron para acabar con ellos.
Los que pudieron se retiraron a toda prisa, algunos tropezaban y Sanzio disfrutaba con el miedo que empezaba a infundir. Bajo a las ruinas del segundo nivel para ser rodeado por varias decenas de soldados enemigos. Contemplo la antigua fortaleza en ruinas y los llanos llenos de cráteres en llamas. Una maravillosa desolación, pero le gustaba el lugar tal y como estaba antes, era tan bucólico.
Abrieron fuego, cientos de diminutos círculos negros rodearon al Dominus absorbiendo las balas, refulgieron en violeta para luego devolverlas. Para no ser tiradores de elite los discos negros eran muy precisos. Continúo lo que parecía el inicio de su imparable avance personal y la reconquista de su frontera.
Se encamino hacia las ruinas humeantes eliminando todo aquel que le disparaba, ya fuera hombre o máquina. Contemplo y se recreó en la guerra al tiempo que los miles de soldados de infantería lo observaban atónitos. La carga no se dejó esperar, la artillería rugió y el cielo pareció caerse en llamas.
Minutos después la puerta del cuartel avanzado confederado se veía destrozada por un cuerpo inerte. El jefe al mando de las tropas saco su pistola al ver a aquella figura negra avanzar a través de la puerta.
-Baje el arma-dijo Sanzio con calma-ya ha perdido ¿Qué sentido tiene derramar su sangre? Ahora usted y los restos de su ejército son mi nuevo juguete, ¿ve?-
Con la mano señalo el mar de fuego en el que se había convertido el llano y a los pies del cuartel, los soldados confederados permanecían doblegados, postrados ante su nuevo señor, por sus propias sombras.
Una esfera, de ser reclamada, no tarda en darse a conocer al mundo.
miércoles, 29 de febrero de 2012
miércoles, 22 de febrero de 2012
En marcha (IX)
-por favor, tomad asiento-dijo la anciana señalando con la palma abierta unos sillones dispuestos en círculo tras ella-seguro que estáis cansados por el viaje-
El Oráculo era la viva imagen de la abuelita entrañable, literalmente. De pequeño tamaño, encorvada pero apoyándose en su bastón, sufría los achaques propios de una edad desconocida. El pelo era blanco en su totalidad y lo recogía en unas graciosas trenzas que colgaban a los lados de la cabeza. Su cara, risueña, estaba llena de arrugas y sus ojos azules aun parecían estar llenos de vida.
Hábilmente subió a su sillón de un salto cuando todos se sentaron, salvo Sraz que optó por permanecer de pie. Los chicos permanecían en sus asientos más estirados de lo normal, salvo Steven que cruzo las piernas. No sabían muy bien como referirse a una persona de tanta importancia, aunque esta transmitiera lo contrario. Para eso solo había que ver la sala donde estaban, pequeña y sin más decoración que la de los sofás.
-esperaba que tuvierais más preguntas ¿o sois muy callados?-
Pretendía romper el hielo de esa manera, y lo consiguió.
-¿Por qué la magia es un cáncer?-espetó Steven.
-esa es una pregunta contundente, muchacho-respondió la anciana sin eliminar la sonrisa de la cara. Los demás le miraban sorprendidos y el Capitán horrorizado.
-disculpe su osadía, Oráculo, ellos no…-se excusó.
-no importa, joven Edward. Sé que no pertenecen a nuestro mundo, las maneras no importan ahora mismo. Sin duda el joven Francis o Tic, como lo prefieras, te habló de ese tema, muy en boga últimamente. Pero no, la magia es un don para nosotros. Nos permite levantar cosas tan hermosas como esta escuela, ayuda en los cultivos, sana a las personas…-
-pero tiene su contrapunto y lo he visto, no tanto como quisiera pero puede llegar a ser algo muy destructivo. Supongo que nosotros, en calidad de selladores, debemos solucionar ese problema, curar la enfermedad-
-insisto en que la magia no representa nada malo, las personas hacen mal uso de ese don, sin duda es el otro reverso de la moneda. Pero sí, vuestro cometido es importante y veo que estáis más informados de lo esperado-
-esto…Steven puede que sí, yo por ejemplo no-dijo con timidez Virginia-y no han hecho más que repetirlo-
-la función básica de un sellador, como su propio nombre indica, es contener el poder mágico de las esfera, no eliminarlo. Es imposible eliminar el poder mágico de una esfera, es demasiado grande-
-entonces ¿nosotros nos haremos con ese poder?-intervino Lucas.
-puedo ver que todos tenéis un arma-dijo señalando la vara de Elisabeth-se os fueron entregadas al llegar a este mundo con la finalidad de ser el contenedor de las esferas. Hubo un tiempo en el que las esferas estuvieron selladas en otras armas. Esas armas solo podían ser blandidas por aquellos capaces de controlar tanto poder. Sin embargo, hace dos milenios el sello fue roto y las esferas se dispersaron por el mundo-
-eso quiere decir que debería de haber más como nosotros ¿no?-dijo Elisabeth.
-al menos, uno por esfera, querida-
-¿Cuántas esferas existen?-preguntó Steven.
-tenemos constancia de doce, no obstante, lamento decir que no sabemos su paradero-dijo la anciana agachando su cabeza-puede que incluso alguna este en malas manos, ese es el verdadero peligro. Si una persona se hace con una esfera no podrá evitar usar su poder, cuya grandeza resulta una tentación difícil de vencer en los tiempos que corren-
-¿alguien las ha buscado?-preguntó Lucas-no estaría nada mal tener una de esas, solo por defensa y que no caiga en malas manos- terminó con una risa nerviosa ante las miradas de los demás.
-jovencito, innumerables personas las han buscado y solo algunas se encontraron con ellas, pero no suelen durar mucho en las manos de una persona. La envidia es un mal muy poderoso-
-no creo que podamos encontrarlas, seguro que todo el que oyera hablar de ellas las iria a buscar, eso cae de cajón. Además no somos fuertes, para nada, mismamente yo tengo una idea nula del uso de la magia, y eso que debo ser una maga-dijo Elisabeth apresuradamente-es algo que nos viene muy grande-
-por eso no te preocupes, Elisabeth. Para enseñaros a combatir contáis con la habilidad del Capitán-dijo la anciana señalando a un sobresaltado Sraz-y en cuanto a la magia…-se levantó en dirección a una estantería que se materializo junto a una pared, estaba llena de libros-recuerda que esto es una escuela de magia, todo el saber mágico está a vuestra disposición y del que lo quiera, por supuesto. Vosotras dos deberías empezar por este libro en concreto-
Les entrego a las dos chicas un libro no muy grande, de anchura y largura normales, tampoco contenía muchas páginas, unas diez más o menos y tan solo eran las instrucciones de uso. En la portada, en letras grandes y brillantes, el titulo rezaba: “Libro de Vaa´ro para magia, hechicería, alquimia, nigromancia, especulación bursátil, física cuántica y demás cosas que seguro que usted no entenderá en la primera lectura, ni en la segunda y ni siquiera a la quincuagésima, pero que debe saber para la vida básica en un mundo mágico y un pelín desconcertante”. El libro contenía bastantes peculiaridades y leyendas en torno a él. La primera era su título, cuya largura era normal y fácil de leer hasta la octava palabra, pues las letras se encogían para que entrara en la portada, la segunda es el método de lectura. Al abrirlo, el ávido lector se informara de la forma en la que se usa y luego, una atronadora voz relata los pasajes deseados las veces que haga falta. La ultima curiosidad, que es a la par primera y última leyenda en torno al libro, es que su redactor, tras años de recopilación de fórmulas, largas oraciones, operaciones enormes y demás, decidió dejar a otro tipo que lo elaborara con la condición de que no ocupara mucho espacio y fuera ameno en su lectura. De ahí las letras en colores amables y tranquilizadores de la portada. Tras años de devanarse los sesos, secuestro el alma de un trovador, la copio y luego la inserto en cada copia del libro. El que encargo tal obra, ante la desfachatez del redactor, decidió poner el nombre del redactor del libro en el titulo con el fin de arruinar su carrera. Hoy día regenta un palacio lleno de lujos terrenales, espirituales, cerveza y mujeres de pechos prohibitivos.
