La ciudad en llamas.
El asalto habia comenzado poco despues del atardecer. Las murallas de la ciudad de Helvett, corazon del pequeño reino de Salduvia, resistieron tan solo unas pocas horas la fuerza de la artilleria enemiga. Las casas aledañas a esta no eran mas que un monton de escombros llameantes y el fuego comenzaba su frenetico avance.
Aquellos quienes habian decidido quedarse a defender su ciudad, junto con los restos del Ejercito Real, contemplaban con asombro como la muralla se venia abajo en diversos sectores. Del otro lado los hombres del Dominio se preparaban para el asalto final a una ciudad que habia permanecido a salvo de la guerra durante mas de tres años pero que, inesperadamente, parecia rendirse ante el enemigo. Los hombres del rey, dispuestos en lineas mas o menos uniformes, esperaban la orden para abrir fuego contra todo aquello que tratara de superara las calles cercanas a la muralla.
Por un instante los estruendosos disparos de la artilleria pararon. Las explosiones dejaron de sentirse. Reino el mayor de los silencios. Todos contuvieron el aliento y el tiempo parecia ralentizarse para cada soldado.
De pie, frente a aquel humo negro que avanzaba hacia el interior de la ciudad, se disponian a entregar su vida en nombre del rey y de cada ser humano del reino. El primer disparo no tardo en retumbar por todo el frente, siguiendole el de cientos de fusiles mas. Antes de poder recargar el ejercito del Dominio se avalanzaba, entre sangre y fuego, contra la Helvett.
El frente defensivo habia sido aplastado y quienes habian sobrevivido al choque se replegaban a trompicones. Algunos tropezaban y eran aplastados por sus compañeros de armas, otros eran abatidos por los fusiles enemigos.
Desde el palacio, el rey, tenia una magnifica vista de la ciudad en llamas. Algunos proyectiles habian impactado en el antiguo edificio y muchos se preparaban para huir. La actividad era frenetica. Se trataba guardar todo lo que se podia, miembros del servicio escapaban por donde podian, unos pocos nobles se mantenian junto a su señor.
Solo, contemplando la lucha desde su despacho, el rey parecia mantenerse impasible ante el macabro espectaculo. Escucho una puerta cerrarse tras el y giro para ver al joven que entraba postrandose ante el.
-Majestad, la ciudad...-titubeo el chico.
-Lo se-dijo el rey haciendo un gesto con la mano para que el chico se levantara.
-Debe irse del palacio, no resistiremos mucho mas. Si usted se dirige hacia Imas quizas...-
-no-el rey puso sus manos sobre los hombres del chico-basta de huir. Mi joven Sraz, capitan de la Guardia de Palacio, quedais libre de vuestra obligacion y exento de cualquier deber para conmigo o la Corona. Eres libre de hacer lo que te plazca-
-¡ Majestad no...!-
-No voy a irme. Por mucho que escape, aunque vaya lejos ya estoy condenado...-dijo con un murmullo.
El joven contemplo asombrado la figura del rey, cabidbajo mientras se sujetaba en la balaustrada de su balcon.
-tu aun estas a tiempo. Vete con los demas-volvio la cabeza por un instante hacia el chico-y como un ultimo favor, cuida de mi hija.
Antes de que Sraz pudiera articular palabra la puerta se abria de golpe cayendo un cuerpo al suelo.
-¡Majestad!-grito el hombre desde el suelo, estirando un brazo como si tratara de alcanzarle.
Un disparo resono en la habitacion y del umbral de la puerta entro un hombre con el fusil aun humeante. La casaca negra, con bordados de un rojo apagado, delataban su origen. El antiguo capitan se coloco entre el hombre y su rey en un ultimo acto de servicio.
-Un acto de lealtad de los que pocos quedan en estos sombrios tiempos, ¿eh?-dijo apuntando a Sraz-Hazme el favor de apartarte, no deseo gastar una bala con una escoria como tu-
-¡Maldito seas, Sanzio!-
Trato de abalanzarse contra el hombre pero el rey la agarro por un brazo.
-Esta ya no es tu lucha. Vete-
Sraz miro a su rey primero observando una cara llena de gravedad. A continuacion miro la de Sanzio encontrandose con una media sonrisa, como si la escena le resultara graciosa. Pasando al lado del enemigo el chico se interno en la oscuridad del pasillo dejando a aquellos dos hombres en la soledad de la habitacion con el sonido de la batalla de acompañamiento.
-ya tienes lo que venias a buscar ¿no es asi?-
-no, no del todo-dijo Sanzio mirando al hombre que tenia frente a el-me habeis dado muchos problemas estos tres años...!con lo pequeños que sois¡-
-eso no impide que no podamos hacer frente a un gigante-
-ya lo veo...En fin, creo que toca poner fin a tu reinado-
El rey no se movio ni un milimetro de su posicion, no titubeo. Tan solo extendio sus brazos, como queriendo abrazar su destino.
-Me sorprende que aceptes la muerte de tan buena gana, es una gran muestra de valentia-
Sanzio apunto sin miramientos a la cabeza del rey, quien le miraba sin odio en su rostro. Este abrio su mano derecha dejando caer lo que parecia un colgante quedando pendiente de un dedo.
-¿Eso es...?-dijo Sanzio sorprendido.
-Lo que tu padre te envia a recoger-dijo con tranquilidad.
-Si...pero, a diferencia de otras veces, con esto-dijo arrebatandole al rey el colgante-podre librarme de ese viejo carcamal, tan temeroso de su fin que se escuda en las leyendas. Aunque, es ironico encontrar esta lustrosa pieza de joyeria en destruccion de una ciudad relativamente importante-
-Ni el Dominio se salvara del mismo final que tuvo, hace milenios, el Imperio-
-Bla, bla, bla. No pretenderas darme clases de historia como cuando corria por estos lugares en mi infancia ¿verdad?. Sigo sin creer esas paparruchas de viejo loco de que Alsia fue destruida, hace mas de dos mil años, por la rotura del sello que contenia las Esferas y con ello el nacimiento de la magia-
-Y sin embargo, sin creer en ello, has llevado a cabo una cruenta guerra para llevarte una vulgar alaja. Seguro que tu padre aun es fuerte y tiene seguidores. Con una sola esfera podrias hacerte con todo el Dominio con muy poco oposicion, pero no te conformas con una, no, quieres las doce-
Sanzio apunto al estomago del hombre que tenia enfrente disparando sin miramientos. El rey callo de rodillas echando las manos a la herida.
-No me gusta que nadie vaya un paso por delante de mi. Haga lo haga, ya sea hacerme con el trono o reducir el mundo a cenizas, tu, ni veras ni haras nada. LLego tu final-
-No-dijo el rey con esfuerzo-este instante...marca el principio...-
Bajo las rojas lunas del cielo nocturno, un ultimo disparo se dejo oir esa noche.
Y ale hay esta como se dijo. Para amenizar el asunto dejare un poco de musiquita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario