domingo, 29 de julio de 2012

Ravinica: la dama intranscendente.


-te resultará molesto tenerme tan cerca ¿verdad?-dijo una exultante Dione de brazos cruzados frente a un Lucas que, para nada, atravesaba su mejore momento.
Colgado, maniatado, o mejor dicho, con cuerdas rodeándole todo el cuerpo, se mantenía medio metro por encima del suelo de una de las múltiples callejuelas de Ravinica, ciudad que en verdad es un conjunto de callejuelas sin orden y concierto más allá de la avenida principal y las calles que corren paralelas a las murallas que dividen los distintos distritos.
-es verdad, perdona, se me había olvidado que no puedes hablar-dijo socarronamente el miembro de la resistencia-pensé en reprocharle al capitán el haberme asignado tu entrenamiento. ¿Sabes? Pero lo voy a disfrutar, eres tan primario…-
Eso enervó los ánimos del joven terrestre, unos ánimos que ya de por si estaban muy disparados al estar tan cerca de la parte que viene después de la barbilla de una mujer. No paraba de revolverse, de tratar de mecerse hacia delante o tratar de quitar la mordaza que le tapaba la boca. Todas esas acciones fueron fruto de una serie de acciones que desencadenaron  una reacción: las cuerdas se tensaron más. Eso solía ser bastante negativo para el sistema circulatorio de cualquier vertebrado, salvo para las plantas bebedoras de té, cuyo cuerpo está compuesto por una serie de ingeniosos sistemas de pesos, contrapesos y poleas. Bien pensado quizás sean un mal ejemplo, hay muchos que no las consideran vertebrados, pero eso solo son comentarios muy interesados.
-¿te he comentado que esos cordajes se tensan con el movimiento? ¿No? Pero que torpe me he levantado hoy, algún día dejaré por ahí, en cualquier sitio, la cabeza-se sujeto la cabeza con ambas manos y saco pecho-mira que la prueba era fácil: atraparme. Vale, podrás quejarte de no conocer el terreno, te permito incluso decir que la gente te entorpeció en los tejados, pero chico tus aptitudes fomentan tu velocidad, úsala ¿o es que algo te distrae?- volvió a sacar pecho- te seré sincera: no te entiendo, era un ejercicio simple y no eres capaz de pasarlo. Me decepcionas, de veras-
Al fin logró deshacerse de la mordaza, un trabajo duro y muy técnico por cierto, requirió el uso de movimientos complejos a la par que avanzados por parte de la lengua.
-¿¿te han dado cuerda o te has pasado con el café??-vociferó Lucas revolviéndose-¡¡eres una maldita sádica, una pirada!! ¿¿No os hacen un psicotécnico en vuestro ejército o tan solo os piden estar chalados??-
-usas un vocabulario extraño. ¿Pirada? ¿Qué es eso de dar cuerda? Y eso de psicotécnico suena muy mal, aunque ese tal…Café…me gusta, a partir de ahora te llamare así -se echó una mano al mentón y logro una teatral pose dubitativa- ¿Qué debería hacer…? Podría darte una segunda oportunidad…-
-¡¡sí!!-grito el atado.
-o podría inventar una nueva forma de castigo, una muy indirecta, sin que te enteres de ello. Sí, sería perfecto un poco de juego psicológico ¿no crees, Café?-
Puso su cara frente a la de su prisionero y este no pudo apartar la vista de sus grises ojos, muy fríos a temperatura ambiente.
-seré generosa. Te soltaré, te daré diez minutos y te perseguiré hasta darte caza. Serás un pequeño Chastibin (un cervatillo iridiscente) en manos de uno de esos cazadores de colmillos enormes. ¿Qué dices? ¿Aceptas?-
-¡¡sí!! Pero suéltame ya-
Procedió a cumplir los deseos del chico.
-a partir de ya tienes tus diez minutos. No temas, cerraré los ojos, pero se rápido-
En cuanto esos ojos, perdición de muchos, se cerraron y la entrenadora se cruzo de brazos, Lucas, no dudo en correr como nunca. Salió disparado hacia la derecha topándose con un muro. Nada complejo de saltar gracias a las aptitudes potenciadoras de sus habilidades.
