Una mañana más el sol que alumbraba Ati´un aparecía
por el este sin faltar a su cita y con puntualidad británica, concepto que él
no entendía demasiado bien pero le hacia parecer culto ante el resto de sus
congéneres. Nada nuevo encontró bajo sus rayos, algo que le pasaba muy a menudo
desde hacia unos millones de años.
Sus rayos entraban en tropel por la ventana de una
bonita casa en lo más alto de Ravinica. Vacía hasta hace poco, había sido
amueblada y preparada para sus inquilinos en menos de un día, pero tan solo uno
de ellos decidió habitarla. Su motivo era claro y simple: escapar de una mujer,
algo que, aunque lo parezca, es más normal de lo que cualquier pensador medio
sepa o reconozca. En su arrogancia pensó que su objetivo se había cumplido, mas
no contaba con la insistencia de aquella mujer en concreto, aquella que pese a
no conocer el despecho conocía como la palma de su mano el arte de la tortura.
Esperó cautelosa en la única habitación en uso, la
más grande en lo alto de la casa, con un buen balcón y todo lo necesario para
ser feliz en ella, como una cama innecesariamente grande. Llegó antes incluso
que el primer rayo de sol y se mantuvo en una esquina sonriente y expectante,
esperando el momento oportuno. Quien dormía en esa cama, aparte de que lo hacia
a pierna suelta pues se veía libre de una gran y bella carga, no esperaba para
nada lo que estaba a punto de echársele encima. La luz empezaba a molestarle,
se olvido de echar las cortinas antes de acostarse y pagaría por semejante
error de cálculo. Se tapó los ojos antes de abrirlos, así que no vio mucho más
allá de un borroso rostro sobre él. El cerebro tonteo unos segundo con la estúpida
idea de una cara femenina, la deshecho, era muy temprano para pensar en
mujeres.
Se dió la vuelta para taparse hasta la cabeza, debía
escapar de la luz y de…su mente traía una aterradora imagen desde lo más hondo
del subconsciente, no tardó mucho en pasar a un segundo plano al adoptar una
posición fetal. Al fin cogía una buena postura y…la idea con la que tanto
jugueteaba su cerebro se hizo paso. Abrió los ojos. Vio una gran sonrisa. Y
escucho unas palabras.
-¡¡buenos días, Café!!-gritó Dione con gran
algarabía.
El grito de Lucas aun fue más potente que el suyo,
algunos vecinos fueron despertados, y no pudo evitar caerse de la cama, a los
pies de esa dichosa mujer.
-con que torpeza nos levantamos ¿eh?-dijo
apartándose un poco de su pupilo-pero haces bien en despertar a estas horas,
hoy es un día importante y no hay tiempo que perder-
-joder…-dijo Lucas sentándose al pie de la
cama-creo…que el corazón se me paro unos instantes-
-quizás, te quedaste bastante blanco y perplejo.
Algo así- imitó al chaval de la manera más graciosa que pudo-vamos, vístete,
debo estar en Palacio en un par de horas-
-esta bien-rezongó Lucas-¿puedes salir fuera? Para
vestirme, ya sabes-
La chica lo miró fijamente y de arriba abajo.
-¿sabes? No tienes nada que no haya visto antes en
un hombre, así que, date prisa-esas ultimas palabras resultaban realmente
heladoras.
Rápidamente se vistió ante la atenta mirada de
aquella mujer de sonrisa maliciosa y curvas aun más malvadas, es más, todo en
ella era maldad calculada al milímetro para obtener el licor más refinado: dolor
humano, en especial el masculino.
Pronto estaban en los barrios más bajos de la
ciudad, el lugar de entrenamiento habitual. Tampoco ella había preparado nada
nuevo, tenía que atraparla, como siempre. Con el paso de las semanas las cosas
iban mejorando. Ya no caía en muchas de las trampas, se conocía al dedillo cada
callejuela y esquina, incluso aprendió varios hechizos que le ayudaban a
acercársele, pero no lograba atraparla.
