jueves, 25 de octubre de 2012

Ravinica: preludio a la Noche.

Antes del atardecer una de las sirvientas de Rais se dejo caer por el palacio. No iba sola, la acompañaba Carl F. Montgomery cargando con varios petates. Los guardias de la entrada la conocían desde hacia años, era la sirvienta mas veterana del consejero, y no dudaron en dejarla pasar. Tampoco dudaron de las intenciones del desconocido, que no alzaba mucho la cabeza por lo que pudiera pasar.
Atravesaron patios, pórticos y pasillos varios sin que nadie reparara en ellos dos. Aprovechaban un cambio de guardia rutinario dentro del edificio para llegar a donde los chicos les esperaban. La sirvienta pico a la puerta con toda la educación en menesteres serviles que esta poseía y Virginia la correspondió abriendo la puerta. Entro y pidió a los chicos que metieran dentro los petates con distintos ropajes para que se los probaran. A Sraz le había parecido todo muy repentino, dada su desconfiada naturaleza, no pudo evitar estar presente en ese preciso momento. Las chicas se fueron a la otra parte de la estancia a probarse distintos vestidos sin miradas insidiosas y muy interesadas, sobre todo de Lucas.
Los otros tuvieron que esperar sentados a que eligieran la ropa de gala, algo que según la mitología puede tornarse en algo eterno o en su defecto desesperadamente largo. Tuvieron suerte y a los pocos minutos salieron con sus ropas en la mano. Luego pasaron Lucas y Steven tardando  casi lo mismo que sus compañeras. Desde luego los trapos que Rais les cedía con toda su buena voluntad eran pocos y no muy destacables. Se notaba que el consejero no se tomaba esto como un honor, era más una obligación que había aceptado a regañadientes.
Tenían un par de horas antes de la cena, la sirvienta dedico un tiempo a exponer los pormenores y protocolos que debían mantener antes, durante y después de la cena. Lucas pregunto si habría un afterhours. Steven respondió con una colleja a su pregunta. Era de suponer que no estarían tanto tiempo en la mansión del consejero como para ver el amanecer y pasárselo bien.
Una vez finalizada su labor la sirviente se fue dejándolos con sus nuevos vestidos y constatando que la moda, cuanto menos, había abandonado Salduvia como alma que lleva el diablo. De entre toda la ropa que les ofrecían, las chicas se conformaron con lo mas discreto, pues lo demás eran horrendamente recargado, colorido y excesivamente escotado, en lugares ignotos incluso, para los cánones occidentales. Elisabeth opto por una falda larga de un apagado tono rojizo, escogió una chaquetilla a juego y lo demás lo pondría de su propio vestuario, el cual ascendía a la ropa que tenia al llegar de la Tierra y la que le había dado la resistencia. Virginia eligió un vestido azul marino, no quería complicarse la vida y el vestido tampoco lo debía haber querido en su momento. Salvo algún motivo, como unas olas de mar dibujas por aquí y por allá, no era de lo más destacable, pero le había hecho gracia el cinturón de tela que tenia que poner para ceñirlo a la cintura.
Steven había elegido un elegante frac que le llegaba a la rodilla, pantalones negros y una camisa blanca, con algún bordado en oro. Ante tal trascendental decisión Lucas decidio no complicarse la vida e ir con ropas similares a las de su amigo, aunque le daría un toque mas desaliñado al conjunto.
Se fueron preparando poco a poco ante la observación del capitán. Su olfato le obligaba a no dejarles en ningún momento, pero fuera del palacio el ya no podría hacer nada. Estarían solos con es víbora y lo que tuviera planeado. Les hablo de que esperaran cualquier cosa del consejero, no dudaría en sacarles toda la información que pudiera e incluso les convencería de que su causa era la correcta si veía la oportunidad. Obviamente no sabia que es lo que tenia preparado, le había cogido por sorpresa y no tenia contramedida alguna. Podria pedirle ayuda a Miranda, pero eso podía empeorar las cosas pues comunicarse con ella seria complejo sin poder salir y seguro que ella también se encontraba bajo vigilancia.
El tiempo paso y unos guardias fueron a escoltar a los selladores a la casa del consejero. Estos soldados formaban parte de la guardia personal de Rais, como casi todos los que guardaban la ciudad, el palacio lo custodiaban guardias elegidos por Larissa bajo el mando del coronel Davis. Él se enorgullecía del pequeño ejército que había logrado reunir en los últimos años, aunque muchos desconfiaran de sus intenciones.
