martes, 13 de marzo de 2012

Ravinica

La red de posadas de Salduvia era bien reconocida como la mejor del continente, y casi del mundo. Solian estar a intervalos regulares entre los enclaves más importantes del país, sobre todo en Solfed, dando cobijo a todo tipo de viajeros y sus historias. Grandes eventos se dieron en algunas de ellas, eventos importantes, de relevancia mundial en los que se ven incluidos magos y secretos de estado. Luchadores de aquí y allá miden sus fuerzas cuando coinciden en estos locales siendo víctimas de sus fuerzas el propio local y el alcohol que estas guardan. También en algunas, sobre todo al sur del Río Extremadamente Corto para el Nombre que Tiene, se reúne, en jaurías, cierto tipo de planta antropomórfica con una aberrante, denigrante, artística y salvaje adicción al té, o como se dice en las tierras del norte: zumo de manzana. De vez en cuando la gente usa estos locales para descansar en su camino, pero ¿a quién le importa algo así?
Y sin embargo, la luz entraba por la ventana de la posada 24, ubicada entre Solfed y Ravinica. Una habitación de huéspedes normal y corriente. Cuatro paredes de madera, con sus vigas de madera, su suelo de madera, techo de piedra y dos camas. Armarios pegados a las paredes y la ropa de las dos chicas que moraban en la habitación convenientemente tirada en el suelo. No era mucha para consuelo del servicio de limpieza, un importante grupo de presión en la corte de Salduvia.
En la cama más cercana a la ventana, situada frente a la puerta de entrada al cuarto, cerrada para más información, yacía estirada Elisabeth en cruz con las piernas abiertas. Con su camisa de seda blanca, al cuello un curioso lazo rojo, y su falda hasta las rodillas, permanecía mirando al techo. Algunos dedos de las manos estaban vendados, el entrenamiento en el manejo de la magia suele producir todo tipo de heridas, magulladuras y traumas infantiles aunque tengas 40 años. Pese a todo ella sonreía sintiendo la brisa mañanera.
Sraz les había estado entrenando desde que salieron del pueblo hacía más de una semana y no eran entrenamientos blandos ni fáciles. Les hacía correr nada más levantarse, flexiones, planchas…una vez les dejo en medio de la nada todo un día para que colaboraran. Dione se encargaba de entrenarles en magia y Henry les enseñaba todo tipo de estrategias. El capitán también les enseñaba a usar sus respectivas armas.
Ella, Elisabeth, se quejaba los primeros días, trataba de revelarse pero se enfrentaba a alguien que estaba trillado en el trato con reclutas poco colaboradores. Si Sraz escuchaba más quejas de lo normal le mandaba correr más tiempo, de continuar ponía a los otros tres en su contra para que se calmara. Al final siempre cedía, su cabezonería tenía un límite y la paciencia de su entrenador parecía ilimitada. Sin embargo, el día anterior uso tanta magia que se desmayó de puro agotamiento. Al despertar no se podía mover de las agujetas.
-te dije que el poder mágico tiene un límite, hay que esperar un tiempo entre un hechizo y otro, sobre todo dependiendo de la potencia y en especial si eres un principiante. -dijo Okami, la vara parlante, que estaba apoyada en una pared.
-lo sé, lo sé-resopló la chica-tan solo quiero progresar ¿vale? Ser fuerte-
-lo serás, pero así no. El camino de la magia exige gran paciencia y dedicación. Aprender de los errores y conocerse a uno mismo, no es solo el número de hechizos que se dominen. Por mucho que Virginia use el Ragnarok, hechizo más poderoso de tierra, sin practica constante no desatara su poder y será inútil. Tienes la Aptitud sí, pero eso no te garantiza avanzar rápido o ser mejor. Por eso te pido calma-
-es frustrante estar rodeada de personas capaces de defenderse con soltura-
-¿tus bolas de fuego no te resultan suficiente? Por amor de los Electores ¡explotan! Hay magos que jamás han logrado dar tal efecto a un hechizo tan simple-
-pero…-
-no hay peros que valgan. Si te preocupa quedarte atrás, olvídalo, no te dejaran atrás. El capitán trata de uniros como grupo para evitarlo, los tiempos que corren son peligrosos, en especial los de las praderas del este-
-aun así quiero ser más fuerte, mucho más, la más poderosa maga de todos los tiempos y lo hare a cualquier precio-decía estirando una mano al techo junto a muchos auch-¡ya lo veréis!-
-empieza por tranquilizarte y duerme. Hoy toca descanso, mañana puede que también. Así que…-
-cualquiera duerme con esos montando tanto jaleo-
Se puso la almohada sobre la cara y lo lamentó entre muchos quejidos.