-¿Por qué tantas prisas hoy?-dijo Lucas, muy
alicaído y cansado-no me gusta madrugar, el sol apenas se eleva en el cielo y
hace frio-
-empieza a calentar y a estirar, si tanto frio
tienes, pequeño Café-
-si…me vendría bien un café-
-me sigue sonando muy mal esa palabra. En fin, tengo
prisa porque se me va a requerir en Palacio, no hay duda, pero eso no te exime
del entreno diario. Algo que seguro ya sabes ¿no?-
El chico asintió con una falta de gana tal que la de
un perezoso bailando salsa.
-entonces, te requerirán en Palacio, para algo-
-claro, sino no tendría tanta prisa. ¿Tan espeso
estás hoy?-
Ya estaba jugando con él. Cualquier tontería era
convertida en una manera de dejarle como un tonto, daba igual lo que dijera.
-me refería al motivo específico por el cual debes
TÚ personarte en Palacio y no otra persona cualquiera, como podría ser Henry-
-oh-dijo ella asintiendo-Henry no es una persona
cualquiera, es un miembro muy valioso para la Resistencia, por todo lo que sabe
y su experiencia en comunicaciones. Es como una enciclopedia con patas-
-genial…-dijo Lucas mirando hacia un lado al tiempo
que estiraba el brazo derecho.
-hoy vuelve Larissa de su visita a la Liga de
Ciudades-confesó al final-por eso es probable que me necesiten-
Por algún motivo, su mirada, ya no era la de una
persona fría y metódica, carente de sentimiento. Esta era de total seriedad,
incluso podría pensarse que algo le preocupaba.
-la reina ¿no?-
-algo así-contestó Dione- ahora centrémonos en lo
que toca. No he cambiado el recorrido principal, pero me reservo el derecho a
modificarlo en cualquier momento si lo veo necesario ¿vale?-
-claro, lo de siempre ¿tendré que atraparte no?-
-¿acaso el Pinpin no es el mayor cazador del mundo?-
-no lo sé-dijo Lucas tras un gran silencio- en mi
planeta no hay nada llamado así, tampoco estoy muy puesto en el tema, pero no
me suena-
-sí, tienes que atraparme-confirmó la mujer al fin y
se lanzo a la carrera de sopetón.
Lucas la siguió. Durante los primeros metros de
carrera, parecía a punto de atraparla, hasta que ella saltó hacia unos tejados usando
unas cajas apiladas en la pared de una casa. Nada del otro mundo, siempre
trataba de despistarlo de maneras similares.
Fueron saltando de casa en casa, esquivando piedras
y todo tipo de objetos arrojadizos que la gente, que ya les conocían muy bien y
sabían sus rutas, les lanzaba. No es que la gente humilde de Ravinica tuviera
mala leche, pero a nadie le gusta que corran por su tejado y, que de vez en
cuando, destrocen el techo o entren de golpe en casa sin avisar para preparar
un adecuado refrigerio. A punto estuvo de atraparla en un salto pero ella
desapareció en el aire, con un destello de luz que se movió apareciendo metros
más allá, en el suelo. Un hechizo, sin duda.
-porras-dijo Lucas tras tocar el suelo de la
calle-la muy cabrona ha cambiado el recorrido-
La pequeña callejuela por donde corrían dió a una
calle más ancha y plagada de gente, una de las avenidas principales. Eso era
algo nuevo. Dione se paró para girarse a mirar a su perseguidor. Sonrió
pérfidamente y se zambullo de espaldas entre el bullicioso gentío.
-día de mercado y habrá venido aun más gente porque
llega la gerifalte aquella. La madre que la…-no dudó en seguirla ¿Qué podía
hacer si no?
El palacio de la ciudad era el lugar más atareado
del reino. Los preparativos para la llegada de Larissa estaban siendo ultimados
y el mismísimo consejero Rais los supervisaba en persona. Por su lado Sraz
contemplaba los preparativos con bastante desidia. Nunca le había hecho mucha
gracia la pompa y el boato que su querida hermana le había dado a la recepción
de su comitiva. Era un gasto muy estúpido. Pero la esperaba con verdadera
ansia. A su lado, en su habitación, permanecía Henry. Hacía un buen rato que,
como casi todas las mañanas, le informaba acerca de todos los hechos
importantes del país que llegaban a sus oídos.