Subió y se encontró en el techo de una casa. El distrito más bajo de Ravinica, situado a los pies del peñón, es el más caótico de toda la ciudad, así como el más pobre. Pequeñas casas de adobe, madera y piedra se distribuyen por todas partes de manera azarosa. Tenia suerte de que los tejados fueran o aterrazados o con una doble vertiente muy poco acusada. También estaban pegados y tan cerca que saltar de uno a otro era muy fácil.
En muy poco tiempo se alejó más de cien metros saltando de tejado en tejado. Cosa peligrosa cuando los niños o propietarios de las casas demuestran su disconformidad con que te pasees por su techo tirándote piedras. La mala suerte se alió con la piedra que dio en la cabeza del chico desequilibrándolo para acabar en el suelo.
-la madre…-se levanto palpándose la cabeza y notando sangre en la frente- tontería de pruebas ¡así no hay quien pueda!-
-¿te rindes?-dijo Dione sentada en el saliente de un edificio- te has hecho daño, has caído y ahí te quedas ¿es así?-
Lucas no respondió, solo la miró con cierta rabia.
En un parpadeo la mujer se colocó en frente del chico, impresionado por su rapidez.
-débil. Retiro lo bueno y esperanzador que pudiera haber dicho acerca de ti, un gran error por mi parte, sin duda-
-no soy un debilucho-
-mírate, pero mírate bien chaval-empezó a dar vueltas en torno a su presa- no das la talla como hombre. Pequeño y delgado, la más DÉBIL brisa te llevaría a los cielos. Eres INCAPAZ de concentrarte, incluso ahora solo piensas en admirar mi cuerpo. Por eso eres tan PRIMARIO, nadie te toma en serio pues solo eres una CARICATURA de un ser humano. No se como te tratarían en tu mundo pero solo hay que ver lo APARTADO         que estas en tu grupo. ¿Crees que esa forma de ser tuya te llevara lejos? Fanfarrón, inútil, tonto, solo vives de lo que tus cánones mentales te dicen que es un buen cuerpo. Pero nadie, nadie te toma y tomará en serio. No creo puedas llegar a nada-
Dio media vuelta dando la espalda al chico, dejándolo solo. Pronto sintió como le agarraban con fuerza el brazo izquierdo por lo que se giro.
-te he atrapado-se limitó a decir Lucas.
-el entrenamiento ha acabado ¿tienes mala memoria?-
-sigamos-
-no pretendía un discurso motivacional, he dicho una realidad-la chica se soltó con brusquedad y echo a andar- tuyo es el deber de aceptar el hecho o cambiarlo. Medita sobre esto y ya veremos mañana-
Lucas terminó por seguirla a unos metros de distancia cuando escucharon una explosión proveniente del palacio. La gente salía de sus casas asustada para solo observar la gran columna de humo negro que se elevaba. No tardo en cundir la especulación y la confusión propia que sigue a estos sucesos.
Dione, sin decir mucho, corrió rumbo al palacio. Lucas tardó un rato en darse cuenta de que la chica le llevaba varias calles de ventaja y no la atrapó, pero logró llegar al gran edificio.
A duras penas entró, la gente se agolpaba expectante en la entrada principal y los guardias apostados en el lugar impedían el paso. No dudo en escabullirse por un lateral para, escalando un muro, llegar al tejado. La vista era del todo privilegiada, Ravinica entera a sus pies pensaba y más allá de las llanuras, toda Salduvia. Contempló la estampa olvidándose del humo que empezaba a envolverle. Sin embargo, dejó de hacer sus cabalas volviéndose al origen del humo.
No le extrañó ver a Elisabeth siendo atendida por lo que parecían médicos, lo suponía por los vendajes que le colocaban en ambas manos y su vestimenta blanca. Al otro extremo del patio Henry yacía tirado en el suelo con los mismos hombres que atendían a su compañera a su alrededor. Parecía desmayado y a juzgar por el estado de la pared sobre la que estaba recostado, posiblemente la explosión le estampara contra ella.
-se quejan de mí porque hago esto o lo otro, porque soy pesado y un inútil. Esas cosas... pero no hago explosiones que destrozan cosas como lo hace ella ¿¡qué clase de mundo ridículo es este!?-dijo Lucas sentándose en la cornisa para contemplar el espectáculo.
Virginia hizo acto de aparición en la escena desde un lateral, delante de lo que bien podría definirse como la perfección hecha músculo. Deslumbro su aparición por el umbral de la puerta a la carrera. Mostrando su poderoso torso, mas de uno se giro a ver el portento. Alguno que otro se cuadraba y saludaba.