Lucas estaba frente al capitán. Su cara reflejaba el enfado de aquel que muerde el polvo demasiadas veces, estaba lleno de polvo, golpes y magulladuras. Sraz por su parte permanecía impoluto. No era para menos, él tenía todas las ventajas: más musculo, más técnica, más experiencia y más altura.
-desde el principio, Ingram-ordenó se puso en guardia-¡ya!-
El chico cargo con un grito contra su adversario de frente. La contra el gancho de derechas fue en un visto y no visto. Sraz interpuso el brazo derecho para parar el golpe, acto seguido realizo una llave que acabo con Lucas por los suelos boca abajo, el brazo estirado e inmóvil con el capitán sobre su cuerpo para evitar alguna defensa. Los gimoteos no tardaron en hacerse oír.
-repíteme la teoría, pequeño llorón-dijo con tono autoritario el capitán.
-existen varias habilidades innatas, aunque yo no lo tengo muy claro…-dijo Lucas quien automáticamente sintió su brazo estirarse con gran dolor-¡pero combinadas en la lucha cuerpo a cuerpo son iguales o mejores que la magia!-
-muy bien. Lástima que eso solo sea lo más básico, un niño de teta lo recitaría como la Leyenda del Rey Escultor. Dime entonces ¿Cuántas y qué habilidades hay?-
-pues…-dijo pensativo el dueño del dolorido brazo- las llaman Siete Aptitudes y normalmente las personas solo tienen un par por barba. Según usted yo tengo la Aptitud Mach y la Titiritero-
-¡¿Por qué demontres no las usas?! Sin práctica no hay maestría-soltó a su presa y esta se puso de pie quejándose del brazo-no me cabe duda: los de tu mundo sois débiles, unos verdaderos haraganes que no conocen la dureza de la vida. Para nada me sentiría orgulloso de que me representarais en ningún lugar-
-¡eh! A los de mi barrio les temen-Steven, al escuchar eso, se cayó del muro donde se sentaba por la risa producida-¡es verdad! Y te lo mostrare, capitán de pacotilla-
Y volvió a cargar por el frente. El chico parecía insistir en no aprender y Sraz se encogió de hombros. Vio otra vez el brazo venir directo a la cara y procedió a realizar una llave, sin embargo, su objetivo había desaparecido. Se giró al notar que había fintado hacia su espalda.
-eso quería Ingram…-
Lanzo un puñetazo que el chico esquivo. Luego otro y otro cada vez más rápido pero los esquivaba todos, daba igual la velocidad. El capitán opto por probar otra estrategia amagando un golpe al estómago le lanzo un izquierdazo a la faz. Esta vez pico el anzuelo recibiendo Lucas el golpe de pleno, pero no fue al suelo. Se lanzó al contraataque con toda su velocidad con un golpe directo a la cara, esta vez volvía a cometer el error pues Sraz le cogió el brazo pero el chico siguió los movimientos del rival logrando escapar.
Para pensar mejor lo que hacer Lucas puso tierra por medio entre ambos.
-¿te rindes?-pregunto Sraz.
-ni de coña, solo pienso en que hacerle-
-¡animo Lucas!-grito Virginia desde un murete en el que se sentaba junto a Steven, Dione y Henry.
-gracias, ya verás como…-
Antes de acabar la frase ya tenía a su rival encima. A duras penas se escapó del placaje del capitán, quien podría haber pasado por un toro perfectamente. Volvían a estar separados por unos metros. El pobre chico empezaba a darse cuenta de que no podía quitarle los ojos de encima a ese viejo, de hacerlo estaba perdido pues se lanzaría al ataque sin dejarle descansar.