-¿se supone que con esto aprenderé magia?-dijo Elisabeth levantando una ceja-solo tendrá… ¿Qué, diez páginas?-
Lo abrió y escucho una voz atronadora clamando por unas legiones, lo cerró rápidamente y luego se afano en peinarse.
-no te preocupes, te acostumbraras a su uso-dijo la anciana.
-por cierto y si no es mala pregunta… ¿usted tiene nombre?-dijo Virginia llena de curiosidad.
-por supuesto que tengo uno, Virginia-rio el Oráculo-mi verdadero nombre es Febe Spitzter pero me suelen llamar Oráculo por mis capacidades, algo que de lo que ya os habréis dado cuenta… ¿no tenéis más dudas?-
Miro a los chicos, sonriendo como solo una abuela lo puede hacer, y Lucas se dispuso a hablar.
-¿Qué es una Esfera exactamente?-pregunto Lucas lleno de curiosidad.
-esa si que es una buena pregunta, mi querido Lucas. Para Francis y otros como el son el mal encarnado, el origen de todos los problemas de la antigüedad. Son el origen de toda la magia que existe en este mundo y tan solo conceden su poder a unos pocos. Vosotros sois especiales en ese aspecto. Poco se sabe de cómo o cuando fueron creadas, pero hay leyendas que lo explican. Se cuenta que, milenios antes del surgimiento del Imperio, los poderes mágicos campaban a sus anchas a lo largo y ancho del mundo. Sin control, lo arrasaban todo costando la vida de innumerables personas inocentes. Estos poderes eran inmensos y estaban totalmente desatados. Nadie escapaba a ellos pues cada uno era una fuerza en si de la naturaleza en si. Fuego, aire, tierra, agua, la luz, la oscuridad y otras fuerzas aún más aterradores permanecían hostiles a toda forma de vida. Sin embargo, los humanos de aquel entonces, hartos de tal crueldad se decidieron por encerrar semejante poder en lo que hoy conocemos como Esfera. No obstante nadie sabe cómo se produjo contención de tales poderes-
-y aun así la esferas son bastante poderosas ¿no?-dijo Steven estirándose.
-en efecto-
-menuda chapuza que hicieron vuestros antepasados, entonces-
-no deberías hablar así, Steve-dijo con tono de reprimenda Virginia- tuvieron un buen motivo para encerrar todo ese poder, seguro que no les sobraba el tiempo-
-ya…-replico Steven llevándose una mano al ojo derecho para rascarlo.
-espero que comprendáis vuestro papel y responsabilidad para con nosotros. Sois nuestra única esperanza, si el Dominio o cualquier otro poder lograra todas las esferas serian imparables. Por favor, sellad las esferas-
Los chicos asintieron llenos de convicción. La anciana se levantó indicando que el encuentro había terminado. Dio alguna indicación y el grupo se dispuso a enfrentarse otra vez al nexo dimensional.
-otra vez no…-dijo Lucas mirando la escalera que se alzaba ante ellos- ese lugar es una locura, tantas cosas, tanta gente…todo por todos lados y a la vez en ninguno, es tan…tan…-
Elisabeth le arreo una colleja para evitar que su mente colapsara. Subieron a la escalera pero la anciana se acercó en el último momento.
-Capitán, ¿podría dedicarme unos instantes? También tengo algo que encargarle a usted, si no es mucha molestia claro-
-por supuesto que no-los chicos comenzaron a hablar a voces, realmente era un lugar demencial ese nexo-si os asustáis, cerrad los ojos. No llegareis a otro sitio que no sea la escuela, os lo aseguro. Esperadme fuera para ir a la delegación y no os vayáis a conocer el pueblo ¿está claro?-
Solo obtuvo quejidos varios hasta que la pasarela-escalera partió.
Ya fuera, Lucas no paraba de dar vueltas por el reciente viaje. Steven se había tumbado cerca de los escalones y las chicas permanecían a su lado sentadas.
-dios mío, dios mío ¡no debí haber mirado! ¿Visteis cuando ese pato de goma gigante exploto en millones de universos efímeros?-no podía estarse quieto-vi…he visto cosas ahí dentro. Terribles y maravillosas a un tiempo. Dantescas imágenes de universos en llamas cayendo por la catarata del tiempo. Ilusos convirtiéndose en portadores de la Fe absoluta…el tiempo fundirse con el espacio surgiendo algo nuevo e inesperado…y vi, sobre todo vi…naves en llamas más allá de Orión-
Steven le dedico una mirada y dijo:
-¿te ha dejado tocado el lugar o has visto un resumen de las mejores frases de Blade Runner?-
-he tenido una revelación que entregar al mundo…-
-todo hemos visto lo mismo que tú, sentido lo mismo que tú (creo) ahí dentro y a ninguno nos ha dado complejo de mesías tío-
En eso salió un hombre, desnudo melena al viento, corriendo de la escuela. Anunciaba buenas nuevas y un coche nada contaminante.
-debe pasar al menos una de cada cuatro veces que alguien enloquece-dijo Virginia.
-tranquilos, lo arreglo yo-Elisabeth se levantó del suelo y se dirigió al nuevo mesías-ven que te voy a enseñar algo-
-¿en serio?-
-si, date la vuelta-
-pero si todo lo interesante tuyo solo lo puedo ver…-
-si, claro, por qué no-y le collejeó la nuca casi tirándolo al suelo-cada día estas peor-
Volviendo a su sitio la chica de pelo castaño soltó un bufido. No le disgustaba del todo la idea de ser la salvadora de un mundo, pero le parecía algo enorme y eso que tenía un libro parlante para aprender a defenderse. Le daba miedo la situación y los peligros que estarían por venir. ¿Dónde estarían esas esferas? Seguro que a buen recaudo en altas montañas o profundas cueva, quizás en el fondo de un lago cristalino o bajo el custodio de un feroz dragón. Sin embargo, las aventuras que estaba a punto de vivir le motivaban a seguir adelante. Al fin y al cabo estaba viviendo un libro de fantasía y ella parecía uno de los protagonistas. Miró a sus compañeros, meditabundos, miraban al horizonte ahora que Lucas se había cansado de hacer el tonto. Todos estaban ensimismados y ella misma rompió el ensimismamiento.
-¿creéis que todo irá bien?-
-siempre que estemos juntos, si-contesto Lucas-aunque esas cosas nos darán problemas-
-suscribo por primera vez sus palabra-dijo Steven poniendo una mano sobre el hombro del chico.
-pero pensad en el bien que haremos, podremos frenar esta guerra si queremos-dijo Virginia-ayudarles, eso es lo que deberíamos hacer-
-y encontrar a los otros chicos o chicas que estén en nuestra situación-apostillo Elisabeth.
-cierto, pero aún queda bastante para eso-Steven tras decir eso se dejó caer sobre el suelo y vio al capitán Sraz frente a él.
-¿ha ido todo bien?-pregunto.
-claro-dijeron todos.
-perfecto. Ahora vayamos a la delegación. Creo que todos queremos dar por finalizado el día de hoy-
Echo a andar y le siguieron. No iba muy rápido, sabía lo cansados que estaban los chicos y el mismo lo estaba. Pasaban entre bastante gente cuando Sraz fijo su mirada en un individuo.
-escuchad-dijo-girad en esta calle a la izquierda, seguid dos más todo recto. Girad a la derecha y el ultimo edificio de madera, no pongáis esa cara destaca bastante, es la delegación. No hagáis preguntas e iros ya-
Sin preguntas, sabían que no debían hacerlas pues su tono de voz indicaba cierto nerviosismo, se fueron por la otra calle. Él siguió avanzando hasta acercarse a aquel individuo.
