miércoles, 28 de marzo de 2012

Ravinica: La ciudad gris.

Era una llanura realmente grande, de esas que no se abarcan con la mirada. Sin embargo, los campos de cultivo la ocupaban por completo con toda la gente de aquí hacia allá que eso implica. Muy, muy al fondo se veían unas montañas que, a juzgar por su altura relativa desde una distancia de unos 100 kilómetros, debían ser enormes o al mundo de Ati´un le gustaba jugar al despiste con las perspectivas, escorzos y puntos de fuga de la naturaleza. De hecho lo hacia siempre que podía.
Los lugareños, al menos las miríadas de campesinos que trabajaban en los campos y sus animales de granja, parecían de lo mas humilde y campechano, sobre todo los animales. Desde todas partes surgían caminos flanqueados por arboles de todo tipo, incluso sauces boxeadores, por donde caminaba gente de distinta procedencia en lo que parecían riadas de personas. Todos los caminos conducían al mismo punto, al corazón mismo del diminuto, pero asombrosamente grande en intenciones, Reino de Salduvia.
En medio de la llanura, desafiante como todo buen accidente geográfico que se precie de serlo, se alzaba un peñón descomunal. A sus pies por la parte norte discurría un rio de anchura considerable, por lo que era navegable. Sorprendía la cantidad de barcos que se arremolinaba en los puertos a los pies del peñón de alargada sombra.
Allí estaba Ravinica. Ocupaba el accidente geográfico y las tierras a sus pies en el margen derecho del rio. De ese lado derecho el peñón se mostraba escarpado y aun así edificado con un sinfín de edificios colgantes, calles, fuentes y pequeños parques. La ladera izquierda era mucho más suave y amable en su pendiente permitiendo el crecimiento de la ciudad hacia la llanura.
En su conjunto era una obra de arquitectura asombrosa, como toda capital de una historia fantástica debería ser. Sin embargo, no tenia ese típico color blanco de gran capital poderosa, no, los edificios en conjunto daban un tono grisáceo muy triste y depresivo. Las leyendas decían que si escuchabas con atención podrías oír los lamentos del peñón. No era para menos ¿a quien le gusta sustentar una ciudad con toda su población, animales y objetos inanimados de toda índole y nación? A nadie le gustaba y los quejidos, se decía, aumentaban más en la parte alta del peñón.
Obedeciendo las reglas básicas que dominan la jerarquización humana del territorio en cualquier dimensión, el poder estaba arriba del todo, siempre vigilante. Lo que parecía un palacio ocupaba lo más alto del lugar. Algunas torres del lugar despuntaban por encima de los tejados. Parecía ser un edificio grande, pero no demasiado para lo esperado en el palacio de un rey. Allí residía la líder de la Resistencia.
Larisa Tholen gobernaba Salduvia, como su reina, desde hacia una década. En su tiempo la elección genero más polémica que sorpresa. Se la tenía por la hija del anterior rey, quien murió en el sitio y posterior saqueo de Helvett hacia veinte años. Tras un periodo convulso de diez años en los que la Resistencia se fue perfilando, el Dominio perdió casi todo el control del territorio conquistado y no ha vuelto a dar signos de querer reconquistarlo. En esos momentos las figuras más destacables en la lucha fueron tres: Francis Teach, Edward Drake y la propia Larisa.
Semanas de deliberación por parte de la junta que gobernaba determinaron que la chica seria quien mejor podría servir al reino. La elección no había sido del agrado de muchos al contravenir el testamento del antiguo rey, quien pretendía que su propia hija gobernara. Sin embargo, desgraciadamente no especifico cual de sus hijas debía hacerlo y ante la minoría de edad de una de ellas, Larisa salió victoriosa. El Rey Escultor, pese a este epíteto, no definió muy bien como funcionaria el reino a su muerte, como generalmente habían hecho sus antecesores, de no hacerlo el pueblo elegía al nuevo gobernante. El tiempo había hecho que casi todos aceptasen a la joven como su soberana pasando Tic y Sraz a un segundo plano en la política. Uno deserto del ejército y otro se encargo de la seguridad fronteriza, ambas decisiones no exentas de críticas e intrigas.