En nada llegaron a su destino. Era una casa de lo más modesta para tal personaje y desentonaba con las demás en su austeridad. Les recibió la misma sirviente que horas antes les había llevado la ropa, les dio las gracias por venir y les precedió al entrar. Dentro la cosa cambiaba radicalmente. Resultaba que la casa era una metáfora del propietario: daba la apariencia de ser sobria y noble por fuera, a quien lograba engañar, y por dentro mostraba su verdadero y retorcido carácter.
La decoración haría palpitar de júbilo al mayor artista del rococó francés. Recargado, grandilocuente, grotesco, deslumbrante…eran pocos los calificativos para tal obra de mal gusto que expresaba por si sola la mente de su diseñador. Les esperaba en las escaleras del hall, brillante con su ropa dorada.
-buenas noches, mis queridos niños-dijo y Elisabeth no pudo contener una arcada-bienvenidos a esta, mi humilde morada-esta vez la arcada la tuvo Steven.
Bajaba por las escaleras, de un mármol blanco y centelleante, con seguridad lo único regio de toda la casa.
-puedo preguntar de dónde ha sacado semejante obra-pregunto Steven señalando la escalera-pocas escaleras se ven así en mi mundo-
-oh, ¿esta poca cosa? La mandé traer pieza a pieza del ruinoso Palacio Real de Helvett. Piedra a piedra la arrancaron. No es del todo de mi gusto, pero transmite un poder colosal ¿no crees? Tú, el que esta tan interesado en el arte-
-sin duda, consejero Rais- respondió el chico.
-bueno, bueno-decía el consejero mientras bajaba- veo que vosotros conocéis mi nombre, pero yo no tengo el honor de conocer los vuestros, un lamentable efecto secundario de mi cargo-
Se acercó a los chicos, ninguno quería hablar primero, caminaba en torno a los cuatro escrutándolos con la mirada. Virginia no pudo evitar un escalofrió cuando paso por su espalda. El hombre no dudaba en recrearse en lo que veía.
-jovencita-puso las manos en los hombros de Virginia, quien fue recorrida por un respingo- ¿podrías empezar tu con las presentaciones?-
Miro a los demás y estos le devolvieron la mirada.
-me…me llamo Virginia Pilsen, señor-dijo temblorosa-es un honor poder estar aquí, en su hogar y pasar esta…velada-
Respiro aliviada cuando se fue de su espalda. Su porte no era suficiente como para intimidar o impresionar a nadie, y sin embargo, transmitía cierta aura de poder que no dudaba en demostrar a los demás. Como, por ejemplo, tomarse todas las libertades que quisiera con aquellos que consideraba inferiores, los cuales ascendían comparativamente a la población entera de un pequeño país que se dedicara con toda parsimonia y tranquilidad a la cría de cualquier tipo de ganado para vender su carne o leche.
-vosotros dos…-se refirió a Lucas y Steven, a estos ni se les arrimo.
-mi nombre es Steven Linberg, señoria. Como mis amigos aquí presentes, vengo de un lugar llamado la Tierra y…-
-esos detalles no me son interesantes, joven. El Oráculo se encargó bien de difundir a los cuatro vientos que no seríais de Ati´un, vuestro cometido y esas supercherías que se dedica a graznar. No es mas que una vieja con delirios. Tú-señaló a Lucas por la espalda.
-Lucas Ingram, señor Rais. Un placer conocerle al fin-
Quedaba Elisabeth. Los tres la miraron al unísono cuando el consejero se acercó a ella y la vieron sumamente tranquila. Firme en su sitio al lado de Lucas y con la mirada al frente, parecía un tanto abstraída. Le miro de reojo cuando se situó a su espalda, Virginia se esperaba lo peor.
-solo quedas tú…-puso sus manos sobre los hombros, al igual que había hecho anteriormente y acerco su cara al cuello de la chica-¿Cómo he de dirigirme a ti?-termino por susurrarle.