-¡que sorpresa!-dijo el hombre-¿Quién me hubiera dicho que hoy me encontraría con el mismísimo capitán Edward “Sraz” Drake? ¿Cómo te va viejo zorro?-
-espero que mejor que a ti, Everling-dijo fingiendo una sonrisa cordial- me extrañaba ver a algunos de los tuyos por aquí-
-ya sabes, asuntos del Dominio y tonterías varias del Dominus-dijo el coronel Everling, quien no había cambiado un ápice desde hacía unas semanas cuando se encontró con los chicos-por cierto-miro por encima de Sraz-esos chicos ¿son quienes creo que son? Me suenan ¿sabes?-
-solo estaban de visita en el pueblo, lo normal para este lugar, querían ver al Oráculo-
-oh, claro, claro. Sabes perfectamente que aquí no somos enemigos, lo que pasa en Solfed en Solfed se queda ¿no?-
-no creo que al Dominus le interesen estos asuntos-
-en eso tienes razón, viejo zorro-puso una mano sobre un hombro del Capitán- deberías cuidarlos mucho y bien, Sanzio ahora mismo está, ¿Cómo decirlo? Desatado-
-ni que hubiera logrado una Esfera-
Everling se detuvo y le miro de reojo.
-seguro que tus hombres en nuestras filas se habrán enterado de lo que paso hace unos días en la frontera con la Confederación-
-¿Qué…?-
-no te preocupes, no quiero desvelarte el final de esta historia. Tan solo te diré que ellos están muy en disposición de unirse a nuestra particular fiesta-
Con eso y un simple gesto de despedida se esfumo entre los viandantes. Sraz no pudo reprimir sus ansias y se lanzó a la carrera. Al llegar a la delegación unos soldados salieron a su encuentro viéndole llegar.
-señor, se presenta el cabo Smith con noticias desde la capital-
-deje de formalidades cabo-
-nuestros espías confirman que, hace dos días en la frontera norte entre el Dominio y la Confederación, se dio un encuentro bélico entre ambas partes. La lucha parece haberse saldado con una victoria del Dominio y…-la voz del cabo se quebró en ese momento.
-¿¡y!?-apremio el Capitán.
-según los informadores, el Dominio, habría usado al menos una de las esferas en repeler el ataque.
De piedra, la mente de Sraz solo recordó unas palabras dichas por el Oráculo: Si una persona se hace con una esfera no podrá evitar usar su poder.
El Oráculo era la viva imagen de la abuelita entrañable, literalmente. De pequeño tamaño, encorvada pero apoyándose en su bastón, sufría los achaques propios de una edad desconocida. El pelo era blanco en su totalidad y lo recogía en unas graciosas trenzas que colgaban a los lados de la cabeza. Su cara, risueña, estaba llena de arrugas y sus ojos azules aun parecían estar llenos de vida.
Hábilmente subió a su sillón de un salto cuando todos se sentaron, salvo Sraz que optó por permanecer de pie. Los chicos permanecían en sus asientos más estirados de lo normal, salvo Steven que cruzo las piernas. No sabían muy bien como referirse a una persona de tanta importancia, aunque esta transmitiera lo contrario. Para eso solo había que ver la sala donde estaban, pequeña y sin más decoración que la de los sofás.
-esperaba que tuvierais más preguntas ¿o sois muy callados?-
Pretendía romper el hielo de esa manera, y lo consiguió.
-¿Por qué la magia es un cáncer?-espetó Steven.
-esa es una pregunta contundente, muchacho-respondió la anciana sin eliminar la sonrisa de la cara. Los demás le miraban sorprendidos y el Capitán horrorizado.
-disculpe su osadía, Oráculo, ellos no…-se excusó.
-no importa, joven Edward. Sé que no pertenecen a nuestro mundo, las maneras no importan ahora mismo. Sin duda el joven Francis o Tic, como lo prefieras, te habló de ese tema, muy en boga últimamente. Pero no, la magia es un don para nosotros. Nos permite levantar cosas tan hermosas como esta escuela, ayuda en los cultivos, sana a las personas…-
-pero tiene su contrapunto y lo he visto, no tanto como quisiera pero puede llegar a ser algo muy destructivo. Supongo que nosotros, en calidad de selladores, debemos solucionar ese problema, curar la enfermedad-
-insisto en que la magia no representa nada malo, las personas hacen mal uso de ese don, sin duda es el otro reverso de la moneda. Pero sí, vuestro cometido es importante y veo que estáis más informados de lo esperado-
-esto…Steven puede que sí, yo por ejemplo no-dijo con timidez Virginia-y no han hecho más que repetirlo-
-la función básica de un sellador, como su propio nombre indica, es contener el poder mágico de las esfera, no eliminarlo. Es imposible eliminar el poder mágico de una esfera, es demasiado grande-
-entonces ¿nosotros nos haremos con ese poder?-intervino Lucas.
-puedo ver que todos tenéis un arma-dijo señalando la vara de Elisabeth-se os fueron entregadas al llegar a este mundo con la finalidad de ser el contenedor de las esferas. Hubo un tiempo en el que las esferas estuvieron selladas en otras armas. Esas armas solo podían ser blandidas por aquellos capaces de controlar tanto poder. Sin embargo, hace dos milenios el sello fue roto y las esferas se dispersaron por el mundo-
-eso quiere decir que debería de haber más como nosotros ¿no?-dijo Elisabeth.
-al menos, uno por esfera, querida-
-¿Cuántas esferas existen?-preguntó Steven.
-tenemos constancia de doce, no obstante, lamento decir que no sabemos su paradero-dijo la anciana agachando su cabeza-puede que incluso alguna este en malas manos, ese es el verdadero peligro. Si una persona se hace con una esfera no podrá evitar usar su poder, cuya grandeza resulta una tentación difícil de vencer en los tiempos que corren-
-¿alguien las ha buscado?-preguntó Lucas-no estaría nada mal tener una de esas, solo por defensa y que no caiga en malas manos- terminó con una risa nerviosa ante las miradas de los demás.
-jovencito, innumerables personas las han buscado y solo algunas se encontraron con ellas, pero no suelen durar mucho en las manos de una persona. La envidia es un mal muy poderoso-
-no creo que podamos encontrarlas, seguro que todo el que oyera hablar de ellas las iria a buscar, eso cae de cajón. Además no somos fuertes, para nada, mismamente yo tengo una idea nula del uso de la magia, y eso que debo ser una maga-dijo Elisabeth apresuradamente-es algo que nos viene muy grande-
-por eso no te preocupes, Elisabeth. Para enseñaros a combatir contáis con la habilidad del Capitán-dijo la anciana señalando a un sobresaltado Sraz-y en cuanto a la magia…-se levantó en dirección a una estantería que se materializo junto a una pared, estaba llena de libros-recuerda que esto es una escuela de magia, todo el saber mágico está a vuestra disposición y del que lo quiera, por supuesto. Vosotras dos deberías empezar por este libro en concreto-
Les entrego a las dos chicas un libro no muy grande, de anchura y largura normales, tampoco contenía muchas páginas, unas diez más o menos y tan solo eran las instrucciones de uso. En la portada, en letras grandes y brillantes, el titulo rezaba: “Libro de Vaa´ro para magia, hechicería, alquimia, nigromancia, especulación bursátil, física cuántica y demás cosas que seguro que usted no entenderá en la primera lectura, ni en la segunda y ni siquiera a la quincuagésima, pero que debe saber para la vida básica en un mundo mágico y un pelín desconcertante”. El libro contenía bastantes peculiaridades y leyendas en torno a él. La primera era su título, cuya largura era normal y fácil de leer hasta la octava palabra, pues las letras se encogían para que entrara en la portada, la segunda es el método de lectura. Al abrirlo, el ávido lector se informara de la forma en la que se usa y luego, una atronadora voz relata los pasajes deseados las veces que haga falta. La ultima curiosidad, que es a la par primera y última leyenda en torno al libro, es que su redactor, tras años de recopilación de fórmulas, largas oraciones, operaciones enormes y demás, decidió dejar a otro tipo que lo elaborara con la condición de que no ocupara mucho espacio y fuera ameno en su lectura. De ahí las letras en colores amables y tranquilizadores de la portada. Tras años de devanarse los sesos, secuestro el alma de un trovador, la copio y luego la inserto en cada copia del libro. El que encargo tal obra, ante la desfachatez del redactor, decidió poner el nombre del redactor del libro en el titulo con el fin de arruinar su carrera. Hoy día regenta un palacio lleno de lujos terrenales, espirituales, cerveza y mujeres de pechos prohibitivos.
-¿se supone que con esto aprenderé magia?-dijo Elisabeth levantando una ceja-solo tendrá… ¿Qué, diez páginas?-
Lo abrió y escucho una voz atronadora clamando por unas legiones, lo cerró rápidamente y luego se afano en peinarse.
-no te preocupes, te acostumbraras a su uso-dijo la anciana.
-por cierto y si no es mala pregunta… ¿usted tiene nombre?-dijo Virginia llena de curiosidad.
-por supuesto que tengo uno, Virginia-rio el Oráculo-mi verdadero nombre es Febe Spitzter pero me suelen llamar Oráculo por mis capacidades, algo que de lo que ya os habréis dado cuenta… ¿no tenéis más dudas?-
Miro a los chicos, sonriendo como solo una abuela lo puede hacer, y Lucas se dispuso a hablar.
-¿Qué es una Esfera exactamente?-pregunto Lucas lleno de curiosidad.
-esa si que es una buena pregunta, mi querido Lucas. Para Francis y otros como el son el mal encarnado, el origen de todos los problemas de la antigüedad. Son el origen de toda la magia que existe en este mundo y tan solo conceden su poder a unos pocos. Vosotros sois especiales en ese aspecto. Poco se sabe de cómo o cuando fueron creadas, pero hay leyendas que lo explican. Se cuenta que, milenios antes del surgimiento del Imperio, los poderes mágicos campaban a sus anchas a lo largo y ancho del mundo. Sin control, lo arrasaban todo costando la vida de innumerables personas inocentes. Estos poderes eran inmensos y estaban totalmente desatados. Nadie escapaba a ellos pues cada uno era una fuerza en si de la naturaleza en si. Fuego, aire, tierra, agua, la luz, la oscuridad y otras fuerzas aún más aterradores permanecían hostiles a toda forma de vida. Sin embargo, los humanos de aquel entonces, hartos de tal crueldad se decidieron por encerrar semejante poder en lo que hoy conocemos como Esfera. No obstante nadie sabe cómo se produjo contención de tales poderes-
-y aun así la esferas son bastante poderosas ¿no?-dijo Steven estirándose.
-en efecto-
-menuda chapuza que hicieron vuestros antepasados, entonces-
-no deberías hablar así, Steve-dijo con tono de reprimenda Virginia- tuvieron un buen motivo para encerrar todo ese poder, seguro que no les sobraba el tiempo-
-ya…-replico Steven llevándose una mano al ojo derecho para rascarlo.
-espero que comprendáis vuestro papel y responsabilidad para con nosotros. Sois nuestra única esperanza, si el Dominio o cualquier otro poder lograra todas las esferas serian imparables. Por favor, sellad las esferas-
Los chicos asintieron llenos de convicción. La anciana se levantó indicando que el encuentro había terminado. Dio alguna indicación y el grupo se dispuso a enfrentarse otra vez al nexo dimensional.
-otra vez no…-dijo Lucas mirando la escalera que se alzaba ante ellos- ese lugar es una locura, tantas cosas, tanta gente…todo por todos lados y a la vez en ninguno, es tan…tan…-
Elisabeth le arreo una colleja para evitar que su mente colapsara. Subieron a la escalera pero la anciana se acercó en el último momento.
-Capitán, ¿podría dedicarme unos instantes? También tengo algo que encargarle a usted, si no es mucha molestia claro-
-por supuesto que no-los chicos comenzaron a hablar a voces, realmente era un lugar demencial ese nexo-si os asustáis, cerrad los ojos. No llegareis a otro sitio que no sea la escuela, os lo aseguro. Esperadme fuera para ir a la delegación y no os vayáis a conocer el pueblo ¿está claro?-
Solo obtuvo quejidos varios hasta que la pasarela-escalera partió.
Ya fuera, Lucas no paraba de dar vueltas por el reciente viaje. Steven se había tumbado cerca de los escalones y las chicas permanecían a su lado sentadas.
-dios mío, dios mío ¡no debí haber mirado! ¿Visteis cuando ese pato de goma gigante exploto en millones de universos efímeros?-no podía estarse quieto-vi…he visto cosas ahí dentro. Terribles y maravillosas a un tiempo. Dantescas imágenes de universos en llamas cayendo por la catarata del tiempo. Ilusos convirtiéndose en portadores de la Fe absoluta…el tiempo fundirse con el espacio surgiendo algo nuevo e inesperado…y vi, sobre todo vi…naves en llamas más allá de Orión-
Steven le dedico una mirada y dijo:
-¿te ha dejado tocado el lugar o has visto un resumen de las mejores frases de Blade Runner?-
-he tenido una revelación que entregar al mundo…-
-todo hemos visto lo mismo que tú, sentido lo mismo que tú (creo) ahí dentro y a ninguno nos ha dado complejo de mesías tío-
En eso salió un hombre, desnudo melena al viento, corriendo de la escuela. Anunciaba buenas nuevas y un coche nada contaminante.
-debe pasar al menos una de cada cuatro veces que alguien enloquece-dijo Virginia.
-tranquilos, lo arreglo yo-Elisabeth se levantó del suelo y se dirigió al nuevo mesías-ven que te voy a enseñar algo-
-¿en serio?-
-si, date la vuelta-
-pero si todo lo interesante tuyo solo lo puedo ver…-
-si, claro, por qué no-y le collejeó la nuca casi tirándolo al suelo-cada día estas peor-
Volviendo a su sitio la chica de pelo castaño soltó un bufido. No le disgustaba del todo la idea de ser la salvadora de un mundo, pero le parecía algo enorme y eso que tenía un libro parlante para aprender a defenderse. Le daba miedo la situación y los peligros que estarían por venir. ¿Dónde estarían esas esferas? Seguro que a buen recaudo en altas montañas o profundas cueva, quizás en el fondo de un lago cristalino o bajo el custodio de un feroz dragón. Sin embargo, las aventuras que estaba a punto de vivir le motivaban a seguir adelante. Al fin y al cabo estaba viviendo un libro de fantasía y ella parecía uno de los protagonistas. Miró a sus compañeros, meditabundos, miraban al horizonte ahora que Lucas se había cansado de hacer el tonto. Todos estaban ensimismados y ella misma rompió el ensimismamiento.
-¿creéis que todo irá bien?-
-siempre que estemos juntos, si-contesto Lucas-aunque esas cosas nos darán problemas-
-suscribo por primera vez sus palabra-dijo Steven poniendo una mano sobre el hombro del chico.
-pero pensad en el bien que haremos, podremos frenar esta guerra si queremos-dijo Virginia-ayudarles, eso es lo que deberíamos hacer-
-y encontrar a los otros chicos o chicas que estén en nuestra situación-apostillo Elisabeth.
-cierto, pero aún queda bastante para eso-Steven tras decir eso se dejó caer sobre el suelo y vio al capitán Sraz frente a él.
-¿ha ido todo bien?-pregunto.
-claro-dijeron todos.
-perfecto. Ahora vayamos a la delegación. Creo que todos queremos dar por finalizado el día de hoy-
Echo a andar y le siguieron. No iba muy rápido, sabía lo cansados que estaban los chicos y el mismo lo estaba. Pasaban entre bastante gente cuando Sraz fijo su mirada en un individuo.
-escuchad-dijo-girad en esta calle a la izquierda, seguid dos más todo recto. Girad a la derecha y el ultimo edificio de madera, no pongáis esa cara destaca bastante, es la delegación. No hagáis preguntas e iros ya-
Sin preguntas, sabían que no debían hacerlas pues su tono de voz indicaba cierto nerviosismo, se fueron por la otra calle. Él siguió avanzando hasta acercarse a aquel individuo.