Desde entones Ravinica y Larisa se convirtieron en las representaciones del poder en Salduvia.
-esa es, a grandes rasgos, la historia reciente chicos-dijo Sraz recuperando aire tras la perorata que se había sacado de la manga sentado en un mojón al lado del camino principal-al fin estamos hemos llegado a nuestro destino…-
Dione y Henry había permanecido al lado de su superior asintiendo en todo momento a lo que él decía. Se les notaba ansiosos por llegar a la capital, cosa que no era para menos por lo que habían tratado de acortar el relato en la medida de lo posible. Los chicos, salvo Steven que permanecía de pie con los brazos cruzados y la mirada fija en la cercana ciudad. Contra todo pronóstico Elisabeth había permanecido atenta al igual que Virginia. Lucas por su parte dormitaba.
-me gusta esa ciudad, es realmente hermosa-dijo Virginia ahora observando la ciudad-no hay nada parecido en la Tierra-
-tampoco es para tanto-intervino Steven-si has ido alguna vez a Toledo encontraras muchas similitudes. Pero, capitán, ¿antes no había aquí algo llamado el Mar Esmeralda?-
Todos, que habían ido mirando a los interlocutores en sus intervenciones, fijaron su mirada en el hombre sentado en el mojón.
-si…fue una gran pérdida para el reino, pero era necesario para el crecimiento de Ravinica y el sustento de la población-
-no fue para nada la decisión mas acertada-comento Henry con cierto enfado-una capital puede abastecerse de todos los recursos del país si es necesario. Además, la situación geográfica en el centro la convierte en nodo comercial. Todo esto no es mas que un despropósito fruto del intento de realzar el poder de la corte-
-siempre quejándote, Henry-dijo Dione con su típico tono carente de sentimiento- ¿preferías reconstruir Helvett impidiendo el descanso de los que allí murieron? Siempre faltando a los ancestros y a las tradiciones-
-claro, claro y por eso, de manera totalmente excluyente, debería apoyar al creciente culto a los Electores que aquí se esta centrando ¿no?-
-no he dicho eso. Es un culto necesario, aunque me disguste su difusión tanto como a ti, pero la ciudad esta bien como esta-
-había mas localizaciones, mucho mejor situadas. Pero espera, volvamos al tema de los cultos, tu eres partidaria de la divinización de él ¿no es así?-
-es una forma de agradecerle su buen gobierno y sacrificio-
-seguro que el estaría a favor de eso- dijo Henry con ironía-este gobierno cada vez esta mas podrido-
-niños…ya esta bien-intervino Sraz con vehemencia para aplacar los ánimos de sus subordinados.
Los chicos, sin entender nada, y más Lucas quien reposaba en forma de ovillo de lana en la hierba, habían seguido la conversación como si fuera un verdadero partido de tenis.
-al final-dijo Elisabeth- tendremos todo tipo de comodidades ¿no? Ya estoy harta de tener que espantar mirones en las duchas comunitarias que por aquí tenéis-
-¡¿duchas comunitarias?! ¿Dónde?-dijo de sopetón Lucas volviendo del reino de los sueños.
-¡vuelve a dormir!-abofeteo Elisabeth.
Una vez más recogieron sus respectivos petates y enfrentaron el último trozo de su viaje. En menos de media hora estaban atravesando el Gran Puente del Norte, bajo la sombra de la ciudad. Era el mas abarrotado de todos los puentes, también era el mas largo y ancho, tanto que permitía la celebración de un mercado semanal al aire libre.
La gente que iba y salía de la ciudad era de lo más variopinta. Desde aristócratas en sus carruajes a mendigos, comerciantes de todas las razas, seres de difícil descripción y soldados. Algunas plantas bebedoras, con una gran avidez, de te pasaban allí a la sombra el sol del mediodía. Maldecían también a viva voz, de una manera muy aguda, que un ancestro suyo se emborrachara y acabara en una charca con una rana o algo muy similar con aletas y alas donde debería tener las ancas.
El camino de ese puente, tras atravesar el Puerto Milvio, daba a la entrada norte de la ciudad. Esta era un gran portón de piedra grisácea, con un arco a modo de entrada y algunas estatuas de distintos animales aquí y allí. A la derecha el peñón nacía hacia el cielo y justo encima de la puerta lo hacían algunos edificios.