-está confirmado-decía Henry- Francis llegó hace
cerca de un mes a la costa de Legash. Según han transmitido los lugareños está
reuniendo a toda la banda en pleno, algo inaudito-
-ciertamente. ¿Se sabe que trama? Cuando nos encontramos
con él, poco antes de llegar a Solfed, mencionó que allí seria de gran ayuda.
Me sorprende, y lo hizo en su momento, que abandonara la protección que le
brindaba el Oráculo-
-dudo que planee un ataque contra Ravinica. Sus
fuerzas ocupan bastantes kilómetros de costa, casi desde Lamdau, al sur, a
Teren al norte. No se han movido más y es una zona alejada de cualquier
población, además está muy lejos de aquí-
-es extraño…no obstante, trataré de hablar con él
una vez termine aquí-
-Larissa ha acelerado su llegada-comentó el chico
leyendo sus anotaciones- en una hora estará cruzando el puente Milvio-
-vaya…de ahí que aceleraran los preparativos-decía
Sraz contemplando el barullo mirando por una ventana- tras todos a los que
tendrá que recibir, podré tratar con ella a solas-
-¿está seguro, capitán? Contamos con los apoyos del
coronel Milles y la guarnición de Palacio, la Frontera esta en alerta… sin
embargo, la guardia de la ciudad pertenece a Rais y no tengo la certeza de que
los norteños o agentes del Dominio se muevan por el país, en ese aspecto nos
arriesgaremos a que cualquier fractura interna les beneficie-
-debemos arriesgarnos. Elegir entre permitir que el
país sea entregado a los norteños o no…la elección esta clara-
En este punto, el lector avispado quizás recuerde a
Carl F. Montgomery y su misteriosa misión, la cual le había llevado a encontrar
un viejo sistema de calefacción en desuso que recorría casi todo el palacio, el
menos los sitios que a él le interesaban. Uno de esos lugares era la propia
habitación del capitán y hoy estaba de suerte.
-mientras Rais piense que los chicos están de su
parte lo tendremos contento y distraído. Siendo tan ambicioso, estará ocupado
en planear como deshacerse de sus amigos norteños, lograr todo el poder posible
e incluso hacerse con las esferas que puedan lograr, no se dará cuenta hasta
que sea demasiado tarde-
-entonces, ¿está seguro?-
-primero lidiaré con ella. Luego…ya veremos-
Y así, con jugosas primicias, Carl F. Montgomery
seguía buscando su verdadero objetivo, el cual se le antojaba más esquivo de lo
que pensaba en un principio.
Al otro lado de esa maraña de patios y corredores,
colocados a diestra y siniestra, que era el palacio de Ravinica, una
consternada Virginia contemplaba a la Bella Durmiente, también llamada
Elisabeth. Cuando se había acostado ella ya estaba allí y cuando se despertó,
seguía en la misma e incomoda postura. La había encontrado bocabajo en la cama,
cabeza incluida. Las piernas le colgaban de la cama y el brazo derecho caía por
el costado derecho. Para su consuelo, respiraba.
-¿Eli?-dijo con precaución-no, todavía no esta
despierta-
Se acercó y la zarandeo con cuidado. Tampoco
respondía, pero no tenía intención de despertarla por la fuerza, de esa manera
se levantaría enfurecida y estaría así todo el día.
-dichosa magia…-dijo ella impotente-tendré que ir a
llamar al doctor para que diga lo de siempre, al final nos vamos a hacer amigos
y todo-
Cuando se dirigía a la puerta, totalmente
apesadumbrada, escucho una voz familiar.
-ahora que hablas de magia-dijo Hikari, esa pulsera
parlante tan calladita- ¿recuerdas que te comente la cantidad de grandes
poderes mágicos que están en esta ciudad?-
-sí, pero solo eran tres o cuatro ¿no?-
-ayer, poco
antes de encontrarnos con Elisabeth en este estado tan lamentable, surgió otro,
no obstante se desvaneció muy rápido-
-como si no quisiera ser descubierto-dijo la chica-
entonces, no es el mismo que detuvo el tiempo ¿no?-
-¡para nada!-exclamó la pulsera- este era un poder
desorbitado, igual o un poco mayor a ese otro que surge de manera intermitente-
-¿en serio? Hay demasiadas personas poderosas en
esta ciudad…y ninguno hace nada-
-eso es extraño, pero lo más raro es que uno de esos
grandes poderes, el intermitente en cuestión, no es una persona-
-¿cómo?-
-en otras palabras, no emana de ningún ser vivo y
aun así es un poder magico brutal-
-¿una esfera?-
-es más que posible. ¿Sabes lo mejor?-
-sorpréndeme-
-esta aquí, en el palacio-
Vaya que si la sorprendió, y mucho más cuando Steven
entró sin aviso en la habitación.
-¡buenos…!-dijo al tiempo que Virginia gritó-
¿días?-
Tardó unos minutos en explicarle la situación al
chico.
-¿lleva así desde ayer? Vaya, debe de estar echa
polvo-
-estaba pensando que podría ser de origen mágico,
como casi todo lo relacionado con ella des que llegamos aquí-
-es probable-dijo Steven con una mano en la
barbilla- sabiendo su extraña relación con ella, no es tan descabellado. En
fin…me han dicho de parte de Rais que estemos listos para la llegada de
Larissa, tiene mucho interés en nosotros-
-pues estamos apañados. Ella está k.o y Lucas hace
un rato que debería de haber acabado el entrenamiento con Dione, pero como ves
no está por aquí-
-va a ser muy divertido…-dijo el chico entre dientes
La comitiva no era excepcionalmente grande, le
gustaba llamar la atención pero no tanto como muchos pensaban. Larissa iba en
el centro de la formación montada en lo que parecía un caballo blanco, solo que
un poco más alto y grácil que uno de la Tierra. De piel blanca y pelo castaño
recogido en una coleta, cabalgaba a la par que otra mujer. Esta no llevaba el
uniforme de la guardia del rey como los demás, ella iba con un largo chaquetón
con capucha, repleta de pelos iridiscentes que parecían cambiar de color
dependiendo del entorno. De piel morena, pelo negro y corto, salvo el flequillo
del lado izquierdo que le tapaba un ojo, sus ojos violáceos contemplaban la
ciudad con indiferencia.
-¿así que esa es tú querida capital? De la que tanto
has hablado mientras estabas en Firensa-
-exacto-dijo Larissa henchida de orgullo- costó
mucho levantarla y que prosperase pese a la amenaza del Dominio, pero ahora es
el símbolo de esperanza y de futuro para toda Salduvia-
-tu padre te daría unos buenos azotes por destruir
su Mar Esmeralda-dijo la mujer sin contemplación alguna.
-¡pero…!-
-habías dicho que Edward se encontraba en la capital
¿verdad?-
-sí ¿Qué importa él ahora?-
-¿Qué importa él? ¿En serio lo acabas de preguntar?
Hice bien en venir, jovencita, muy bien-
Los soldados de la guardia habían tenido un viaje
muy movidito lleno de reproches y riñas de esa mujer a Larissa. Lo permitían de
buena gana, era necesario en más de un momento que alguien pudiera callar o
poner en su sitio a su líder, y por ello no intervenían en nada. Ansiaban llegar
a sus casas y difundir esos momentos por todo el lugar.
Al poco llegaron al puente, allí se agolpaban ya
varios cientos de personas lanzando pétalos de flores y clamando por su querida
gobernante. La música resonaba por todo la ciudad.
El ascenso al palacio no duró mucho tiempo, tampoco
es interesante narrar el pasillo de hombres con lanzas levantadas ni el baile
que debían realizar mientras su jerifalte pasaba a su lado y mantenían las
lanzas en lo alto, todo al mismo tiempo. Una vez llegados al patio de
recepciones, Rais se adelantó para ayudar a su señora a descabalgar de su
corcel.
-me alegro de veros sana y salva, tan hermosa como
siempre, de vuelta en el reino-aduló el consejero-como veis he mantenido al
reino a salvo en su ausencia-
-no esperaba más de mi leal Josef Rais-la sonrisa
del consejero se torció un poco al escuchar su nombre entero, los norteños eran
muy pérfidos-y ahora ¿Dónde están los selladores?-
-os esperan en la sala del trono, donde verles en
privado ajenos a cualquier intromisión indeseada-fulminó con la mirada a la
otra mujer, para nada esperaba a esa persona en concreto- encantado de volver a
verla, señora Lexel-
-¿para mi no hay alabanzas, Rais? Decepcionante.
Además, sigue sin entender protocolo y no ha estudiado las costumbres de los
países vecinos, tal como le sugerí la ultima vez que charlamos. Sigue sin
querer mejorar como diplomático- negó con la cabeza cerrando los ojos.
-¿en que he fallado? Ilumíneme-
-para empezar, tratar con descortesía a un
dignatario extranjero, alguien debería de haberme ayudado a bajar de mi montura,
es una exigencia inherente a mi rango-
-¡la última vez lo rechazo airadamente!-
-el protocolo es el protocolo y depende de mi, el
invitado, rechazar o no el ofrecimiento. Además, deberían de haber sido
convocados tanto Edward como Francis antes de la llegada de su hermana. Esto
último, se lo pasaré-
-nadie nos avisó…-
-ah, ¿no?-clavo su mirada en Larissa y esta se
sonrojo sin saber donde meterse-luego hablaremos, señorita. Por último, y no
menos importante, consejero, diríjase a mi como señora Brahe, mi esposo no
pinta nada en todo esto-
Mientras ella habló, nadie oso levantar siquiera un
susurro, las moscas, o mas bien su versión atiuniense, se alejaron con pavor
del lugar. Esa mujer inspiraba tanta reverencia que entró en Palacio antes que
su dueña, sin que nadie se quejara o se interpusiera en su camino.
-intratable y bárbara como siempre-dijo Rais- las
montañas les hacen bastos y estúpidos-
-no es para tanto, Josef. Esta aquí solo porque ha
accedido a renovar la antigua alianza, pero quería ver en persona a los
selladores-
-espero no defraudarla-
Vaya que si lo consiguió.
La sala del trono era un recinto al que pocos podían
acceder y el lugar más destacado del palacio. Situado el trono sobre un podio,
a sus lados hileras de columnas lo encuadraban y el lado largo, en frente, se
habría un pórtico columnado que daba al patio más alto del palacio, desde ahí
casi se podía ver toda la ciudad, aunque ahora el acceso permanecía cerrado por
el frío invernal.
Virginia y Steven esperaban en la habitación con
cierto nerviosismo y expectación. Una puerta se abrió de golpe y vieron entrar
a una mujer muy airada. Se detuvo frente a ellos, la viva imagen de la seriedad
más pétrea les analizaba con la mirada. Pareció olisquear el aire cerca de los
chicos, sonrió y lanzo su chaquetón contra el trono para luego sentarse en el
con las piernas cruzadas.
Entonces surgió el silencio, uno de esos en que las
personas se miran las unas a las otras sin saber muy bien lo que decir y que
mantiene la tensión en lo más alto. Los chicos se miraban entre si y luego a la
recién llegada que mantenía una bien entrenada cara de póker.
-¿y bien? ¿Sois del servicio?-dijo Catalina.
-ehm…-dijeron Virginia y Steven al unísono-no-
-ya veo, ya. No me sorprende, sinceramente-
-oh-volvieron a decir a la vez-que bien. ¿Es usted
Larissa?-
-uhm…me temo que no. ¿Vosotros soléis hablar a la
vez con regularidad?-
-no…-dijeron a la par una vez más.