-¡que sorpresa!-dijo el hombre-¿Quién me hubiera dicho que hoy me encontraría con el mismísimo capitán Edward “Sraz” Drake? ¿Cómo te va viejo zorro?-
-espero que mejor que a ti, Everling-dijo fingiendo una sonrisa cordial- me extrañaba ver a algunos de los tuyos por aquí-
-ya sabes, asuntos del Dominio y tonterías varias del Dominus-dijo el coronel Everling, quien no había cambiado un ápice desde hacía unas semanas cuando se encontró con los chicos-por cierto-miro por encima de Sraz-esos chicos ¿son quienes creo que son? Me suenan ¿sabes?-
-solo estaban de visita en el pueblo, lo normal para este lugar, querían ver al Oráculo-
-oh, claro, claro. Sabes perfectamente que aquí no somos enemigos, lo que pasa en Solfed en Solfed se queda ¿no?-
-no creo que al Dominus le interesen estos asuntos-
-en eso tienes razón, viejo zorro-puso una mano sobre un hombro del Capitán- deberías cuidarlos mucho y bien, Sanzio ahora mismo está, ¿Cómo decirlo? Desatado-
-ni que hubiera logrado una Esfera-
Everling se detuvo y le miro de reojo.
-seguro que tus hombres en nuestras filas se habrán enterado de lo que paso hace unos días en la frontera con la Confederación-
-¿Qué…?-
-no te preocupes, no quiero desvelarte el final de esta historia. Tan solo te diré que ellos están muy en disposición de unirse a nuestra particular fiesta-
Con eso y un simple gesto de despedida se esfumo entre los viandantes. Sraz no pudo reprimir sus ansias y se lanzó a la carrera. Al llegar a la delegación unos soldados salieron a su encuentro viéndole llegar.
-señor, se presenta el cabo Smith con noticias desde la capital-
-deje de formalidades cabo-
-nuestros espías confirman que, hace dos días en la frontera norte entre el Dominio y la Confederación, se dio un encuentro bélico entre ambas partes. La lucha parece haberse saldado con una victoria del Dominio y…-la voz del cabo se quebró en ese momento.
-¿¡y!?-apremio el Capitán.
-según los informadores, el Dominio, habría usado al menos una de las esferas en repeler el ataque.
De piedra, la mente de Sraz solo recordó unas palabras dichas por el Oráculo: Si una persona se hace con una esfera no podrá evitar usar su poder.
miércoles, 15 de febrero de 2012
En marcha (VIII)
-¿hemos llegado ya?-preguntó Elisabeth subiendo a duras penas el empinado camino de una no muy alta colina.
-aun no-contestó con vehemencia Sraz, estaba un poco harto de las quejas de la chica. No se callaba desde hacía una hora.
-¿ya?-volvió a preguntar unos dolorosos metros más allá.
-no-replicó Sraz-pero falta poco.
-¿ya...?-preguntó la chica ahora al borde del desfallecimiento.
-casi-
-por favor... ¿ya?-otra pregunta igual pero distinta a la interior justo antes de rozar la cima de la colina-
-espera-dio un par de pasos, oteo el horizonte para comprobar que el humo de las chimeneas, que se veía despuntar por encima de la colina, pertenecía a Solfed y dijo-ya hemos llegado-
Un par de pasos más y las piernas de la chica castaña no temblaron cayendo de culo al suelo. No pudo evitar un suspiro de alivio, llevaba su mochila y la de Dione, que pesaba cerca de una tonelada según las estimaciones de la propia Elisabeth. Pero estaba contenta pese al cansancio, al fin habían llegado a Solfed tras tres días de caminata interminable y una pequeña escaramuza contra una banda de innumerables inútiles.
También Henry, Virginia y Lucas estaban tirados en el suelo. Sraz les miraba sonriente.
-¿Qué habéis aprendido?-
-yo ya sabia que no se debe contravenir las ordenes de un superior, señor, pero...-dijo Henry pero fue interrumpido.
-tranquilo, llevas años a mis órdenes y estás bien entrenado pero aun así desobedeciste órdenes directas-
-trate de detenerles-gimoteó- eran más-
-no es una excusa valida, soldado-
Henry agachó la cabeza apesadumbrado y desanimado, no era la primera vez que le castigaban pero si era el más leve que había padecido, lo peor eran las burlas de Dione.
El capitán se dirigió ahora a las dos chicas y al chico que reposaban en el suelo. Había levantado mucho la mano, podría haberles castigado con más contundencia pero no quería con ellos, al fin y al cabo ni eran sus subordinados ni tampoco habían cometido una falta grave. Solo quisieron ayudar y tuvieron la suerte de llegar en un momento que no estorbaban.
-¿estáis cansados?- preguntó.
-si-contestaron los tres en una sola voz.
-es muy loable querer socorrer a un compañero, algo digno de alabanza, pero las ordenes están para cumplirse-
-pero usted mismo dijo que no fue para tanto-contestó Elisabeth.
-y es cierto, pero imagínate una situación peor. Piensa en cuando os encontrasteis con el Dominio ellos no hubieran dudado en mataros-
-esta vez no era el Dominio-dijo Lucas-daban más risa que miedo-
-lo sé, lo sé, señor Ingram. Sin embargo, es preferible una baja que mil-
-hubiéramos podido con ellos-se envalentono Elisabeth con Virginia agarrándola para no agravar más la situación- se la debíamos a Steven, él nos salvó y le hirieron, no le podíamos dejar tirado-
-¿vosotros compartís su opinión?-pregunto el capitán a Virginia y a Lucas.
-si él no se hubiera jugado la vida ahora estaríamos...dios sabe donde o como pero seguro que no estaríamos bien-dijo Virginia.
-Steve tuvo la cabeza fría cuando ni yo mismo pude tenerla, y nos dió tiempo para escapar, como para no devolvérsela-dijo Lucas sacando pecho al tiempo que Elisabeth le miraba mal.
-señor Linberg, responda con sinceridad ¿debería levantarles el castigo?-
Steven se quedó pensativo, miraba a los otros tres y estos a él con ojos de cordero degollado.
-hum...-mantuvo la tensión-reconozco que el capitán tiene razón en cuanto a lo de desobedecer órdenes, ponerse en peligro y esas cosas-los chicos estaban a punto de llorar ante la más que posible continuación del castigo-sin embargo, yo también lo hubiera hecho, así que creo que ya han aprendido-
Al instante se quitaron las mochilas y corrieron hacia su salvador por segunda vez.
-gracias, gracias, gracias-decían al unísono.
Henry también se estaba deshaciendo de su carga, hasta que Dione se planto frente a el de brazos cruzados.
-¿Qué crees que estás haciendo?-dijo glacialmente-no se ha dicho que tu castigo termine. Es más, carga con todo hasta nuestro alojamiento, no creo que te haya quedado claro el tema del cumplimiento de órdenes-
El chico, resignado fue a por cada mochila, se las hecho al hombro y continuó hacia el pequeño poblado.
Solfed, territorio neutral dentro del antiguo Reino de Salduvia, se había convertido con los años en lugar de amparo para los que escapaban de la guerra y, además, había ampliado su territorio varias veces desde su nacimiento. El que un enclave tan pequeño tenga una influencia tan grande suscita críticas y envidias a la par, pero esa influencia mantiene a raya a quienes codician ese territorio. Más allá de la protección que pudieran haber ofrecido Tic y los suyos, la verdadera defensa se sustenta sobre la magia y Solfed tiene una gran escuela de magia con magos de un poder tremendo, quizás magnificado por las leyendas que giran entorno a Gerifas de Gerigonza. El susodicho Gerifas, un día en el que camina por un espeso bosque, bello como pocos, plagado de entrañables ciervos, o algo que se les parecía bastante pero no a una escala 1:1, se paró al toparse con un gran árbol. Este se había interpuesto en el camino del mago, poco le molestaba más que el hecho de que algo tan móvil y ágil como un árbol se interpusiera en su camino. Cosas de la escuela, sin duda. Ante el dilema de si rodear, atravesar, quemar, mover, astillar, empalillar o destruir por medio de grandes y épicas magias el árbol, Gerifas se decidió por la diplomacia. Habló durante estaciones con el gran árbol, uso la mejor de las retóricas; argumentó con astucia enrevesados galimatías para que se aparatara. Sin embargo, el árbol no respondía, un maldito arrogante pensó el mago. Tras días de meditación y consultas espirituales, realizó el mayor hechizo que conocía. El árbol, finalmente, fue destruido y con él, la mayor parte del bosque con cuatro pueblos, que no tenían nada que ver con el árbol pero la onda expansiva de la deflagración no entendía mucho de respeto. Otras muestras de poder, menos espectaculares quizá, cimentaron la influencia y el temor hacia Solfed.
Enclavado al lado del archifamoso lago Stiliquia, nadie diría que un pequeño pueblo como ese tiene tanta importancia. Para llegar a él hay que subir empinadas, pero pequeñas, colinas, pues está encerrado en una especie de valle cuyo origen se cree fruto de un meteorito o una explosión muy muy grande que arraso la ciudad que había en donde esta el lago y cuyo nombre nadie conoce, no por falta de restos ruinosos, aun no se ha inventado la epigrafía.
Al viajero novel le impresionará el fluir de gente entrando y saliendo del pueblo. Muchos viajeros vienen a la escuela de magia para aprender, otros para quejarse de que una bola de fuego ha destrozado su casa y la mayoría vienen a ver al Oráculo. El mayor negocio de Solfed es el de la posada, hay más de cincuenta y casi no hay casas. No es raro que un hombre de sonrisa perenne te asalte impunemente y te suplique pasar la noche en su local.
-hay demasiada gente para ser un pueblo-dijo Virginia mirando de un lado a otro de la calle central-algunos parecen del Dominio-
-y así es, señorita Pilsen, al ser un lugar neutral no hay restricciones en cuanto a quien entra y sale-contesto Sraz.
-pero ¿Cómo han llegado? ¿No deberían atravesar Salduvia?-pregunto Lucas-me parece algo raro, deberían de haber recibido una buena ración de plomo-
-tienen un salvoconducto y además no suelen ser grandes asiduos, serán particulares con escolta.
-la verdad es que es un sitio bonito, con mucho barullo pero tranquilo-dijo Elisabeth contemplando los edificios- ¿tenemos donde dormir?-
-no se preocupe por ello señorita Zaragoza, nosotros tenemos una delegación aquí-
-agua caliente, comida, una cama...-empezó Elisabeth.
-todo estará listo cuando, tras ver al Oráculo, vayamos a la delegación que tenemos en el pueblo-
El edificio de la escuela de magia era, en una palabra, mágico. Algunas partes levitaban, otras explotaban para ser reconstruidas al instante por arcanos poderes y decenas de alumnos caminaban por el lugar. También estaba atestado de extranjeros. Enfilando la entrada principal, una pequeña pero apoteósica cascada cuya agua no mojaba, se llegaba a un hall cuyo techo era una cúpula semitransparente en la que brillaban pequeñas motas de luz como si fueran estrellas. Los alumnos lo atravesaban desde distintos puntos, algo muy literal a tener en cuenta las escaleras que surgían cerca del inicio de la cúpula y se conectaban con otras emergentes del suelo. Esto impresionaba y asustaba a quienes no lo habían visto nunca, pues las escaleras te atravesaban junto con los viandantes que por ellas transitaban.
-no temáis por ello-dijo Sraz esperando en un lado de la amplia y bien iluminada sala- salen de otro plano dimensional, nunca os podrán hacer nada-
-es increíble-dijo Lucas acercando una mano a una de las escaleras que aparecía a su lado- parece una película de gran presupuesto-
-vamos, no es para tanto-dijo Steven, quien permanecía con las manos en los bolsillos- impresiona al entrar pero luego es más monótono y predecible que otras cosa-
Virginia tenía otra opinión con respecto a esa supuesta predictibilidad pues una pasarela la atravesó desde el suelo.
-¡¿Quién puede acostumbrarse a estas cosas?!-grito- ¡es una locura, salen por todas parte y lo peor es que esa gente ve tanto como nosotros!-
Por su lado, Elisabeth, no podía cerrar la boca ante el despliegue de tanta belleza, una belleza que jamás podría ver en su mundo por mucho que avanzará la tecnología.
De entre todos los estudiantes que salían de aquellas misteriosas escaleras-pasarelas un grupo de cinco destaco de entre el resto. No era para menos. Cuatro rodeaban al que quedaba, parecían protegerle. Aquellos transeúntes que los veian se sorprendían, era raro verles por allí y menos en grupos. ¡La Orden Vermilion! Grito un chaval de piel azul y cuernos con una voz muy estridente.
Sus ropas, característicamente blancas salvo alguna que otra franja roja aquí y alla, les delataban. La capucha de la chaqueta blanca, salvo por las líneas rojas que discurrían por la espalda, les daba un aire misterioso y las botas hasta las rodillas, uno militar. Mas imponente aun era el que uno de los cuatro midiera mas de dos metros de altura y sus brzos fueran como los troncos de un arbol.
La figura de en medio se paró en seco haciendo que sus acompañantes le imitaran.
-¿capitan?-dijo con voz femenina-¡es él, el capitan Edward!-
En su corta carrera aparto la capucha y muchas palidecieron de envidia. De tez morena, rasgos redondeados y ojos grandes de un electrizante tono violeta, la sonrisa desmantelo a mas de un artefacto mágico con cabeza de tucan, que pasaba por allí vestido de futbolista. La pesadilla de muchos y el azote de mil pueblos.
-¿Miranda?-pregunto el capitan casi sin tiempo para recibir un fuerte abrazo.
Los chicos, para variar, no entendían nada pero ya se habian acostumbrado, salvo Steven a quien parecia habérsele desencajado la mandibula.
-¡han pasado años!-grito la chica-¿y Dione y Henry? ¿estan bien? ¿siguen como el perro y el gato? Queria veros desde hace mucho tiempo pero apenas me ha sobrado tiempo-
-todo sigue igual pequeña. Pero mírate, estas hecha toda una mujercita. Cuando te deje en sus manos y las del Oraculo no eras mas que una niña inquieta-
-de eso hace ya…como cinco años, ahora tengo veinte y…-miro a las cuatro personas que estaban tras Sraz y avanzo hacia ellos-sois vosotros, los Selladores-parecio olisquear el aire- sin duda lo sois, la magia es distinta en vosotros. La abuela me dijo que vendríais hoy y ha acertado. Es un orgullo poder veros-
Iba a acercarse para presentarse y saludar, sin embargo, unos de sus acompañantes que nada tenia que ver en tamaño con el mas representativo de ellos se hizo notar.
-Miranda-dijo con las manos en los bolsos, por lo que no le apetecio revelar su cara- ya sabes lo pesada que se pondrá la pelirroja esa si no nos plantamos en menos de tres dias en Ravinica. No tengo ganas de escucharla-
Su tono mezclaba pereza y cierto asco al hablar.
-¡es verdad! Entonces…-se quedo pensativa, casi abstraída-¡si! Nos veremos en Ravinica-
Sin mas se fueron ante la confusión reinante. El de las manos en los bolsillos se giro, caminando un trecho de espaldas con las manos tras la nuca, para decir.
-por favor, que alguien le cierre el pico a ese, las de la limpieza no pasan por aquí hasta el lunes y ya tienen bastante con las babas de Squiojirparso, como para limpiar las suyas-
De eso se encargo Elisabeth sin que Steven opusiera resistencia.
-en fin, Dione y Henry se alegraran de verla-dijo el capitan-que tiempos aquellos en los que tenia que cuidar de ella-
-¿Quién era esa monada?-dijo Lucas-era…sorprendente, una entre un millón, un buen…-
-es la hija de un buen amigo-repondio parcamente.
-pues esta…-
-todos hemos visto, veo que unos mas que otros, que la chavala es mona, demasiado mona, asi que deja de celebrarlo-interrumpio Elisabeth a Lucas dejándolo con la palabra en la boca-
-¿esta vez que he hecho?-
Sraz se paró tras unos pasos, sin motivo para sus cuatro acompañantes, y una escalera se alzó frente a él. Transparente al principio, se materializo al instante. Puso un pie sobre un escalón e invito a los chicos a imitarle. Una vez en la mágica estructura, los escalones se plegaron estirándose la estructura, como si fuera la pasarela, y se la trago el suelo.