Sin duda la ciudad rebosaba vida por todas sus calles y callejuelas. Las calles principales discurrían por toda la ciudad en paralelo al peñón, por lo que terminaban por describir un semicírculo en torno a él. De esas calles surgían distintas callejuelas que daban a parar a casas y locales dedicados a distintas funciones.
Las murallas interiores de la ciudad servían, más que para defender, para definir los cinco distritos del lugar. A Elisabeth se le helo la sangre al contemplar la cantidad de cuestas y escaleras que había antes de llegar a lo mas alto, pero empezaba a entender el concepto resignación y la recompensa que le esperaba en el palacio merecía la pena un ultimo esfuerzo.
La avenida que nacia en la puerta sur y llevaba hasta el palacio estirándose cuesta arriba era la verdadera arteria de la capital. Aunque en algunos sitio perdiera su rectitud para formar una maraña de calles, seguía siendo el lugar donde los nobles concentraban sus residencias junto con adinerados mercaderes y magos. El palacio, la única pincelada de color en la ciudad, se mantenía omnipresente desde cualquier lado de la avenida.
Elisabeth no apartaba la mirada de aquel edificio, le fascinaba completamente. Se preguntaba quién podría mandar construir semejante obra. También ansiaba conocer a la tan mencionada Larissa. Pero, sobre todo, rezaba por no moverse de la primera ciudad en la que recalaban tras llegar a ese mundo.
Virginia, quien habia dejado sola en su ensimismamiento a su amiga del alma, caminaba a la par que Steven, interesado también en la capital. Lucas por su lado interrogaba a Henry acerca de los baños comunales de los cuales no fue consciente desde su aparición en Ati´un.
-¿en serio los hay?-dijo el chico con ansia-es decir, puede ser que solo sea mi imaginación, nunca los he visto ni he oído hablar de ellos hasta este preciso momento-
-lo son, amigo mio-dijo Henry sujetando a su amigo pasando un brazo tras los hombros de su amigo-los hay en todas partes. Es una tradición ancestral y no nos da pudor vernos como llegamos a este mundo, pero sin duda para alguien como tu, con quien comparto ciertas aficciones no muy aceptadas socialmente, será todo un choque cultural-
-si…eso es precisamente lo que busco, choques. ¿me recomiensas alguno?-
-claro-intervino de golpe Dione-el Armario Empotrado es un buen baño, creeme, veras cosas que nunca has visto y sentiras placeres indescriptibles a la par que inimaginables, si eres hombre claro-
-debe ser el paraíso-se emociono el chico de la Tierra-tengo que encontrarlo-
-esto…Lucas-
-tranquilo, en palacio te apuntare en un papel como llegar. Di que vas de mi parte y te trataran muy, muy bien-dijo la chica de pelo plateado tras patear a Henry tras las rodillas. Su sonrisa era la vivida expresión de sus pensamientos.
-¡al fin un poco de marcha!-
Ajeno a todo esto Steven contemplaba cada edificio, callejuela, banco y persona que por la avenida veía. Su cara era un tanto seria y sacudía la cabeza cada tres por cuatro.
-¿te pasa algo?-comento Virginia-no es propio de ti estar así-
La mueca de seriedad hizo escapar una risa al chico.
-lo siento. No es nada, tan solo no imaginaba una ciudad tan grande en un lugar tan extraño. Es desconcertante-
-tú eras el que decía que se parecía a Toledo, no sé que le ves de raro-
-lo se…pero hay algo que no me convence-
-¡pero si aun no hemos visto nada!-dijo la chica con sorpresa-aunque…pensándolo bien, después de todo lo que nos a pasado, no es descabellado pensar mal-
-tampoco es para ser tan negativo mujer. Seguro que solo es paranoia mía, aunque el capitán me preocupa-
-no le noto nada raro, solo es más duro en los entrenamientos pero eso es normal-
-creo que hay algo que le preocupa. Por lo que pude oír cuando nos encontramos con Tic lo mas seguro es que le eche un buen rapapolvo a esa tal Larissa-
-¿Por qué? Son hermanos, al parecer-
-eso no excluye que le de un toque de atención de vez en cuando. Sin embargo, esta vez parece que se ha pasado en su labor, nunca debió atacar a su propia gente, un buen gobernante no elimina a su pueblo-
-¿¡como pudo hacer eso!?-grito la chica haciendo que algunos transeúntes les prestaran atención- eso es propio de un dictador, es terrible-
-lo es-dijo Steven.