Los chicos permanecían en tensión y esta podía cortarse con cualquier cosa que tuviera un mínimo de filo. Sabían de su temperamento, habían visto la osadía de aquel tipo y nadie apostaba por dormir en su cama esa noche, ni las siguientes. Visiones de todo tipo asaltaban sus mentes: puñetazos, un grito desgarrador seguido de un puñetazo, un bofetón, mordiscos…y la cosa podría empeorar si había ensañamiento.
-su excelencia-empezó la chica sin inmutarse-mi nombre es Elisabeth Zaragoza. Le doy las gracias por invitarnos a su bello palacete, sin duda tiene usted un buen gusto, digno de un rey. Por otro lado, le pido disculpas por los altercados de esta mañana, no era mi intención y estoy totalmente arrepentida si he causado molestias-se giro realizando una reverencia. Con eso se alejó de las manos de Rais que ya bajaban por la cintura.
-no me esperaba tanta educación-dijo realmente sorprendido-no te preocupes, vuestros desaguisados no son nada comparado con gobernar un reino. Sentiros como en vuestra casa pues. Marion os acompañará en todo momento-
La sirviente apareció como por ensalmo al lado de su señor. Con una reverencia se acercó a los chicos, mas calmados tras las presentaciones, y  les señalo cortésmente una habitación situada a la derecha.
-si hacen el favor, síganme al Salón Rojo. Allí dispondremos la cena. Les ruego que disculpen al señor, ha de atender otros asuntos y en breves volverá a honrarles con su presencia-su voz era suave y melodiosa.
La seguían a unos pasos de distancia, en grupo.
-lo has hecho bien, Eli-dijo Virginia-ese tío no es mas que un pulpo-
-nada del otro mundo, Velvet-dijo Elisabeth-sabes que ya estoy acostumbrada a estos tratos. Le iba a pegar un buen castañazo, pero creo que no era un buen momento-
-gracias al cielo-intervino Steven-me imaginaba que hoy dormiríamos en la mazmorra del palacio, Lis, si es que tienen-
-ya esta otra vez-dijo Elisabeth a Virginia una vez que el chico se alejó.
-sigo sin entender por qué te molesta. Es muy bueno con todos ¿tendría que no serlo contigo? ¿Prefieres que se comporte como Lucas? Tan solo es amable, todos estamos en el mismo lio, Eli. Deja de darle vueltas-
-no se. Es un tipo raro. Unas veces es distante y frio, como si no quisiera a nadie cerca. Otras…es cercano y cálido, pero sin ser interesado ¿Por qué?-
-¿tanto temes acabar sintiendo algo por él?-susurro Virginia-porque es lo mejor con lo que te has cruzado-
-¿él ha dicho algo?-
-por lo menos a mi no, y eso que hablo mucho con él. No hace ningún comentario que indique nada en ese sentido. ¿Quieres que intente sonsacarle algo?-
-no hace falta, tampoco me interesa-
-está bien-dijo Virginia encogiéndose de hombros.
Por su lado, Lucas, contemplaba aquella grotesquidad crónica que parecía ser el palacete de Rais. No entendía mucho de arte, en las clases de dicha materia dormía o hacia los deberes de otra asignatura, pero aun así le parecía horroroso. Él la decoraría de otras maneras menos llamativas y deformes. Caminaba detrás de Marion, alejado un poco de los demás. Pensaba en lo a gusto que estaría en su casa, en la Tierra, como echaba de menos su casa. Sin Dione. Al día siguiente todos podrían descansar, no entrenarían por aquello de tener un poco de respeto hacia aquellos que han sido invitados a una fiesta. Ella no hacia excepciones por nada. Así que rezaba, a quien le escuchara, para que el vejestorio se diera prisa en decir lo que tuviera que decir.
El Salón Rojo era toda una cacofonía colorida. La habitación en si era de lo más normal: un mero rectángulo con dos puertas en un lado largo y unas ventanas en el otro. Hasta ahí todo bien. La geometría era bien conocida por todos. El techo tenía en sus extremos molduras de yeso, recargadas a mas no poder, y el centro una enorme lámpara de araña iluminando todo el lugar. Ahora bien ¿Por qué todo era de color rojo? Se preguntaron todos a la vez.
Durante un instante se creyeron en la habitación prohibida del castillo de Barba Azul, pero no había cadáveres de mujeres, al menos a simple vista, salvo una planta bebedora de te disecada. Rais era malvado, muy malvado.