Se hizo una momentánea oscuridad hasta que en todas partes pasarelas similares fueron apareciendo, sin cruzarse en ningún momento. Algunas surgían a toda velocidad en horizontal y otras en vertical. Se acercaron a toda velocidad hacia una gran luz que explotó antes de llegar a ella sembrando la oscuridad de puntos luminosos, extrañas formaciones gaseosas de múltiples formas y colores y, esta vez, millones y millones de pasarelas a toda velocidad.
-esto-dijo Sraz estirando los brazos-es un cruce dimensional ¿no es hermoso?-
Mientras que el permanecía en la parte delantera central de ese poco usual vehículo en calma total, los chicos, no dejaban de agarrarse y gritar. Y eso que no había sensación alguna de aceleración. Sin embargo, todo lo visto hasta ahora fueron naderías en comparación con la visión del colapso de todo lo que les rodeaba en un punto de luz que les tragó.
-llegáis en el momento preciso, queridos-dijo la entrañable anciana que vieron tras abrir los ojos.
-aun no-contestó con vehemencia Sraz, estaba un poco harto de las quejas de la chica. No se callaba desde hacía una hora.
-¿ya?-volvió a preguntar unos dolorosos metros más allá.
-no-replicó Sraz-pero falta poco.
-¿ya...?-preguntó la chica ahora al borde del desfallecimiento.
-casi-
-por favor... ¿ya?-otra pregunta igual pero distinta a la interior justo antes de rozar la cima de la colina-
-espera-dio un par de pasos, oteo el horizonte para comprobar que el humo de las chimeneas, que se veía despuntar por encima de la colina, pertenecía a Solfed y dijo-ya hemos llegado-
Un par de pasos más y las piernas de la chica castaña no temblaron cayendo de culo al suelo. No pudo evitar un suspiro de alivio, llevaba su mochila y la de Dione, que pesaba cerca de una tonelada según las estimaciones de la propia Elisabeth. Pero estaba contenta pese al cansancio, al fin habían llegado a Solfed tras tres días de caminata interminable y una pequeña escaramuza contra una banda de innumerables inútiles.
También Henry, Virginia y Lucas estaban tirados en el suelo. Sraz les miraba sonriente.
-¿Qué habéis aprendido?-
-yo ya sabia que no se debe contravenir las ordenes de un superior, señor, pero...-dijo Henry pero fue interrumpido.
-tranquilo, llevas años a mis órdenes y estás bien entrenado pero aun así desobedeciste órdenes directas-
-trate de detenerles-gimoteó- eran más-
-no es una excusa valida, soldado-
Henry agachó la cabeza apesadumbrado y desanimado, no era la primera vez que le castigaban pero si era el más leve que había padecido, lo peor eran las burlas de Dione.
El capitán se dirigió ahora a las dos chicas y al chico que reposaban en el suelo. Había levantado mucho la mano, podría haberles castigado con más contundencia pero no quería con ellos, al fin y al cabo ni eran sus subordinados ni tampoco habían cometido una falta grave. Solo quisieron ayudar y tuvieron la suerte de llegar en un momento que no estorbaban.
-¿estáis cansados?- preguntó.
-si-contestaron los tres en una sola voz.
-es muy loable querer socorrer a un compañero, algo digno de alabanza, pero las ordenes están para cumplirse-
-pero usted mismo dijo que no fue para tanto-contestó Elisabeth.
-y es cierto, pero imagínate una situación peor. Piensa en cuando os encontrasteis con el Dominio ellos no hubieran dudado en mataros-
-esta vez no era el Dominio-dijo Lucas-daban más risa que miedo-
-lo sé, lo sé, señor Ingram. Sin embargo, es preferible una baja que mil-
-hubiéramos podido con ellos-se envalentono Elisabeth con Virginia agarrándola para no agravar más la situación- se la debíamos a Steven, él nos salvó y le hirieron, no le podíamos dejar tirado-
-¿vosotros compartís su opinión?-pregunto el capitán a Virginia y a Lucas.
-si él no se hubiera jugado la vida ahora estaríamos...dios sabe donde o como pero seguro que no estaríamos bien-dijo Virginia.
-Steve tuvo la cabeza fría cuando ni yo mismo pude tenerla, y nos dió tiempo para escapar, como para no devolvérsela-dijo Lucas sacando pecho al tiempo que Elisabeth le miraba mal.
-señor Linberg, responda con sinceridad ¿debería levantarles el castigo?-
Steven se quedó pensativo, miraba a los otros tres y estos a él con ojos de cordero degollado.
-hum...-mantuvo la tensión-reconozco que el capitán tiene razón en cuanto a lo de desobedecer órdenes, ponerse en peligro y esas cosas-los chicos estaban a punto de llorar ante la más que posible continuación del castigo-sin embargo, yo también lo hubiera hecho, así que creo que ya han aprendido-
Al instante se quitaron las mochilas y corrieron hacia su salvador por segunda vez.
-gracias, gracias, gracias-decían al unísono.
Henry también se estaba deshaciendo de su carga, hasta que Dione se planto frente a el de brazos cruzados.
-¿Qué crees que estás haciendo?-dijo glacialmente-no se ha dicho que tu castigo termine. Es más, carga con todo hasta nuestro alojamiento, no creo que te haya quedado claro el tema del cumplimiento de órdenes-
El chico, resignado fue a por cada mochila, se las hecho al hombro y continuó hacia el pequeño poblado.
Solfed, territorio neutral dentro del antiguo Reino de Salduvia, se había convertido con los años en lugar de amparo para los que escapaban de la guerra y, además, había ampliado su territorio varias veces desde su nacimiento. El que un enclave tan pequeño tenga una influencia tan grande suscita críticas y envidias a la par, pero esa influencia mantiene a raya a quienes codician ese territorio. Más allá de la protección que pudieran haber ofrecido Tic y los suyos, la verdadera defensa se sustenta sobre la magia y Solfed tiene una gran escuela de magia con magos de un poder tremendo, quizás magnificado por las leyendas que giran entorno a Gerifas de Gerigonza. El susodicho Gerifas, un día en el que camina por un espeso bosque, bello como pocos, plagado de entrañables ciervos, o algo que se les parecía bastante pero no a una escala 1:1, se paró al toparse con un gran árbol. Este se había interpuesto en el camino del mago, poco le molestaba más que el hecho de que algo tan móvil y ágil como un árbol se interpusiera en su camino. Cosas de la escuela, sin duda. Ante el dilema de si rodear, atravesar, quemar, mover, astillar, empalillar o destruir por medio de grandes y épicas magias el árbol, Gerifas se decidió por la diplomacia. Habló durante estaciones con el gran árbol, uso la mejor de las retóricas; argumentó con astucia enrevesados galimatías para que se aparatara. Sin embargo, el árbol no respondía, un maldito arrogante pensó el mago. Tras días de meditación y consultas espirituales, realizó el mayor hechizo que conocía. El árbol, finalmente, fue destruido y con él, la mayor parte del bosque con cuatro pueblos, que no tenían nada que ver con el árbol pero la onda expansiva de la deflagración no entendía mucho de respeto. Otras muestras de poder, menos espectaculares quizá, cimentaron la influencia y el temor hacia Solfed.
Enclavado al lado del archifamoso lago Stiliquia, nadie diría que un pequeño pueblo como ese tiene tanta importancia. Para llegar a él hay que subir empinadas, pero pequeñas, colinas, pues está encerrado en una especie de valle cuyo origen se cree fruto de un meteorito o una explosión muy muy grande que arraso la ciudad que había en donde esta el lago y cuyo nombre nadie conoce, no por falta de restos ruinosos, aun no se ha inventado la epigrafía.