Sin más Lucas realizo otra de sus ya repetitivas cargas. Sraz estaba preparado para dejar fuera de combate a ese niño pero antes de llegar empezó a moverse a toda velocidad de aquí a allá. Algo aprendía el crio después de morder tanto polvo, esa era una noticia espectacular.
Logro el chico golpearle en unas cuantas ocasiones sin que su viejo rival pudiera defenderse pero no se rendiría con facilidad. Se agacho Sraz para dar un puñetazo al suelo y, mediante la magia, lograr que empezaran a levantarse columnas de piedra con las que entorpecer a Lucas.
-¡eh! Usted dijo que no se usaría magia-se indignó Lucas-donde usted abusa poco quiere más-
-en la guerra el enemigo usará todo lo que tenga al lado, métetelo en la cabeza-
Pese a todo el chico mantenía la calma ante las columnas que salían de todas partes. Pensó en la dificultad de esquivar todo eso, en lo fácil que sería impulsarse con una para atacar desde arriba pillando al viejo desprevenido, aunque si una cosa de esas lo cogía lo lanzaría sin control. Podría arriesgarse y apostarlo todo, es más, podría aterrizar en los suaves y mullidos brazos de Dione. Eso estaría muy bien, demasiado bien…
La cabeza de Lucas, con toda la mala fortuna en 40 kilómetros a la redonda, se interpuso en la trayectoria del puño derecho del capitán y cuando se quiso dar cuenta de lo que había pasado habían pasado varias horas. Pero eso es viajar a un futuro muy distante.
-jamás-dijo Sraz mirando al chico tirado fuera de combate en el suelo-jamás te desconcentres en una batalla o estás muerto. Henry, ocupa de él. Linberg le toca-
De un salto se levantó en chaval de pelo negro, se quitó su cazadora para dársela a Virginia (que luego fue corriendo a ver a Lucas por si era necesaria) , se remango su camisa y se colocó los tirantes.
-¿no necesita un descanso antes de seguir capitán?-dijo con cierto retintín.
-me encantáis los jóvenes, tan llenos de energía, coraje y osadía. Tengo entendido que sabes algún tipo de lucha-
-tan solo se dar un par de patadas de nada, lo normal para algunos de mi mundo-
-interesante…empecemos pues-
Sin más Steven se lanzó a la carrera para empezar con una patada voladora, el viejo le esquivo sin despeinarse pero pronto tuve parar una patada giratoria a la que siguió otra del lado opuesto a la primera por lo que el chico acabo en el suelo para realizar un barrido con ambas piernas antes de volver a estar de pie.
-¿le parece suficiente o voy más despacio?-pregunto el chico.
-no está mal, lo reconozco. Un buen comienzo el tuyo, haces bien en no dejar respirar al rival. Hace tiempo que no veía eso en un luchador…-
Hay estaba otra patada. Parecía que al chico no le gustaba que hablasen cuando había cosas mejores que hacer. Seguía pateando a su rival con ambas piernas para acabar girando sobre si mismo y cocear, eso hizo tambalear a Sraz.
-¿Qué puedo decir? Una buena técnica, rapidez y convicción al atacar. Aptitudes Mach y Arquimedica, una buena combinación. Sin embargo, esa pierna derecha va más floja que la izquierda…-
-todos tenemos fallos ¿no? Estoy viendo que se va a aprovechar del mío-
No tardo en comprobar como se lanzaba su viejo rival a golpearle por la derecha y a duras penas le vio venir pero respondió con una patada a la altura de la clavícula izquierda del rival. Intercambiaron unos cuantos puñetazos hasta alejarse el uno del otro. El combate seguía mientras Henry y Dione lo observaban con detenimiento, Lucas permanecía fuera de combate con Virginia dentro de la posada.
-no puedo creer que le esté dando tantos problemas-dijo Henry sorprendido- pese a que el capi ha sabido encontrar rápidamente su punto débil él…
-Steven ha dado con suyo también. Solo los Electores sabrán como acabara esto, aunque está claro quién ganará-dijo Dione mirando indiscretamente a cámara.