Ni el mejor de los escultores renacentistas lograría recrearlo con un mínimo de fidelidad. De la cabeza a los pies rezumaba poderío, tensión, brío al moverse marcando músculos desconocidos hasta el momento por la musculogía.
Su cabeza podría pasar por la creación de un dios en su mayor y mejor momento de creatividad. Todo un dechado de virtuosismo biológico. El inmóvil, pero vigoroso a la par que grácil, pelo negro ónice deslumbraba manteniéndose en una pulcra raya recta al lado derecho. Perfiladas pestañas, ojos negros como el cielo nocturno, capaces, de rayar el diamante y doblegar al mismísimo Chuck Norris; de nariz propia de una estatua broncinea, de rasgos rectos y lisos contemplaba desafiante toda la creación, y esta, aterrada, se amilanaba a cada respiración para mantener a pleno rendimiento aquella imperiosa montaña; bigote negro, liso en su centro pero con un titánico, a la par que juguetón, bucle a cada lado; poderoso, es la palabra mas apropiada para definir el mentón de aquella maravilla humana, unido a una mandíbula de cuadrados y portentosos lados cuya suavidad hacia, que al tacto, el culito de un bebe se asimilara al de un anciano.
Si la cabeza ensombrece a todas y cada una de las musas, el torso las volatilizaría en un instante de puro asombro ante tal y soberana magnificencia. Cada músculo estaba definido con pulcro detalle uniéndose entre si con la mayor de las precisiones y armonías tal, que cualquier director de orquesta envidiaría poseer en sus conciertos. Todo encajaba sin errores, sin maculas que enturbiarán la fluidez del movimiento de cada músculo respecto a sí mismo y al conjunto.
La magnificencia no termina con el soberano conjunto muscular del torso, pues, la espalda, verdadero pilar de tan compleja y supina obra maestra, no palidecía frente al resto y mejoraba sin límite toda la obra. La depresión de la columna dividía en dos tal espectáculo de sudor y color, dejando a los lados portentosos omoplatos y no menos importantes dorsales, trabajados en interminables jornadas de duro, a la par que extenuante, ejercicio físico. La recompensa se tornaba visible y palpable a los mortales, quienes en la corta carrera del fenómeno hacia la insulsa chica del suelo, no podían dejar de admirar con asombro tal suceso.
Todo el tronco de aquel portento físico, de aquel héroe de leyenda griega, de aquella máquina biológica de excelsa factura...descansaba sobre verdaderos pilares. Ni los ominosos Pilares de la Creación, que nos contemplan desde las alturas, ni los pilares de la Basílica de San Pedro, creados para perduran, logran alcanzar ni emular tal dureza y capacidad sustentadora.
Su origen podría ser pétreo o metálico, pues sus muslos no podían ser de vil carne y hueso. Pese al inconveniente de la tela del pantalón, el cual se sentía lleno de deshonra por ocultar tal obra de arte, los muslos se perfilaban con nitidez a cada zancada y dejaban ver la capacidad de torsión de todo el entramado muscular desde la cintura a la punta de los dedos de los pies.
Tal era aquel hombre, sin parangón en aquella tierra.
Ajena a aquella cacofonía de masculinidad, Virginia, se arrodillo frente a su amiga para comprobar su estado in situ.
-¿otra vez se le ha ido la mano? Espero que no le haya pasado nada grave-preguntó.
-no se preocupe, solo tiene unas quemaduras leves en distintas partes de las manos. Se despertará pronto, tan solo se ha desmayado-
-gracias por atenderla-cogió una de las manos de su amiga mientras la miraba a la cara-deberías de controlar la potencia o te terminaras haciendo daño de verdad, Eli-
Sraz, seguido por Steven, entró también a la carrera en el patio. Contempló el lugar de la explosión: los cristales de las ventanas eran historia, algunos guardias yacían en el suelo y por último contemplo a su subordinado. Dione había apartado a los médicos y sujetaba al inerte Henry por las solapas.