A las puertas del palacio un puñado de guardias esperaban. Al ver al capitán Sraz acercarse se dirigieron a él, deteniéndole el paso.
-capitán, hemos recibido ordenes de conducirle ante el Consejo, tiene asuntos que tratar con usted-dijo uno de los soldados.
-está bien-dijo sin más Sraz-Dione, Henry, buscad alojamiento a los chicos-
-eso también lo deben decidir sus señorías, recuerde que ahora esta bajo en mando de la señora Tholen-
-no creo que a ella le importe, recuerdo haber informado de la importancia de estos jóvenes, importancia capital para Salduvia-
-tan solo obedecemos ordenes, señor. Por favor, ruego que me acompañe, los demás podrán esperarle frente a la sala de reuniones-
Mirando a los chicos, Sraz asintió, para adentrarse en el palacio.
-ves lo que te decía-murmuro Steven a Virginia.
-eres un gafe-respondió.
Tras adentrarse en las entrañas del palacio, fueron a parar a un patio porticado con diversas puertas a los lados y una fuente en el medio. Los guardias frente a la puerta más grande y decorada se cuadraron al ver al capitán. Procedieron a abrir la puerta para que entrara el solo, los demás se quedaron fuera a la espera.
La sala era cuadrangular y se dividía en tres naves, de las cuales la central destacaba tanto en anchura como en altura. No había prácticamente decoración pero los juegos con la luz que entraba por las vidrieras lo compensaba con creces. Al fondo, siguiendo una alfombra roja y en una zona mas elevada, cinco hombres sentados observaban al recién llegado. Obviamente, los guardias que permanecían en la sala tampoco le quitaban el ojo.
-magistrados-se cuadro Sraz.
-un placer volver a verle, capitán-dijo el consejero de en medio, cuya silla destacaba frente a las otras- lamento informarle de que en estos momentos, nuestra querida Larissa, no se encuentra en Ravinica-
-¿a que se debe esa ausencia?-
-no se preocupe, volverá en unos días. Supongo que sabe que los norteños han empezado a moverse ¿no?-
Sraz asintió.
-bien, podremos entonces ir al grano viendo que sabe el estado actual de los acontecimientos-
-no ha respondido a mi pregunta, excelencia-
-sabe todo lo que necesita saber. Procure no volver a alzar la voz en nuestra presencia-dijo el magistrado central amonestando al capitan- bien, creo que viene acompañado de cuatro de los Selladores, corríjame si me equivoco-
-¿para que corregir algo que sabe a ciencia cierta? Por favor, déjese de rodeos y diga lo que tenga que decir-
-una salida de tono mas y será apresado, Sraz-alzo el consejero mas a la izquierda.
-¿esos niños son fieles a Salduvia?-pregunto un consejero.
-no han demostrado ni afección ni lo contrario a nuestra lucha. Sin embargo, al llegar a nuestro mundo se enfrentaron a un regimiento del Dominio. Prueba de su habilidad es el que lograran salir bien parados, no creo que tengan a bien pasarse al enemigo-
-entonces podrán ser usados para la lucha ¿verdad?-
-están demasiado verdes como para que participen en la guerra-
-eso es lo de menos, capitán. Tan solo son armas andantes, conseguirán sus esferas y lucharan por nuestra gloriosa causa-intervino otra vez el anciano del medio-su labor a terminado. Gracias por escoltarles hasta la capital, vuelva sin temor a la frontera. No tomaremos cartas en su administración de la zona y tampoco en las innecesarias vidas que usted hace que se cobren-
-me niego a dejar a los chicos en sus manos, distan mucho de ser armas y jamás han visto los horrores de una guerra. No permitiré que se les exponga a tal trauma-

-su opinión no es relevante, capitán. No esta en su territorio ¿o debo recordarle el acuerdo por el que usted gobierna la frontera?-

En estos momentos de tensión en crecimiento conviene oir la siempre enriquecedora, y despreciada por muchos, opinión de los guardias apostados a los lados de la entrada principal a la sala.