Rara vez los sentidos logran sobrecargarse, en esos casos se produce el Síndrome de Stendal, aunque en este caso sus cerebros estaban apunto de declarar una huelga en contra del maltrato sensorial mas que por la perfección del lugar era por el color rojo.
Ese hombre era retorcido y de gustos exagerados. El techo, las alfombras del suelo, las cortinas de las ventanas, los muebles, las estatuas (salvo la planta bebedora de te que era verde y parecía indignada) y en general todo era rojo. Una maldita y dichosa convención del color rojo parecía aquello. Y en medio de todo estaba Marion con su camisa blanca y falda negra. Ella sonreía y para nada parecía desorientada. Mas las opiniones de los cuatro selladores no tardaron en oírse.
-¡¡puto demente!!-grito Lucas cayendo al suelo y golpeándolo con las manos repetidas veces - ¡lo has estropeado todo…! Maldigo el arte, la pintura al oleo, al fresco y al acuarela. Todo antes era hermosa y ahora…ahora…-acabo en el suelo llorando en posición fetal tratando de capear el temporal.
-joder…-dijo Steven entre espasmos y justo antes de que una espuma blanca brota su boca, desencajada, y cayera al suelo.
Virginia tan solo corría desaforadamente por la habitación demostrando una capacidad de navegación digna de una abeja, pues, un mueble no se diferenciaba de otro igual. Salvo la planta bebedora de te. También gritaba como si tuviera un avispero en el cerebro.
Elisabeth se mantenía en pie.
De brazos cruzados.
Mirada al frente, hacia Marion.
A si misma se decía:
-no dejes de mirarla, no dejes de mirarla. Si dejas de mirarla acabaras como los demás. Concéntrate en ella, se ella…hey, ¿Qué es eso rojo?-
Y cayó a plomo al suelo.

Un grupo de criadas, de las muchas bajo la gobernación de Rais, se dedicaban a prepararle para la cena. Realmente no le importaba demasiado, pero había que mantener las apariencias, los electores sabían que podrían contar de él por ahí. Nada que ya no se supiera.
-oh, tú otra vez-le dijo a Montgomery, quien entraba en la habitación manchando las alfombras con el barro de sus botas-¿Dónde has estado estas ultimas horas? Marion creyó que te habían descubierto…en aquello que te hayan encomendado-
-tu esclava se equivoca, Josef Rais-dijo el norteño con extraño acento-aun no he terminado mi misión-
-una verdadera lastima. En cuanto a esa afirmación de que tenga esclavos…-
-no vengo a hablar acerca de vuestras costumbres ¿están aquí esos selladores?-
-si, esa chusma llego hace una media hora. Les estoy haciendo esperar un rato prudencial, puro protocolo-
-sin duda. Recuerde sus órdenes: hágales confiar en usted. Por lo demás ¿alguna novedad de su líder, Larissa?-
-esta tarde ha llegado un emisario suyo. Informó de que llegará pasado mañana ¿cambia eso de alguna manera tus misteriosos planes?-
-quizás si, quizás no-dijo tan solo el norteño-no les haga esperar, Josef Rais, cualquier fallo por su parte tendrá consecuencias, y no hace falta decirle lo negativas que pueden llegar a ser-
-cada vez me cae peor-dijo una vez se fue-¿un soldado dándome ordenes? Acabará mal a su debido tiempo. Ahora atenderé a esos críos-

Segundos después se encaminaba a la entrada del salón. Mientras bajaba había visto todas las huellas que había dejado Montgomery y dio la orden de que fueran limpiadas de inmediato. Al entrar vio a Marion levantando a Lucas y ayudándolo a sentarse en su correspondiente silla. Nunca entendía el por qué de los desmayos, gritos, indignación y algún que otro suicidio ritual, de aquellos que entraban por primera vez en su querido salón. Lo había diseñado él, en una noche de insomnio llena de inspiración. Le encantaba el rojo.
-veo que os encanta este cuarto-dijo tras sentarse presidiendo la mesa.
No hubo respuesta. Cada uno sufría los efectos secundarios de una sobre exposición al mal gusto mas extremo y no estaban para la buena educación, ni las cenas de ricachones, ni para jugar al pin pon, como le decía el duendecillo violeta que solo podía ver Virginia y que le había ayudado a acabar con las avispas de su cerebro.
-la comida esta lista-anuncio Marion y un ejercito de criadas dispuso los alimentos ante una febril celebración de los comensales.