-¡despierta de una maldita vez, patética estampa de ser humano!- el bofetón resonó por el lugar haciendo que muchos se llevaran una mano a la mejilla, otros solo contemplaban al portento mientras permanecía de brazos cruzados junto a Virginia- ¡eres un soldado de la Resistencia ¿me oyes? No caemos con tan poco!-
-...Dione, deberías dejarlo en reposo-dijo Sraz poniendo una mano en el hombro de su subordinada-aturdido como está por la explosión, no le harás bien alguno sacudiéndole. Henry es fuerte-
-más le vale serlo...-
En el otro lado Steven se acercaba a Elisabeth tras haber contemplado la desolación pero acabo encontrándose de frente con la perfección.
-¡Jesucristo!-exclamo desde las profundidades del alma.
-¿eh? No, no él es el coronel Milles Davis Collins-señalo a aquel que permanecía inamovible-coronel, mi compañero Steven Linberg. Un sellador como yo-
Solo estiro uno de sus brazos para encontrarse con la mano del joven, y mucho más imperfecto, sellador. Este le miro un tanto asustado hasta que el coronel asintió de manera conciliadora. En ningún momento movió sus labios para hablar.
-su poder ha crecido muy rápido ¿no te parece?-dijo a Virginia pero sin dejar de mirar por el rabillo del ojo a la maravilla hecha hombre y tratando de evitar hablar de él.
-si, pero no lo controla del todo. Seguro que intentó un hechizo nuevo o algo por el estilo y se descontroló. Típico de ella, todo se le va de las manos...-
-nos entrenamos para ganar experiencia y controlar estas nuevas habilidades. Aunque las suyas parecen estar un poco alocadas. Aun así mejorará con el tiempo, ya veras-
-eso esperó-dijo Virginia tras una sonrisa.

Atendamos ahora a otros asuntos en esta gran ciudad. Ravinica, la de múltiples colores pero con una gran predominación del gris, esconde en su seno más de lo que pueda enseñar a simple vista desde el otro punto de las llanuras. Desde lugares tan alejados, al observador le puede parecer que la naturaleza le esta haciendo un gesto obsceno por la forma que llega a adquirir el promontorio, quizá usted se lo quiera devolver, cosa no muy recomendable pues Ati´un tiene unas muy malas pulgas.
Sin embargo, en la ciudad viven todo tipo de personajes con vidas emocionantes e intrigantes. Desde los puertos del río Milvio a lo más alto del peñón, los ravinicenses, viven al límite sus vidas y apedrean sin compasión al incauto que se pasea por sus tejados. Cientos de libros, divididos en trilogías, podrían ser escritos sobre sus aventuras, amores, problemas y quejas por el mundanal ruino que producen esas pequeñas y achuchables plantas bebedoras de té, al sacrificar lo que tengan a mano a su dios del té con el fin de que, algún día no muy lejano que muchos creen que esta en el horizonte y se apresura en llegar, aquel que porte el Gran Cucharón de Plata.
Más allá de toda divagación teológica, a ustedes y a mí nos interesa un habitante en concreto de esta ciudad. Su hogar no se encuentra en lo más alto del peñón, es más su situación a día de hoy suscita debates políticos entre borrachos al son de ritmos caribeños, ni siquiera en los lugares intermedios. No es de ese tipo de personas que gusta de vivir en un sitio visible.
Cerca de los barrios bajos se esconde una acogedora casita de dos plantas al final de una callejuela. Las paredes exteriores no desentonan con el resto al estar pintadas de un escrupuloso blanco mate y su interior esta decorado con la exquisita delicadeza de una jovencita bien educada.
A la entrada, permanecen dos de sus protectores. El alto permanece sentado en el sofá y el mediano sentado en el alfeizar de la ventana a espaldas de su compañero. Ambos contemplan los ires y venires de su joven protegida
-¿y si ha sido un ataque del Dominio mientras Larissa esta fuera?-
-no lo creo-dijo pensativo el de la ventana - la guardia hubiera dado la  alarma y habríamos visto soldados de aquí para allá, cosa que no ha pasado-
-vale, vale, lo que dices es del todo razonable. Entonces, han atacado los norteños-decía caminando de un lado a otro de la habitación-no sabemos con que pueden atacarnos los de la Confederación. Estoy segura de que nos golpean desde la lejanía...-
-te hubieran movilizado hace mucho, Miranda-dijo el alto sentado en el sofá-para llegar hasta aquí tendrán que atravesar la Línea Sangréa antes-
-es verdad...pero...-no prosiguió al ser fulminada por un par de miradas furibundas- está bien, decidme vosotros qué es lo que ha pasado-
-un accidente-contestaron al unísono.