Al viajero novel le impresionará el fluir de gente entrando y saliendo del pueblo. Muchos viajeros vienen a la escuela de magia para aprender, otros para quejarse de que una bola de fuego ha destrozado su casa y la mayoría vienen a ver al Oráculo. El mayor negocio de Solfed es el de la posada, hay más de cincuenta y casi no hay casas. No es raro que un hombre de sonrisa perenne te asalte impunemente y te suplique pasar la noche en su local.
-hay demasiada gente para ser un pueblo-dijo Virginia mirando de un lado a otro de la calle central-algunos parecen del Dominio-
-y así es, señorita Pilsen, al ser un lugar neutral no hay restricciones en cuanto a quien entra y sale-contesto Sraz.
-pero ¿Cómo han llegado? ¿No deberían atravesar Salduvia?-pregunto Lucas-me parece algo raro, deberían de haber recibido una buena ración de plomo-
-tienen un salvoconducto y además no suelen ser grandes asiduos, serán particulares con escolta.
-la verdad es que es un sitio bonito, con mucho barullo pero tranquilo-dijo Elisabeth contemplando los edificios- ¿tenemos donde dormir?-
-no se preocupe por ello señorita Zaragoza, nosotros tenemos una delegación aquí-
-agua caliente, comida, una cama...-empezó Elisabeth.
-todo estará listo cuando, tras ver al Oráculo, vayamos a la delegación que tenemos en el pueblo-
El edificio de la escuela de magia era, en una palabra, mágico. Algunas partes levitaban, otras explotaban para ser reconstruidas al instante por arcanos poderes y decenas de alumnos caminaban por el lugar. También estaba atestado de extranjeros. Enfilando la entrada principal, una pequeña pero apoteósica cascada cuya agua no mojaba, se llegaba a un hall cuyo techo era una cúpula semitransparente en la que brillaban pequeñas motas de luz como si fueran estrellas. Los alumnos lo atravesaban desde distintos puntos, algo muy literal a tener en cuenta las escaleras que surgían cerca del inicio de la cúpula y se conectaban con otras emergentes del suelo. Esto impresionaba y asustaba a quienes no lo habían visto nunca, pues las escaleras te atravesaban junto con los viandantes que por ellas transitaban.
-no temáis por ello-dijo Sraz esperando en un lado de la amplia y bien iluminada sala- salen de otro plano dimensional, nunca os podrán hacer nada-
-es increíble-dijo Lucas acercando una mano a una de las escaleras que aparecía a su lado- parece una película de gran presupuesto-
-vamos, no es para tanto-dijo Steven, quien permanecía con las manos en los bolsillos- impresiona al entrar pero luego es más monótono y predecible que otras cosa-
Virginia tenía otra opinión con respecto a esa supuesta predictibilidad pues una pasarela la atravesó desde el suelo.
-¡¿Quién puede acostumbrarse a estas cosas?!-grito- ¡es una locura, salen por todas parte y lo peor es que esa gente ve tanto como nosotros!-
Por su lado, Elisabeth, no podía cerrar la boca ante el despliegue de tanta belleza, una belleza que jamás podría ver en su mundo por mucho que avanzará la tecnología.
De entre todos los estudiantes que salían de aquellas misteriosas escaleras-pasarelas un grupo de cinco destaco de entre el resto. No era para menos. Cuatro rodeaban al que quedaba, parecían protegerle. Aquellos transeúntes que los veian se sorprendían, era raro verles por allí y menos en grupos. ¡La Orden Vermilion! Grito un chaval de piel azul y cuernos con una voz muy estridente.
Sus ropas, característicamente blancas salvo alguna que otra franja roja aquí y alla, les delataban. La capucha de la chaqueta blanca, salvo por las líneas rojas que discurrían por la espalda, les daba un aire misterioso y las botas hasta las rodillas, uno militar. Mas imponente aun era el que uno de los cuatro midiera mas de dos metros de altura y sus brzos fueran como los troncos de un arbol.
La figura de en medio se paró en seco haciendo que sus acompañantes le imitaran.
-¿capitan?-dijo con voz femenina-¡es él, el capitan Edward!-
En su corta carrera aparto la capucha y muchas palidecieron de envidia. De tez morena, rasgos redondeados y ojos grandes de un electrizante tono violeta, la sonrisa desmantelo a mas de un artefacto mágico con cabeza de tucan, que pasaba por allí vestido de futbolista. La pesadilla de muchos y el azote de mil pueblos.
-¿Miranda?-pregunto el capitan casi sin tiempo para recibir un fuerte abrazo.
Los chicos, para variar, no entendían nada pero ya se habian acostumbrado, salvo Steven a quien parecia habérsele desencajado la mandibula.
-¡han pasado años!-grito la chica-¿y Dione y Henry? ¿estan bien? ¿siguen como el perro y el gato? Queria veros desde hace mucho tiempo pero apenas me ha sobrado tiempo-
-todo sigue igual pequeña. Pero mírate, estas hecha toda una mujercita. Cuando te deje en sus manos y las del Oraculo no eras mas que una niña inquieta-
-de eso hace ya…como cinco años, ahora tengo veinte y…-miro a las cuatro personas que estaban tras Sraz y avanzo hacia ellos-sois vosotros, los Selladores-parecio olisquear el aire- sin duda lo sois, la magia es distinta en vosotros. La abuela me dijo que vendríais hoy y ha acertado. Es un orgullo poder veros-
Iba a acercarse para presentarse y saludar, sin embargo, unos de sus acompañantes que nada tenia que ver en tamaño con el mas representativo de ellos se hizo notar.
-Miranda-dijo con las manos en los bolsos, por lo que no le apetecio revelar su cara- ya sabes lo pesada que se pondrá la pelirroja esa si no nos plantamos en menos de tres dias en Ravinica. No tengo ganas de escucharla-
Su tono mezclaba pereza y cierto asco al hablar.
-¡es verdad! Entonces…-se quedo pensativa, casi abstraída-¡si! Nos veremos en Ravinica-
Sin mas se fueron ante la confusión reinante. El de las manos en los bolsillos se giro, caminando un trecho de espaldas con las manos tras la nuca, para decir.
-por favor, que alguien le cierre el pico a ese, las de la limpieza no pasan por aquí hasta el lunes y ya tienen bastante con las babas de Squiojirparso, como para limpiar las suyas-
De eso se encargo Elisabeth sin que Steven opusiera resistencia.
-en fin, Dione y Henry se alegraran de verla-dijo el capitan-que tiempos aquellos en los que tenia que cuidar de ella-
-¿Quién era esa monada?-dijo Lucas-era…sorprendente, una entre un millón, un buen…-
-es la hija de un buen amigo-repondio parcamente.
-pues esta…-
-todos hemos visto, veo que unos mas que otros, que la chavala es mona, demasiado mona, asi que deja de celebrarlo-interrumpio Elisabeth a Lucas dejándolo con la palabra en la boca-
-¿esta vez que he hecho?-
Sraz se paró tras unos pasos, sin motivo para sus cuatro acompañantes, y una escalera se alzó frente a él. Transparente al principio, se materializo al instante. Puso un pie sobre un escalón e invito a los chicos a imitarle. Una vez en la mágica estructura, los escalones se plegaron estirándose la estructura, como si fuera la pasarela, y se la trago el suelo.
Se hizo una momentánea oscuridad hasta que en todas partes pasarelas similares fueron apareciendo, sin cruzarse en ningún momento. Algunas surgían a toda velocidad en horizontal y otras en vertical. Se acercaron a toda velocidad hacia una gran luz que explotó antes de llegar a ella sembrando la oscuridad de puntos luminosos, extrañas formaciones gaseosas de múltiples formas y colores y, esta vez, millones y millones de pasarelas a toda velocidad.
-esto-dijo Sraz estirando los brazos-es un cruce dimensional ¿no es hermoso?-
Mientras que el permanecía en la parte delantera central de ese poco usual vehículo en calma total, los chicos, no dejaban de agarrarse y gritar. Y eso que no había sensación alguna de aceleración. Sin embargo, todo lo visto hasta ahora fueron naderías en comparación con la visión del colapso de todo lo que les rodeaba en un punto de luz que les tragó.
-llegáis en el momento preciso, queridos-dijo la entrañable anciana que vieron tras abrir los ojos.
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