-psss-susurro un guardia a otro-psss-insistió con ganas para no obtener respuesta-¡pssss!-
-¿Qué demontres quiere Dave?-
-¡baja la voz Micke, no quiero pasarme otra temporada en el calabozo!-
-ahora el que gritas eres tú, cálmate. ¿Qué quieres?-
Dave se acercó mirando de cuando en cuando a los consejeros y a Sraz para comprobar que no les prestaban atención.
-¿crees que podríamos con el?-dijo Dave.
-no-fue la criptica respuesta de Micke-
-bueno, es un viejo, deberíamos tener ventaja por ello-
-tan solo tiene 32 años, Dave, el pelo blanco fue producto de una enfermedad y el aspecto envejecido será por no cuidarse-
-¡santos electores! Entonces, nos vencería sin más-
-¿y por qué crees que nos vamos a enfrentar a el?-
-teniendo en cuenta el cariz que están tomando los acontecimientos…-
-espero no tener que apresarlo-dijo Micke-no por enfrentarme a él, no nos hará daño y por numero caerá, sino porque debe ser la única persona con criterio de todo el reino-
-eso es algo escaso, incluso Larissa esta perdiendo fuerza, espero que esto no degenere en…-
Dave palideció nada mas escuchar las palabras de Sraz a los consejeros.

-si hacen eso, si están dispuestos a traspasar la línea que les he marcado, espero estén preparados para la tormenta que se desatara aquí, en Ravinica-
-¡eso es desacato!-exclamo un consejero.
-¡no le permito…!-
-tranquilidad, compañeros, tranquilidad-dijo levantándose el consejero central-no estará dispuesto a llevar a termino esa amenaza ¿verdad?-
El capitán tan solo dio media vuelta en dirección a la salida, no tenia más que hablar. Micke y Dave no sabían a ciencia cierta lo que hacer, así que alternaban las miradas entre los dos hombres
-si atraviesa esa puerta quedara bajo arresto en el palacio hasta nueva orden-
Sraz le miro de soslayo, se dirigió a la puerta para abrirla, ambos soldados agacharon la cabeza y su superior se fue dejando al consejero con la palabra en la boca.
-sin duda, va a ser un estorbo para nuestros planes-

Los chicos se habían esparcido por el patio bajo el cuidado de Dione y Henry, quienes parecían inquietos ante la suerte de su superior. Elisabeth permanecía a su lado para enterarse de lo que fuera que pudiera llegar a pasar. Por su lado Virginia y Lucas permanecían sentado en un banco de piedra al poco sol que aparecía tras las nubes y Steven aparecía de una puerta seguido por un guardia.
-gracias por indicarme donde estaban los baños, no podía más-
-no debes darlas chico, estamos aquí para cumplir-
Steven se acercaba a sus amigos justo cuando Sraz aparecía airado de la entrada a la sala. Rápidamente sus subordinados se le acercaron interponiéndose entre Micke y Dave, que seguía al capitán hasta sus aposentos.
-¿Qué a ocurrido, capitán?-dijo Henry al ver la actitud de líder.
No encontró respuesta y Dione le cogió por el brazo para retenerle.
-déjale ir Henry, ya lo sabremos. Ocupémonos de los chicos para evitar que se pierdan o cualquier cosa-
Su compañero tan solo asintió cuando uno de los consejeros, el de la silla central, aparecía por el umbral de la puerta.
-como no, Josef Rais-susurró Dione mirando enfadada al consejero.
-así que-se refirió el consejero a los chicos-vosotros sois los afamados Selladores. Es honor teneros en Ravinica, os invito a conocerla sin restricción. Sé que pertenecéis a otro mundo, os trataremos bien para que no añoréis vuestro hogar-
-gracias por su amabilidad-dijo Elisabeth tras mirar fugazmnete a Dione-¿Cómo debo dirigirme a usted?-
-oh, consejero Rais o tuteame si asi lo deseas jovencita. Ahora que hablas de nombres no tengo el gusto de conocer los vuestros-
-mi nombre es Elisabeth, este es Steven-señalo a su derecha y el chico saludo con la cabeza al consejero- y aquellos dos de allí son Virginia y Lucas- ambos se habían levantado al ver aparecer en escena a Sraz y observaban confusos.