-imposible, hubiera tenido alguna premonición antes de que ocurriera algo así-
-¿no has tenido ninguna?-pregunto el grandullón de nombre aun por conocer.
-no...-dijo Miranda sentándose-nada desde hace unos días-
-hay tenemos la prueba definitiva de que no ha pasado nada grave-intervino el de la ventana- así que no hay nada de que preocuparse, Miri-
Sentada como estada mirando al suelo no pensaba en nada mas que no fuera el estado de Sraz y los suyos. Al fin y al cabo había sido una explosión. Pese a sus poderes no lograba localizar a nadie en el palacio y alrededores, había algo de un poder enorme que se oponía al suyo venciéndola sin dificultad.
-tengo que ir-dijo.
-¿A dónde?-pregunto el de la ventana levantándose.
-a verles, hay algo...-
-¡¡no lo hagas!!-gritaron los dos y el tiempo se detuvo.
-lo siento. Ya me echareis la bronca luego-
Es curioso el funcionamiento del espacio y del tiempo, sobre todo teniendo en cuenta que ambos son lo mismo. Toda Ravinica hasta donde alcanzaba la vista había sido detenida por obra de una única persona. Necesitaba esa cubierta para llegar al palacio. No la dejarían salir de casa y el consejero Rais la reprendería en cuanto la viera aparecer. Por lo tanto era la única opción que le quedaba.
En cuanto cerró la puerta de la casa sus vigilantes hicieron poco caso del hechizo lanzado.
-¿se ha ido ya?-dijo alguien desde las escaleras.
-tal parece. Fingir estar quieto en esta pose de bailarín de valet tras levantarme no es muy cómoda que digamos-dijo el de la ventana.
-es extraño que haga estas cosas-dijo el del sofá-¿habrá pasado algo serio?-
-no lo creo, solo se preocupa en exceso. Descuidad-
-por cierto, el maestre se a puesto en contacto con Nathaniel y quiere que hagamos algo-dijo el de las escaleras.
-¿nosotros? Las cosas deben de estar muy, muy mal para mandarnos algo que no sea vigilar a la nena-
-la nueva misión es algo similar-
-sorpréndeme-
-ordena probar a esos selladores. Comprobar sus habilidades-
-felicidades lo has hecho, Tass. ¿Enfrentarnos a unos crios? Que bien-
-podría ser peor, hermano-dijo el del sofá-recuerda lo que pasó cuando llegamos aquí-
-tonterías. ¿Qué opina Nath de todo esto?-
-si no hay más remedio...-dijo Tass.
-siempre en su línea: descafeinado. ¿Kail?-
El grandullón se mesó su ingente cantidad de bello facial antes de contestar.
-debemos cumplir las órdenes que se nos dan-
-genial. Tú estas a favor ¿a que si?-
-en efecto, hermano-
-fantástico...-dijo el de nombre desconocido.

Verlo todo parado provoca una sensación desconcertante. El cerebro trata de asimilar ver una bandada de pájaros flotando en el aire en formación sin que se muevan, pero apenas lo logra: la gravedad debería tirarlos. Gente que corría aparece suspendida a escasos centímetros del suelo por una fuerza invisible, pero las nubes se siguen moviendo muy por encima de la ciudad y el viento también sopla.
Mirando iba ajena a todo esto en su camino al palacio. Rais le había sugerido permanecer en aquella casa sin salir, la gente correría en verdaderas manadas para verla. En la situación actual podría llegar a convertirse en un verdadero problema y el consejero se caracterizaba por ser un garante del orden establecido.
Hacia un buen rato, antes de que ella detuviera el tiempo, la aglomeración humana frente al palacio se había disuelto, por eso no encontró problema alguno en entrar. Tardo varios minutos en orientarse, hacia años que no pisaba ese edificio y prácticamente se le había olvidado aquel intrincado conjunto de patios unidos a interminables pasillos que daban, tan solo en algunos casos, a torres. El anónimo que diseño el palacio se le concedió el premio a la excelencia en lo retorcido, pero como era un desconocido se le entregó al segundo que paso por la calle ese día.
Al final termino por encontrarle.