El joven trataba de alcanzar como podía la clavícula de Sraz y este solo atacaba por el punto ciego del otro. Ambos querían ganar fuera como fuera, el honor no importaba y la lucha justa tampoco, solo importaba ganar. Llegaron a lanzarse arena a los ojos, Sraz comenzaba a usar magia y Steven pateaba con más fuerza, ambos se empezaban a cansar y no había un claro ganador.
El capitán tomo la delantera otra vez por la derecha, sabia que el chico le patearía asi que al ver venir la pierna la agarro, golpea a la otra y tiro al chaval al suelo, este no paraba de moverse cual anguila pero la llave estaba hecha y la pierna izquierda inmovilizada.
-al final te falto creatividad en el ataque. Debes aprender mucho más pero estas en el buen camino-
-me alegro de oír eso-dijo Steven una vez estuvo de pie-espero no haberle destrozado la clavícula con tanto golpe-
-esta vieja herida de guerra aguanta bien, ahora ve a ducharte. Por la tarde seguiremos hacia la capital.
El chico se alejaba y Sraz no le quitaba el ojo de encima. Sus subordinados se acercaron para comprobar su estado pero él no les hizo caso, solo tenía ojos para ese chaval de pelo negro y gafas. Le recordaba a alguien, lástima que llevara 20 años muerto.

A la hora de comer pocos estaban a la mesa. Dione y Henry estaban ocupados con esas cosas tan especiales que hacen los militares. Lucas aun permanecía inconsciente en la cama dando de vez en cuando algún que otro espasmo confirmando que estaba vivo. Virginia sí que estaba en la mesa, y Steven igual, Sraz estaba en su habitación escribiendo, pero los dos chicos veían una estampa un poco extraña. Elisabeth también estaba a la mesa, rodeada de platos vacíos y limpios como una patena. Se había levantado hacia bien poco y solo dijo una palabra: hambre.
Lo siguiente fue comer de una manera que avergonzaría al mismo Galactus y haría llorar a la señorita Rotemeyer ante la falta de decoro. La chica llenaba sus carrillos hasta más no poder, engullía casi sin masticar y no parecía cansarse.
-vaya-dijo Virginia riendo un poco-veo que ya estás bien Eli, me alegro-
-fraun farafafel fronfrun-dijo la hambrienta.
-incluso ha aprendido idiomas en la siesta-dijo Steven chistosamente pero fue fulminado con la mirada de la devoradoras de carne.
-¿te fas a comer efo?-dijo Elisabeth mientras se metía en la boca una pechuga entera.
-sí, tú ya tienes bastante-
-¿en ferio?-
Steven empezaba a asustarse al ver la mirada de la chica, la misma mirada que pondría un Pinpin al ver una manada de vacas en un redil. Sin más le cesio el plato y Virginia le imito al instante, daba miedo verla comer.
-te va a sentar mal si comes tan rápido-dijo Virginia no sin preocupación- la comida no se ira a ningún sitio ¿sabes?-
-yo of feo moverof…-
-¿ahora eres tú la chistes?-
Pero no hubo respuestas, más allá de algún ñam ñam. La estrambótica situación duro lo mismo que las reservas de la posada.
-¡qué bien se siente una después de dormir la mañana y comer como Dios manda!-dijo Elisabeth estirándose en la silla.
-creo que el jefe del local hablaba de bancarrota-
-las camareras corrían con las manos en la cabeza de un lado a otro, Eli-
-¡bah! Tonterías vuestras-
Dione entro en el comedor para avisarles de que se prepararan para continuar el viaje. En menos de diez minutos todos estaban en camino hacia Ravinica siguiendo a la chica de voraz apetito en su rápido caminar. Parecía estar llena de energía e incluso le rebosaba por todos los poros de su brillante piel. A nadie le pasaba inadvertido el súbito subidón de la chica, pero eso era mucho mejor que escucharla quejarse del camino, de los bandoleros, de las posadas que no tenían ducha y de todo en general.
Ravinica les esperaba al final del camino y con ello nuevas emociones.


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