-por supuesto…-dijo Catalina un tanto confusa- por
un momento pensé que, quizás, fuese algo normal en vuestra tierra-
Pronto Josef Rais hizo acto de presencia seguido por
Larissa y algún que otro noble con muchos intereses en un reina joven y
soltera.
-muy educado por su parte venir directamente al
salón del trono sin seguir el protocolo como es debido-se indigno Rais- para
que luego usted se queje de como los demás hacemos caso omiso de sus normas y
costumbres-
-es algo totalmente descorazonador, consejero. ¿Cómo
es posible que decepcione a su invitada sucesivas veces en tan corto espacio de
tiempo? Querida-miro a Larissa- plantéate seriamente el buscar un nuevo
diplomático, este parece obsoleto-
-¿¡pero qué…!?-
-está bien, Josef-intervino la reina-basta de
discusiones estúpidas que no conducen a nada- se acercó a los chicos que, para
variar, no sabían muy bien que hacer o decir- sin duda sois los selladores ¿me
equivoco?-
-lo somos-dijo Virginia, ya en solitario.
-¿los otros dos que faltan? Tenía entendido que
erais dos chicas y dos chicos-se giró para ver a un consternado Josef Rais.
-ese es el segundo motivo por el que me ha
decepcionado-intervino Catalina.
-abuela por favor-
-me callo, me callo-
-en fin, soy Larissa Tholen, actual dirigente de
Salduvia. Bienvenidos a Ati´un, dicho a mí pesar un poco tarde-
El tiempo transcurría y el alborozo de la mañana
dejo paso al aburrimiento de la tarde pera dar paso a la tranquilidad del
crepúsculo. En uno de los tejados del palacio un meditabundo Lucas contemplaba
la puesta de sol, una de las innumerables repeticiones que el astro encontraba
tan repetitivas y mecánicas. En su momento trato de aparecer por poniente, fue
algo muy gracioso y catastrófico a partes iguales.
Había tenido un dia duro, duro y extraño. Parecía la
nota dominante en la vida del cuarteto, unos meses fuera de su mundo y se
totalmente desubicados en un lugar que, sin llegar a ser del todo hostil,
tampoco era de lo mas relajante. Las gentes, los lugares, los animales,
ciudades, la magia…todo era ajeno a ellos. No tenían tiempo a acostumbrarse a
una situación para encontrarse con otra opuesta.
Lucas había tenido que acostumbrarse rápidamente a
varias situaciones peculiares ese día y no sabía como encajar todo lo ocurrido.
¿Cómo interpretarlo? Viniendo de ella era algo difícil de asimilar. Al final
sus pensamientos se juntaban en torno a si todo había sido verdad o solo un
juego de magia, un estúpido giro del destino.
-¿Lucas?-dijo la voz de Virginia-al fin apareces, te
has perdido toda una tarde de interrogatorios-
Subió al tejado tras dar muchas vueltas y se sentó
junto a su amigo.
-tu y Eli deberías de haber estado, fue una
situación tensa continua. La gente de por aquí es muy rara… ¿estás bien?-
El rostro del chico distaba mucho de estar reflejando
la mayor alegría, es mas, llevaba atónito todo el día.
-si y no-
-vaya, con eso no dejas mucho margen-dijo la chica
tras una risilla- ¿Dione ha hecho algo?-
-más o menos-
-bueno, vamos acotando el origen del problema. Por
tu cara diría que no te esperabas para nada algo ¿no?-
-algo así-su mirada estaba perdida en el horizonte-
paso rápido y se me ha grabado su risa maquiavélica ¿entiendes? Lo debía tener
todo preparado, ella es asi. Me odia desde el primer momento, aunque eso creo
que se extiende a todos los hombres, y no deja de torturarme-
-no, ella no es…-se lo pensó unos segundos-vale si,
puede que sea la mujer mas cruel y gélida que he conocido, pero no pudo haber
sido tan malo. Te lo dice otra mujer-
-no, no fue tan malo-
-¿ves?-
-fue peor-
No hay comentarios:
Publicar un comentario