-¡por fin!-
-¿Miranda?-dijo el capitán Sraz sin entender mucho- los guardias ¿Cómo lo has hecho? Están paralizados-
Salio de la habitación para ver su estado. Los zarandeo y los abofeteo pero ninguno dio señales de moverse por cuenta propia. No cabía en su asombro, ella le miraba sonriente y el mundo entero no parecía interesarse por seguir su curso normal.
-antes tú no...¿Qué ha pasado? ¿Desde cuando sabes usar magia?-
-me entrenaron tras ver que tenia potencial-dijo la chica alegremente- Larissa insistió en que el Oráculo me entrenara. Soy una maga del Continuo-
El propio silencio pareció verse afectado por el hechizo reinando en la estancia. Sraz apoyado como estaba en el marco de la puerta daba una impresión de lo más amenazadora.
-Dione y Henry ¿están bien? La explosión me ha sorprendido, supongo que como a muchos y he estado bastante inquieta, por eso estoy aquí-
Seguía impactándole su sonrisa. Para ella todo era normal. Parar el tiempo, venir a verle y explicarse como si no fuera nada. Las cosas empezaban a darle vueltas en su cabeza.
-¿estas bien?-pregunto la chica-quizás no debería...-
-has hecho bien, créeme-por fin abrió la boca- Henry resulto herido por la explosión. Nada grave, no hace falta que te preocupes, Miranda. Dione está con él en estos momentos, si decir eso tiene sentido dadas las circunstancias-
-lamento haberlo parado todo, no me quedaba otra opción-
-¿a que se debe?-
-el consejero Rais insistió en que no me dejara ver. Las personas no me dejarían tranquila y como siempre estoy de paso les decepcionaría cuando me fuera, seguramente sin avisar-
-claro, claro-Sraz no pudo contener su risa- Rais debe estar muy atareado-
-es el consejero jefe y Larissa no esta...-dijo un tanto confusa.
-por supuesto... decías que eras una maga del continuo ¿me equivoco?-
-si, fue duro pero el Oráculo me ayudo mucho. Cuando nos encontramos en Solfed venia de darle las gracias por todo-
-ella es siempre tan solicita al ayudar a los necesitados que es digna de admiración, si-se sentó en la silla que tenia mas cerca para contemplar a Miranda-también es digno de mención que mi querida hermana velara tan bien por ti. Somos todos una familia muy unida-
-creo que soy yo pero ¿estas bien?-pregunto la chica acercándose- le agradezco mucho a ambas lo que han hecho por mi. Seré quien defiende Salduvia de sus enemigos-
-¿Qué?-
Miranda se levanto de su sitio para quitarse su chaqueta y quedarse con una camisa de tirantes negra, también se quito los guantes que llevaba. Sraz palideció al ver la inmensa cantidad de tatuajes que la chica poseía dibujada en la piel. Marcas de todo tipo, formulas mágicas con seguridad, y solo podía ver los brazos pero con toda probabilidad seguirían por todo el cuerpo.
-con esto podré defender Salduvia en caso de verse comprometida la Línea Sangréa-
-¿Línea Sangréa?-
-la línea de seguridad trazada en torno a Ravinica. ¿No lo sabias? Si el enemigo, sea quien sea, la traspasa yo seré quien los pare-
-¿Qué opinan los abuelos de todo esto?-
-ellos...ellos no saben nada y no tienen por que-
-usar a una niña para ganar una guerra que se da por perdida...nunca pensé que llegaría tan lejos. Al menos no parece saber nada de los objetivos de Rais-
-creo...he hablado demasiado. Yo solo estaba preocupada por vosotros y he...-
La chica salió a la carrera del lugar, Sraz no hizo mucho por detenerla ya que ella lo habría paralizado en el acto. Pero la gente comenzaba a moverse. El hechizo se desvanecía. Miranda se dio cuenta de ello y uso otro que la hizo aparecer en su propia casa, frente a sus propios guardaespaldas. El sin nombre se llevo las manos al pecho cayendo a plomo al suelo.
-buena actuación...-dijo Kail-¿todo bien, Miranda?-
-no...-
-deberias de haberte quedado aquí-dijo el aun sin nombre desde el suelo-las cosas estan muy tensas en tantos puntos que acabara por romperse-
-lo siento-dijo la chica subiendo a su habitación.



Esta conción se debe escucharse hasta que llegue el momento.

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