-es un verdadero placer conoceros, no obstante debo dejaros, la vida de un consejero es muy atareada-
Dicho eso se interno en el edificio cerrándose las puertas al cruzar el umbral. Rápidamente Virginia junto a Lucas se acercaron.
-¿Qué ha ocurrido?-preguntaron a la vez.
-sabemos tanto como vosotros-dijo Steven mirando a Dione.
-estamos todos igual, pues-contesto la soldado a la mirada del chico-pero estando de por medio esa víbora no será nada bueno-

Una vez ya todos estuvieron establecidos llego la calma y la noche. Ravinica dormía y los chicos igual. Sraz por su lado, sentado en una vieja butaca de cuero, contemplaba el crepitar las llamas del fuego de la chimenea que tenia enfrente. No obstante la mesa que estaba frente al capitán, la cual parecía levitar mientras se caía a pedacitos, llamaba un poco su atención. Estaba demasiado absorto en sus recuerdos y pensamientos. Recordaba como era todo cuando él vivía. Gente como Josef Rais eran mantenidas a raya por el rey, quien ni siquiera llego a tener un consejo. Pero a su muerte, quien tuviera la suficiente ambición podía hacerse con el poder, o partes de este, sin mucho esfuerzo. ¿Acaso Larissa era la marioneta de Rais como lo parecían los demás consejeros? No, la misma víbora había descubierto su plan y los acontecimientos le estaban siendo propicios.
La cuestión ahora pasaba por lo que debía hacer. Permanecería encerrado hasta la llegada de la reina y en ese tiempo debería pensar en una salida lo mas diplomática posible al problema que tenia en manos.
-¿capitán?-dijo la voz de Dione desde la puerta-permiso para…-
-¿desde cuando esas formalidades?-dijo el capitán sonriente.
Tras Dione entro Henry y ambos se sentaron en las butacas que quedaban libres.
-¿Qué ocurrió en la tarde?-pregunto Henry-me apuesto a que los quieren usar como armas-
-y acertarías- respondió el capitán cogiendo una astilla de la mesa en descomposición para lanzarlo al fuego- pretender usar a los chicos como arma o más bien seguro, incluso moneda de cambio si todo se tuerce-
-¿pretenden dárselos al Dominio en caso de invasión?-pregunto Dione.
-todos sabemos que no atacan en serio desde hace años, lo mas seguro es que a Sanzio no le interese mantener Salduvia y prefiera atemorizarnos con una posible conquista. A quien teme Rais es a los norteños, en caso de conquista pretende entregar el país a cambio de inmunidad. Si eso no les convence les dará a los chicos-
-¡maldito bastardo mal nacido!-grito Dione-¡pretende venderlo todo y a los niños por salvar su asqueroso pellejo!-
-se debe de ver muy seguro para sincerarse, capitán-
-lo se, espero que Larissa no sepa nada…de saberlo, creo que nuestras vidas están en grave peligro. Ordenara ejecutarnos para evitar una guerra civil-
Se produjo un incomodo silencio, justo cuando los restos de la mesa comenzaban a convertirse en objetos aleatorios. Una pata se convertía en un pedazo de hierro, que a su vez se convertía en oro. Otro pedazo se convertía en una miríada de mariposas, algunas astillas desaparecían para aparecer a kilómetros de distancia y el trozo mas grande experimentó lo que era la vida, convirtiéndose en elefante, y también la sensación que tiene una particula viajando a la velocidad de la luz pasando por todos los caminos posibles en dirección a una luna de Ati´un.
-entonces ¿Qué piense hacer con eso?-dijo Dione en referencia a la esfera rojiza, cuya luz crepitaba y cambiaba hacia al naranja, en su perezosa caída al suelo.
-aun no lo se, desde luego no le entregare la Esfera del Caos a Larissa como me pidió el Oraculo. No obstante, llegado el momento…-


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