viernes, 6 de enero de 2012

En marcha (IV)

Alli estaban con el sol dandoles en la cara desde la izquierda. Un bonito cielo azul celeste con nubes de color naranja y violeta, el sueño de todo pintor impresionista que se precie de serlo. Quizas la estampa mejoraria ligeramente si el tiempo acompañara y no fuera otoño. Media hora de espera en el patio de aquel castillo habia que el frio se les metiera en el cuerpo.
-¡atchis!-estornudo Elisabeth-no, si entre caerme a un lago y esto voy acabar resfriada-
-al menos tu tienes una bufanda-dijo Steven agarrando la cazadora que le habian dado los miembros de la resistencia.
-tampoco es para tanto...quejicas-decia Lucas con las manos en la nuca como si nada-esto no es nada-
-¿vivias en el Polo Norte?-pregunto Steven.
-no, pero los inviernos donde yo vvo son muy rigurosos, asi que esto no es nada-
-lo que no acabo de entender es por que a nosotras nos dan unas faldas que nos llegan por la rodilla ¿no hay pantalones para nosotras?-se indigno Virginia.
-no seas tan catastrofista, Velvet, te han dado un gorro bastante cuco-intervino Elisabeth metiendo su cabeza un poco en la bufanda roja que tenia al cuello.
-es sorprendente-dijo Steven.
-¿el que es sorprendente?-se giro la chica de la bufanda roja para mirar a su compañero quien permanecia a su lado derecho.
-ese lado conciliador tuyo, le pega mas a Virginia tu eres mas...mas borde quizas-
La chica le miro de una manera comica y fulminante para luego darle un golpe con la mano en un brazo.
-que poco me conoceis-concluyo.
Tras un rato mas de espera un chico entro en el patio. Al instante los cuatro chicos fijaron su mirada en el con la esperanza de que los sacara de alli. El tan solo se asusto un tanto.
-¿vo...vosotros sois los extranjeros?-dijo poniendose bien sus gafas revelando una serie de pecas bajo sus ojos marrones. Su pelo rojo no pasaba muy desapercibido.
-si-dijeron los cuatro a la vez.
-entonces...entonces...-se quedo pensativo-¡ya recuerdo! Tenia que llevaros con el capitan pero... ¿donde estaba?-
-¿ese tio estara bien?-pregunto Lucas.
Los cuatro habian formado un circulo y parecian planear una jugada crucial en un partido de futbol americano, quizas la ultima jugada que les daria el partido.
-claro, va vestido de soldado-dijo Virginia-sabra lo que tiene que hacer-
-lo dudo, parece muy despistado-entro Steven a la conversación.
-dijo que el capitan le mandaba. ¡por fin nos vamos!-dijo euforica virginia.
-esto...se acerca sonriendo-dijo de pronto Elisabeth-da bastante cosa-
Se planto frente a la chica, la cual se giro, le cogio una mano, la cual empezo a zarandear, y acerco su cara tanto que ella tuvo que recular la suya un tanto sonrojada.
-¡hola!-se acerco a Steven-¡hola!-fue a por Lucas-¡hola!- y por ultimo a Virginia-¡hola!-sin duda era un tipo atipico, de esos que te cruzas un par de veces mas en la vida de las que quisieras o bien un sabado noche en sitios extraños-soy Henry Greenwall, encantado. No se conoce gente de otro mundo todos los dias, asi que es algo muy excitante desde un punto de vista totalmente cientifico no me gustaria que pensarais mal de mi, que soy rarito o un pervertido ya sabeis y...-
-ya basta, Henri-dijo Dione llegando al lugar cargada con cuatro mochilas-el capitan nos espera y no sobra el tiempo-
-¿eh? ¡hola Dione! Perdona mi tardanza pero es emocionante ver a gente de otros lugares y...-
La chica de pelo plateado dejo las mochilas frente a los chicos.
-este sera vuestro equipaje teneis todo lo necesario para el camino-
-espera-dijo Elisabeth un tanto azorada-¿insinuas que vamos a ir a algun lado caminando?-
-si ¿Qué tiene de malo?-dijo la soldado con su tipica voz desprovista de sentimiento.
-pero si aquí teneis vehiculos...-
Con un gesto Dione y Henry empezaron a caminar hacia la salida del patio. Los chicos les siguieron, Elisabeth con todo su pesar incluido. Atravesaron el edificios cruzandose con algunos soldados, los cuales leian algunos libros de filosofia de su mundo. Salieron del castillo y enfilaron la larga calle que conducia a la salida del pueblo entre la atenta mirada de los lugareños. A la salida del pueblo les esperaba Sraz, petate al hombro. Se reunio con algunos de sus subordinados y dio las ultimas indicaciones. Volvio con los chicos, miro a Dione y a Henry y dijo:
-si todo esta listo, partiremos hacia Solfed. Espero que os guste caminar pues nos esperan tres dias de camino por delante.
En ese preciso instante el espiritu de Elisabeth decidio anclarse en el suelo cayendose hacia el. Que poco le gustaba caminar y cuanto lo odiaria tras esos tres dias.


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