Tardaron un rato en tratar de probar bocado. El consejero, por su parte, le incaba el diente, con toda la refinada técnica de un hombre de bien, y les miraba de hito en hito.
-tranquilos no están envenenadas, comed-dijo en tono jovial tratando de romper el hielo.
-gracias por esta velada-dijo Steven, parecía casi recuperado- ¿sabe? Me interesa mucho la historia de este reino, es mi oficio en mi mundo, y creo que tener la oportunidad de conocer a una figura como usted es innegable-
-vaya, ¿una persona interesada en el pasado? Es una afición rara y aburrida, pero ¿Qué interés podría suscitar alguien como yo?-
-¡menuda pregunta!-fingió sorpresa el chico-vera, consejero Rais, todo gobernante es importante en el devenir de la historia, todos dejan su impronta. La oportunidad a la que antes me refería, era simplemente la de ver la historia viva ¿comprende?-
-creo que si…-
-es decir, usted es quien la escribe en estos momentos. Su gobierno es pleno y fuerte, me atrevería a decir que muy por encima del de Larissa. Ve a dónde quiero ir a parar-miro fijamente al anciano que estaba a su derecha.
-empiezo a entreverlo, pero no estaría mal que me iluminara el camino un poco-
-por supuesto, excelencia. Lo explicare con una metáfora: en el mar hay cientos de peces, miles de variedades y formas. La naturaleza les dota de todo tipo de defensas ante la adversidad: unos son rápidos, otros esquivos y escurridizos. Unos pocos zafios y mezquinos que se esconden a la hora de cazar a su presa. Pero, en reglas generales, ninguno escapa al principio básico de que el grande siempre se comerá el chico, aunque para ello muera en el intento-
-¿insinúas que… pretendo suplantar a Larissa?-
-¿solo se conformará con eso? Salduvia tiene un gran potencial que no esta del todo explotado-
-la magia no nos podrá ayudar en todo, jovencito. Hay poderes muy superiores-
-no lo dudo, no lo dudo…-decía saboreando un trozo de carne- pero no le imagino acatando ordenes de otro que no sea usted mismo. En mi mundo hubo un periodo histórico bien caracterizado por esta frase: el Estado soy yo. Me refiero a que en esa época los monarcas no respondían ante nadie, solo ante ellos. ¿Busca usted eso?-
-¿y si no respondiera ante nadie?-
-entonces no lanzaría esa pregunta ni nos trataría de esta manera, que no es mala ni mucho menos, pero tarda en exponer su precio. ¿Supongo bien al creer que intuyó que Sraz nos contaría sus intenciones?-
-eres demasiado perspicaz para tu edad. Sabía muy bien lo que haría y por eso le conté que entregaría gustoso Salduvia a los norteños-
-una grandiosa muestra de poder y dominio de la situación. Pero, hay algo que no me encaja en todo esto-
Los demás a estas alturas de la conversación ya se habían perdido o no habían atendido desde el principio centrándose en no dejar de mirar más allá del mantel blanco de la mesa.
-¿de que se trata?-
-¿Cómo encajamos nosotros en todo esto? Vera, nos llevan diciendo desde que llegamos que podríamos ser poderosos y hacer grandes cosas, pero nadie se atreve a usarnos. ¿Eso es lo que quiere usted o nos incluye en la oferta a la Confederación?-
-podríamos cooperar. Os ayudaría en la búsqueda de las esferas y a desarrollar todo vuestro potencial. Yo puedo daros todos los recursos que estén en mi mano, si es lo que queréis, claro ¿Tan solo he de ofrecer una cantidad, entonces?-
-¿puedo negociarlo yo, Steven?-intervino Lucas.
Eso cogió desprevenido al chico de pelo negro, que no dudo en fulminar con la mirada a su compañero. Había llevado la voz cantante en toda la charla, estaba consiguiendo resultados sin muchos esfuerzos y de pronto Lucas quería jugar también. No intuía que podría llegar a hacer, cosa que le asustaba, nunca daba muestras de interesarse por nada que no fueran las mujeres o la contemplación de la nada. Por otro lado quería ver hacia donde llevaría la conversación. Solo suponía que no seria lo suficientemente estúpido como para ir contra el grupo.
-claro-dijo al fin el chico.
-bien-dijo Lucas fijándose en Rais, quien estaba un tanto desconfiado-para empezar quiero saber hasta donde esta dispuesto a llegar. Ambos debemos guardarnos las espaldas y Sraz nos ha hablado muy mal de usted-
-no esperaba menos de él, alejarlo de aquí no fue suficiente…no obstante si gozo de vuestro apoyo en los acontecimientos futuros tendréis prácticamente todo lo que yo consiga-
-así que futuros acontecimientos ¿eh? Usted sabe mucho más de lo que nos da a entender. Veamos, nosotros sabemos que quiere entregar Salduvia, lo comento antes, entonces su posición esta blindada. Pero nosotros entramos en escena después de que llegara a ese trato y eso nos de en una mala situación-
-ya os he dicho que puedo ayudaros si queréis-
-aun no he terminado mi exposición-dijo con autoridad el tontito-por lo que usted iba diciendo, supongo que los norteños tienen trato directo con usted y obedece como un mandado-
-¡eso es…-dijo Rais levantándose airado.
-vaya, eso es un pleno. Pero siéntese hombre, siéntese. Nadie le acusa de nada, cálmese- el consejero no pudo evitar hacerlo-verá, si está dispuesto a todo, es que no le gusta que le mangoneen, créeme te entiendo he estado en esa situación. ¿Le importa un trato más informal? Ahora que vamos a cooperar-
-por supuesto-
-excelente. Con nosotros cuatro podrá hacer frente, eventualmente, tanto al Dominio, como a los norteños e incluso a la  Resistencia. Ayúdanos como dices y podríamos funcionar como agentes suyos. Podríamos decirle que planea Sraz o cualquier miembro que no este de acuerdo contigo-
-Lucas…-dijo Steven a fin de pararle, se estaba excediendo. Su compañero extendió una mano hacia el para que no interrumpiera mientras seguía mirando fijamente a Rais.
-lucharemos en tu nombre con cuatro esferas, nada te parara y nosotros estaremos protegidos hasta ese momento tanto por ti como por el capi-
-si…-
-ahora bien ¿Qué es lo que queremos nosotros? Para empezar un alojamiento propio, así estaremos alejados del palacio y cercanos ti. Pero también debes ser franco con nosotros y mantenernos al tanto de lo que ocurra ¿vale?-finalizó con una sonrisa el chico.
-no me parece un mal trato. Me estas prometiendo la mayor recompensa posible, chico, ¡y por una nimiedad!-no pudo contener una carcajada-dominar todo un continente por una casa y dinero…¡¡jajajajaja!!-
-bien jugado…-
-bah, tú lo has hecho prácticamente todo Steve, solo le di la puntilla-
La velada transcurrió sin sobresalto ni nada más interesante. Tomaron el postre, ya sin el consejero, quien gozaba de un nuevo y brillante futuro a solas en su cuarto. Una vez todo acabo, no más allá de la medianoche, los guardias personales del futuro líder del mundo oprimido les acompañaron a Palacio.
-¿así que jugando a engatusar a la gente?-dijo Steven por el camino de una despejada Ravinica-nunca hubiera imaginado que llegaríamos a tal punto. En cuanto a lo de tener casa propia, lejos del capitán…-
-no te preocupes por eso, quería alejarme de Dione y como él estaba dispuesto a todo vi mi oportunidad. Iré solo para dar el pego, con cualquier escusa-
-¿no pensaras traicionarnos, pillín?-
-tío, has visto lo que he hecho y aun así ¿dudas? Que desconfiado-
-es verdad, puede que con esto le demos aire también al capitán, para distraer a Rais y así dejarle hacer lo que tenga que hacer-
-claro. Lo que no se es si ellas presenciaron mi gran momento-
Elisabeth y Virginia eran llevadas a hombros por dos fornidos guardias, el choque del salón, la comida y un poco de cansancio las habían dejado fuera de combate. Al poco rato todos descansaban en sus habitaciones de un día un tano movidito.

Al día siguiente Elisabeth se levanto temprano, algo extraño pues tenía el día libre. Eso no le importaba, había cosas que hacer y un Henry mas que dispuesto a cumplir con su cometido. Se lo encontró de camino a la biblioteca. Él le se intereso por la cena de la noche anterior, mas poco pudo contar que no fuera el gran mareo al que se vio sometida y que había amanecido sin resaca, cosa que era buena ya que eso indicaba que el salón no pasaba factura.
El chico, con toda amabilidad, empezó a relatar lo escrito por Meridia Brahe en sus libros. Le hablo durante algo mas de una hora de las propiedades de la magia, las aptitudes, unas cuantas hipótesis del origen de la magia y muy poco de las esferas.  Realmente tocaba el tema de manera muy leve. Contaba lo que todo el mundo sabia: que si eran la fuente de la magia, que tenían gran poder… pero nada de como encontrarlas o algo que se saliera de lo normal. Salvo que quizás tuvieran el poder de elegir a su portador. Tampoco mentaba nada de los selladores. Henry leía tan rápido que en nada leyó el primer libro y al empezar el segundo hizo de aparición Steven.
-¿en pie ya? Todo un logro para ti-
-dejame en paz-replico la chica-no logramos encontrar gran cosa en estos libros, nada nuevo de las esferas-
-ya te dije que todo lo que sabemos provienes de estos libros. Me los se como la palma de mi mano-decia Henry-creemos que escribió mas libros, muchos mas, pero se perdieron en Helvett-
-vaya…-
-lo lamento, Eli. Si me disculpáis, tengo asuntos que tratar-
Cuando se fue, Steven se sentó al lado de Elisabeth.
-¿tanto te interesan las esferas y esa tal Meridia?-
-claro, lo raro es que a vosotros no. Sin saber que nos podría pasar al tener una, es de locos querer encontrarla. ¡Es verdad! ¿Todo fue bien anoche? Ese maldito salón…-
-por supuesto, logramos un buen trato-
-¿si?-
-ahora tenemos casa propia y el apoyo de Rais. Cosa bastante interesante, aunque le tendremos que mentir acerca de lo que hace y deja de hacer el capitán-
-¿Qué…?no entiendo nada-
-cuando veas a Lucas pregúntale, él lo hizo casi todo-
-eso no me lo creo, ni aunque pudiera. ¿Él haciendo algo? No lo creeré hasta que me lo diga ante notario. En fin, voy a ver como esta Virginia después de lo de ayer-
Se despidió del chico y justo cuando se iba este grito:
-¡espera!-la chica se detuvo en el marco de la puerta-¿en serio quieres información de las esferas? Teniendo todo el día libre podría estar aquí con…no se…Henry si puede o Dione, el capitán incluso-
-no estaría mal-dijo sonriendo la chica.
-bien, entonces procurare encontrar todo lo que pueda sobre ellas y Meridia-
Se despidieron sin mucho más. Elisabeth iba sonriendo por los infinitos pasillos y patios del palacio. Parecía ser una buena mañana. No había tenido sueños raros, logro hacer algo productivo y consiguió ayuda. Nada podía ir mal, hasta que sintió ganas de vomitar.
-porras ¿aquí también tengo esos días?-corrió hacia su habitación.
Virginia no estaba, al menos no la vio al entrar y justo al hacerlo le paso el dolor por completo. Sin embargo, lo sustituyo un tremendo mareo que la hizo tambalearse hasta caer de bruces en la cama. Hasta hay todo normal. La explicación para lo de haber atravesado la cama, como si se zambullera en agua, llegar a un lugar negro con escaleras pasando a toda velocidad de aquí para allá, similares a las de Solfed y cerrar los ojos para abrirlos mirando a una ventana, no parecía ser muy obvia.
-¿Qué coño…?-
La habitación no era la suya, la ciudad, por lo que vio por la ventana, no era Ravinica. Era una habitación mas espaciosa que la suya. Con una puerta al frente, cerrada, y otra al lado derecho que estaba entreabierta. Al lado de esa puerta parecía extenderse un pasillo.
Cerca de la ventana, a la izquierda, había una cama que parecía recién usada, pues no estaba hecha. Había ropa encima y un escritorio frente al cabecero, estaba a rebosar de libros. Algunas hojas estaban tiradas por el suelo conformando un caótico mosaico.
-¿otro sueño? No…-dijo un poco aterrada y se llevo las manos al cuello-¡puedo hablar!
En eso escucho algo moverse en la habitación de la puerta entreabierta. De pronto apareció un pie, de piel morena. Subiendo había una toalla de color rosa y esta cubría el cuerpo de una mujer.







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